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Cuando arreglan el otro cono o mutationem faciunt Cunnus | Por Daniel Lahoud

Foto de Cristian Hernández @fortunecris 30/03/2018 5:59 AM

Daniel Lahoud

Economista con especialidad en economía empresarial, Magíster en Historia de Venezuela, en Economía Empresarial y Doctor en Historia. Profesor en la UCAB, UCV y UCAT.

El lenguaje es fundamental en las relaciones humanas. Dentro de su importancia es más importante lo que no se dice que aquello que se dice. Porque vivimos en una sociedad muy supersticiosa, que consulta brujos, astrólogos, economistas y otras formas de adivinación del futuro. Aunque normalmente sus porcentajes de fracaso sean impresionantemente elevados.

Esta sociedad vivió ya una reforma de cono, que llamaron el bolívar fuerte, e incluso escribí un artículo para el blog anterior que llamé dos lochas, (http://temasdefinanzas.blogspot.com/2010/06/dos-lochas.html) burlándome del romanticismo de Chávez al mandar a acuñar una moneda de 0,125. Ahora la gente se pregunta y cómo vamos a pagar la gasolina, dado que un tanque cuesta llenarlo Bs. 200 y eso significaría en el nuevo cono Bs. 0,20 “sin vergüenza” y así lo vamos a llamar, soberanas eran las monedas de plata y oro. Eso no tiene vergüenza. Bueno no van a hacer falta, porque la inflación va a ocupar las gasolineras también y el precio se ajustará. Eso no se lo dicen.

Es que nadie dice lo que hay que hacer que es ajustar las cuentas fiscales. Y ahí también empieza todo un mundo de señas y símbolos, porque depende de qué piense usted. Si usted es autoritario como este gobierno, le interesa que el gobierno sobreviva y no importa lo que ocurra con el resto. Si usted es “socialista moderado” como los de la oposición le interesa que el gobierno sobreviva y tampoco importa lo que ocurra con el resto. ¿qué? ¿son iguales? Pues sí, lo único distinto es cómo se comportan con respecto al poder. Los primeros lo quieren para ellos solos, los segundos serían capaces de compartirlo y lo demuestran en su frente amplio, que más bien deberíamos llamar “amplias posaderas” porque lo que quieren es sentarse y compartir la silla entre todos, que usted y yo paguemos la silla, la comodidad y además les DEMOS las GRACIAS por no hacer nada por nosotros y que les paguemos la cuenta. A eso es a lo que llaman Democracia.

El método es sencillo, van a tener que pagar mucho impuesto, fundamentalmente porque no les importa los demás, les importa el gobierno. Si fuesen liberales, es decir aquellos de los que todos hablan mal. Harían una reforma reduciendo el gasto público y dejando espacio al sector privado para que crezca, eso significa que el liberalismo reduciría gasto público e impuestos para que haya más inversión y se cobre más impuestos pero bajando la tasa de los impuestos y provocando el crecimiento.

En la reforma en ciernes, tenemos al gobierno que quiere sacarle hasta la última gota de sangre a todo individuo que camine, o ande en silla de ruedas, la oposición que piensa volver al pasado abriendo espacios para la inversión, pero no reducir ni el gasto, ni los impuestos porque cree que va a haber mayor crecimiento y van a tener mucho más ingresos para mantener la misma estructura de ineficiencia que han provocado desde 1973 hasta hoy. Por eso, no se preocupen por el nuevo cono, si sale en junio, ya para agosto se requerirá otro nuevo cono, porque el que emitan dejará de ser efectivo en menos de 60 días.

Sobrarán los que digan en ese entonces, te fijas es que el gobierno tiene planificada la destrucción, pues no. Es sólo incapacidad, falta de sensatez y mucho mercadeo. Pero como dijo una vez Mises la publicidad de un producto malo es inútil porque la gente pronto descubre que es falsa y los empresarios que se metieron en ese negocio perderían la inversión y la publicidad. Sin embargo, resulta que el único producto que puede seguir publicitándose a pesar de su ineficiencia es el gobierno. Tienen años fracasando y la gente, no sabemos por qué, sigue dándoles oportunidades, cuando realmente nunca van a tener éxito, hay un elemento aquí, el gobierno siempre nos dirá que él hizo lo que tenía que hacer y que las fuerzas conspirativas (que no existen) provocaron el fracaso. El fracaso vive en la ineficiente realidad del político, por eso siempre fracasarán, pero son buenos en mercadeo y dicen con mucha credibilidad que ellos tenían buena voluntad y mayormente les creen. Lástima. Pero cuando se reforman, ¡cunnus!