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2017: Annus horribilis | Por Juan Pablo Torres

Muerte, inflación, represión, y hambre. Un año de terror (Foto: Vladimir Marcano) 28/12/2017 10:00 AM

Juan Pablo Torres

Abogado venezolano. Estudioso de la historia, fue trotskista y conociendo el comunismo, se declara hoy capitalista y defensor de las libertades y amante de la democracia. En twitter es @ExTrosko

Así ha sido el año que está próximo a terminar: espantoso. No podía ser menos. La inflación, considerada por tirios y troyanos, como la más alta del mundo, pues ronda un 2000% este año, nos está devastando y provocando una hambruna generalizada en todo el país. Además de las otras secuelas: cierres de centros de trabajos (tiendas, restaurantes, empresas, escuelas, oficinas, etc.); diáspora de una gran parte de la población; crisis familiares (divorcios, separaciones de los hijos, muertes por falta de medicamentos); especulación desatada (un sector de la población, los mal llamados por el gobierno “bachaqueros”-especuladores que surgen en toda situación de crisis y que no son el origen de los problemas sino una de las consecuencias- se dedica a expoliar al resto de los ciudadanos vendiéndoles productos alimenticios a precios exorbitantes); fuga de cerebros: las universidades y liceos se están quedando sin profesores, los hospitales sin médicos, la Administración Pública sin técnicos acreditados; pérdida abrumadora del poder adquisitivo de la moneda oficial (llamada en otros tiempos cínicamente “fuerte” por el régimen); escasez dantesca de productos de uso diario e imprescindibles: azúcar, papel sanitario, arroz, harina para hacer arepas, aceite de cocinar, carne, pollo, pescado, medicamentos, pan, materiales de construcción, repuestos de vehículos y pare Ud. de contar. Desde luego, que si tiene Ud. la suerte de conseguirlos, le costarán un ojo de la cara.

A todo lo anterior se agregan los problemas “menores”: 44 muertos por la represión desatada brutalmente por el régimen y sus bandas para-policiales, miles de heridos, miles de detenidos, centenares de torturados, centenares o miles de procesados de forma “Kafkiana”, corrupción desatada y asquerosa de los bienes públicos, bombardeo perpetuo y masivo de campañas embrutecedoras y de mentiras por parte del gigantesco aparato de propaganda del régimen, que se ha tomado en serio aquello de “repite una mentira 100 veces y ésta se convertirá en verdad”, implantación de un sistema de censura y autocensura en la mayoría de los medios de comunicación. Además, el régimen eliminó el Congreso que estaba dominado por la oposición, lo sustituyó por un adefesio llamado Asamblea Constituyente y los diputados de oposición se hicieron de la vista gorda o se fueron de vacaciones a “dialogar” sobre el “sexo de los ángeles” en Santo Domingo. Como colofón, el gobierno arrasó en las últimas elecciones municipales pues, la mayoría de los ciudadanos no participamos como una forma “sui generis” de protestar ante la calamitosa situación por la que estamos atravesando, provocada ésta por el grupo de fanáticos ineptos que nos gobiernan desde hace casi 19 años y ante las incoherencias políticas, cuando no de colaboración con el régimen, de los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática. A todo lo anterior, súmele Ud., que el país está quebrado: han dejado de pagar a los acreedores en diversas oportunidades, las reservas internacionales se han reducido o casi extinguido y PDVSA, también endeudada, produce cada día menos petróleo.

¿Es exagerado o mentira lo que estoy diciendo? ¡Para nada! Acá todo el mundo lo sabe, pues lo vivimos a diario. Lo conocen los ciudadanos de a pie y los partidarios del gobierno (altos y bajos), los trabajadores, los militares, los policías, los jueces, los estudiantes, los amos y amas de casa. Todo el mundo. No hay que ser un PHD en economía para describir la situación grave que estamos sufriendo, sólo hay que vivirla. Lo que sucede, es que los que mal gobiernan al país atribuyen la responsabilidad y las causas de esta crisis a factores tan rocambolescos como la “guerra económica” provocada por la derecha (sic) o al Imperio (sin especificar si es el chino, el cubano, el ruso o el yanqui, vaya Ud. saber). No obstante, todos también sabemos qué ha originado esta ruina mayúscula del país: la aplicación desde 1999, año en que llegó Chávez al poder, de una torpe y antipatriótica política que destruyó el aparato productivo nacional: fábricas, centros agropecuarios, distribuidoras de alimentos, fincas ganaderas, etcétera. A esto hay que añadir, una conducta propia de un pródigo que se dedicó durante 14 años a regalar la enorme riqueza del país producto de los altos precios del petróleo, manteniendo a otros países como Cuba, Bolivia, Nicaragua, Argentina (comprándole bonos “basura”), las islas del Caribe, etcétera o comprando chatarra militar a Rusia, haciendo malos negocios con Irán o China. Por supuesto, también estimuló la corrupción por medio del control de cambio que provocó una enorme fuga de capitales en dólares, pero enriqueció de manera grosera a unos cuantos “boliburgueses” o funcionarios del gobierno. Lo aquí afirmado, tampoco es una novedad, lo inédito es que en Venezuela las autoridades y la MUD no hablan de ello. ¿Cuál es el mejor ejemplo de esta catástrofe? ¡Odebrecht! Al parecer, la empresa de construcción brasileña corrompió a funcionarios medios y altos (incluyendo presidentes) desde América Central hasta La Patagonia, menos en Venezuela. Ja, ja,. Esto no se lo cree nadie. Todos los días pasó frente a una de tantas obras inacabadas, pero cobradas, por Odebrecht, y siento una mezcla de asco y bronca al verla.

¿Cambiará esta situación a corto plazo o en el próximo año? Es posible que me equivoque, ojalá así sea, pero no lo creo. Vale el estribillo “Churchiliano”: “Sangre, sudor y lágrimas” es lo que viene. Habrá que practicar el Estoicismo. Salud y suerte. J.P. Torres.