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Conatel le cobra a RCR el no quererse rendir | Por Daniel Lara Farías

19/10/2017 8:56 PM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

Estamos en tiempos de rendición. Algunas de ellas, incondicionales. La sumisión es la meta y muchos han decidido alcanzar esa meta, cueste lo que cueste y ganando lo que les toque. Un horror.

Dueños de medios han vendido al régimen, a través de testaferros, su nombre, su trabajo y su credibilidad. La lista es larga y dolorosa, vergonzosa también. Puede revisarse la lista y allí no están los empresarios dueños de Radio Caracas Radio, la emisora más antigua de Venezuela con casi 87 años a cuestas.

Pudieron ser los primeros en “salvarse” vendiéndose cuando en 2007 una operación mafiosa los despojó ilegalmente de la señal de RCTV. Son el único caso en la historia del chavismo de empresarios que, a pesar de presiones y persecuciones y amenazas y ofrecimientos económicos, dijeron que no a transar su libertad editorial, su propiedad. Otros tampoco se han vendido, pero tampoco han sido presionados. No sabemos qué harán para estar libres de presiones, ni que harían en caso de ser presionados. Quién sabe.

Con el cierre de RCTV se cerró prácticamente un capítulo entero de la historia de la televisión venezolana. No cobraron los competidores privados que creyeron que engordarían sus cuentas con anunciantes huyendo. No engordaron sus índices de audiencia. No mejoró su calidad, al contrario, hoy la tv nacional es un gigantesco basural de tonterías y farándula. Nada que ver.

Eso, obviamente hay que cobrárselo a quienes aún siguen. Hablamos de la radio, la otra división de la empresa. Ya cerraron la FM 92.9, por el capricho de un capitoste que se enamoró de la frecuencia porque sentía que allí se burlaban de él. No fue suficiente.

A RCR le cobran decir lo verdad y abrir los micrófonos para que cada quien diga su verdad. Porque la verdad es un constructo colectivo: es la que tienes tu y la que tengo yo, la que tienen Teresa Padilla o Alegría González o Mary desde España o Luis Cruz desde Baruta o María Politano desde Catia, cuando llaman a los programas a decir su parte de verdad. Es la que tienen Diego Bautista Urbaneja o Pedro García Otero o Chuo Torrealba o María Corina Machado o Julio Borges o los entrevistados de María Alejandra Trujillo. Es la verdad construida con voces, no con miedo ni amenazas. Es una construcción colectiva a través de criterios y posiciones. Es, en definitiva, un ejercicio de libertad, compartida y constructiva.

Eso es demasiado.

Es demasiado para un régimen que no puede pelear contra la verdad. Es un peligro para un régimen que no puede permitirse que en una emisora como RCR cientos de personas llamen para pedir al aire medicamentos que no consiguen, quejarse porque no hay pan, no hay comida, no hay seguridad.

La verdad es la negación del comunismo. Es eso lo que le cobran a RCR. La incompatibilidad es manifiesta.

Hasta ahora, solo una amenaza. Pero hay que recordar varias cosas:

A Iván Ballesteros le abrieron un procedimiento administrativo por su programa “Plomo Parejo” trasmitido en esta emisora. No se esperó el fin del procedimiento ni los alegatos de defensa para sacarlo del aire, para nunca más volver.

A Nitu Pérez Osuna se le sacó del aire su programa “Entre tu y yo” trasmitido en esta emisora, con la apertura de un procedimiento, sin esperar la finalización del mismo para ordenar el cierre del programa.

Hoy, 19 de octubre de 2017, a las 4:23 de la tarde, funcionarios de Conatel entregaron una notificación en las instalaciones de la emisora. Dicha comunicación, notificaba la apertura de un procedimiento administrativo contra la emisora, por, supuestamente, no trasmitir la cadena donde se hizo el lanzamiento del satélite “Sucre”. No me corresponde a mi dar alegatos sobre esa acusación. Lo que sí puedo decir, es que la incompatibilidad entre el ejercicio de la libertad de expresión de RCR y el régimen que nos agobia, es una preocupación constante en quienes desde los micrófonos de la emisora, hacemos lo que se nos permite: hablar con libertad.

Y en estos tiempos de rendición de tantos, de complicidad manifiesta y de abierta coparticipación de otros, nada de extraño tendría que el ejercicio de la construcción de verdades colectivas que se hace en RCR sea una amenaza para esa falsa oposición y esos falsos ciudadanos que la sustentan. Porque la verdad, es amenaza para todo el que necesita de las mentiras para resguardar su indignidad.

Una última verdad: seguiremos desde donde sea, a pesar de todo y de todos.