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A 180 grados de la chapucería revolucionaria | Por Víctor Bolívar

Para reconstruir la sociedad, hacen falta principios democráticos y contrarevolucionarios. 19/12/2017 5:00 PM

Haber llevado a Chávez al poder con la excusa de que el sistema democrático había colapsado sin siquiera haber llegado a sus cuarenta años, fue echar por tierra el atributo de la perfectibilidad consustancial a su naturaleza.

Y no es que se quiera reabrir heridas del pasado con un debate que en la práctica no nos llevaría a nada concreto en este difícil momento. Vale sí para que revisemos actitudes con miras al restablecimiento de los principios que, con sus naturales deficits, caracterizaron un periodo político en el que hubo alternancia, separación de poderes, defensa de nuestra soberanía e integridad territorial, descentralización, pluralismo político, civilismo y un mayor respeto por el Estado de derecho.

Esos principios no están reñidos con la actual Constitución, antes por el contrario se encuentran en ella consagrados, muy a pesar de aquellos gobernantes que hoy la ven como un estorbo en su afán hegemónico, autocrático, centralista, militarista, aislacionista y de entrega de nuestra soberanía.

Por si lo político no bastase como muestra de la chapucería revolucionaria, en lo económico y social este régimen es responsable de la miseria, escasez, desolación, corrupción y pobreza, entre otros males, que hoy tienen al país postrado y sin futuro.

Es preciso que en el rescate de esos principios democráticos, que caracterizaron aquel periodo de cuarenta años y se reprodujeron en el actual texto constitucional, nos aboquemos todos los venezolanos sin distinciones, en el entendido que votar en las condiciones actuales no es determinante ni suficiente, como tampoco lo es un diálogo entre sordos para cambiar hoy el rumbo de Venezuela. Se requiere autenticidad, honestidad y coraje en una lucha que materialice nuestra forma de pensar.

Por eso es impostergable que el desplazamiento conductual del país tiene que dirigirse en un sentido diametralmente opuesto, a 180 grados de esta revolución castrocomunista. Tanto como decir hacia una contrarrevolución. Ni mas ni menos