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Darwinismo Subordinado | Por Edwin Ríos

05/03/2018 10:51 AM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

Predicar una cosa, pero vivir todo lo contrario, sin una gota de vergüenza; eso se llama hipocresía y pienso que en Venezuela se vive un reino unificado de la hipocresía. Es que cuando no existe ese elemento predominante que mantenga a una nación firme, sin dudas, esa nación se desmorona. Debe haber algo que la mantenga de pie, aunque sea con el mortero del mismo chicle que mascan las bocas llenas de esa hipocresía. Es una elasticidad de la cual podemos huir, pensando que la Torre de Babel se desploma en cualquier momento, como un juego de Jenga, dejando a las piezas que no huyeron a la merced del derrumbe. Pero hay que preguntar si en verdad puede estar ocurriendo todo lo contrario. Hay que preguntar si los que huyen son los que no aceptan la hipocresía, mientras que los que se quedan atrás están construyendo un reino sólido, basado en ella.

Aquellas lecciones tempranas de Darwin nos dejaron pensando que en el mundo natural hay reglas inescapables de depuración. Somos el resultado del ambiente en que vivimos, y debemos adaptarnos a ese ambiente para sobrevivir. Claro, Darwin demostró que esas adaptaciones son muy lentas, pero muy claras para un gran observador. Ocurren en el transcurso infinito de los años, donde nuestro propio código genético es alterado para vivir en armonía con la burbuja de recursos que nos rodea. Desafortunadamente aquellas especies que no se adapten, o aquellas que viven en un ambiente que tuvo un cambio demasiado repentino, o aquellas que no tenían el espacio para trasladarse a otro ambiente que no fuese tan hostil; todas esas especies simplemente están destinadas a desaparecer.

De manera que algunas especies desaparecen, mientras otras sufren transformaciones lentas que les permiten sobrevivir a la par con los cambios u hostilidades del ambiente donde viven. Algunas se trasplantan a otros ambientes, y otras, por la suerte fatídica de un insularismo galapagueño, no tienen más opción que morir. Pero esa suerte no ocurre con la punta de un cañón, o con la suerte de una hambruna política, o con un bloqueo de medicinas impuesto por el estado. Transformaciones que también son fatídicas, pero que recaen fuera de la instancia de la naturaleza.

Lo curioso es que la transformación políticamente forjada del ambiente se logra debido a la hipocresía. Para la humanidad existe una clase de pobres, mientras que para el chavismo existen dos. Y para ellos el pobre más valioso es el que tiene en carnet de la patria, porque esos pobres tienen que apoyar al gobierno para sobrevivir. Obviamente, la hipocresía consiste en hablar de socialismo como un sistema de igualdades, cuando este sistema infunde diferencias aun entre los más pobres. De manera que la igualdad de Maduro no es un concepto incluyente, sino un fenómeno de exterminio calculado, utilizando a la hipocresía como manera de alterar el ambiente y los recursos a su favor. Cuando se manipulan las reglas de la naturaleza, con una actitud de mosquita muerta, con eso de que yo no soy, y con eso de que yo no fui, se produce entonces un genocidio de corriente Darwinista. Este tipo de exterminio ocurre a corto plazo, utilizando a un ambiente hostil, pero haciéndose eco de aquella mano galáctica que mece a la cuna, y que es completamente inocente.

Eso es otra hipocresía que tiene logros importantes para el despotismo, porque nos obliga a definir, una vez más, el concepto del arma nuclear del pobre. Yo soy de los que opina que la guerra fría nunca terminó. Una vez se dijo que para crear un arma nuclear económica y ágil, lo único que hacía falta era tomar material radioactivo y utilizar un modo de dispersión, que no necesariamente tenía que ser explosivo. De ese modo nació ese mismo concepto del arma nuclear del pobre. Yo creo que la guerra fría nunca dejó de existir y, en efecto, con el concepto del arma nuclear del pobre, lo que hicimos fue expandirla con otras posibilidades de exterminio que podían ser más eficientes. Y esa eficiencia ha ido aumentando dejando claro que lo importante es el exterminio, y no la mecha (la explosión termonuclear), ni el material (el efecto radioactivo que persiste). De manera que lo que se ha creado es una especie de bomba molotov de exterminio, y los socialistas del siglo XXI se han dado cuenta que los conceptos de Darwin son los más apropiados para crear a esta bomba nuclear seca y silenciosa.

Tenemos que recordar la regla sagrada de la película El Planeta de los Simios, que dice: un simio no mata a otro simio. Esta es la regla que utiliza Maduro para definir el marco de las especies, cuando él aplica los conceptos de Darwin. O sea, Maduro es el único que puede definir en qué consiste ser un socialista. Pero en su hipocresía infinita, él hace uso de la imagen de Chávez para decir que esas definiciones son del profeta originario que viajó a Cuba para descubrir de nuevo al socialismo, tanto así como Juan Ponce de León viajó desde Puerto Rico a la Florida, buscando a la fuente de la juventud. La hipocresía consiste en afirmar que Chávez sí encontró una especie de pila bautismal que resolvería, de una vez por todas, todas las calamidades de la pobreza.

De manera que si tú tienes el carnet de la patria, y actúas de acuerdo al juramento de un socialista genuino, entonces perteneces a la especie nueva del simio privilegiado. Eso te da el derecho a matar a los humanos sin mayores consecuencias; a esos retrógrados que no han tenido una evolución consciente hacia el chavismo. Eres parte de una especie nueva, que no le da lugar a ninguna otra especie para que le diga cómo es la realidad en que se vive. Nosotros los seres humanos entonces quedamos rezagados como una especie menor, menos dignos que las mascotas que le lamen los pies a los socialistas. Esa diferencia de “especie” es la que aparentemente le da derechos a Maduro a fortalecer su reino, debido a su biología políticamente superior. Claro, si ese reino se sostiene es porque los pobres se han prestado para validar a la tiranía. Pero tampoco hay líderes que luchen de manera efectiva en contra de ella, en su propio afán por sobrevivir. Con la hipocresía no se puede combatir solamente con los dientes hacia afuera. Si hasta ahora esto no está claro en tu mente, entonces tú también sostienes al sistema con tu propia hipocresía.

Lo curioso es que este concepto del Darwinismo subordinado está por todos lados. En Hollywood existe un movimiento femenino que se queja por el abuso sexual que ha ocurrido por muchos años en esa industria. Hoy vi una entrevista donde una actriz afirmaba que protestaba porque las mujeres son su tribu. Yo creía que la tribu es aquel grupo de cual uno depende de manera extraordinaria para sobrevivir. ¿Esa actriz sobrevivió sólo por el efecto del apoyo femenino todos estos años? ¡Hipócritas!

Es más, me atrevo a decir que la única razón por la que se quejan ahora, es porque los gerentes de la industria del cine ya no son tan manipulables con el sexo, como lo eran antes. Supongo que esos gerentes ahora piden demasiado y se creen dioses, infalibles, simios perfectos que superan a los seres humanos en su moral y en su conciencia. Gerentes que se han convertido en especies nuevas, libre de pecados, e incapaces de ser extorsionados por su “pureza”. Ese fue el cambio Darwiniano que causó el revuelo femenino en Hollywood. Pero ese revuelo hipócrita quiere ser visto como una revolución de las masas, que incluye a muchos hombres que, si no participaron del delito, por lo menos se hicieron tan ignorantes como ellas, en admitir que existía.

Esa misma hipocresía del sexo es la que uno cuestiona cuando el año pasado la película Moonlight ganó el oscar; pero, cuando se hizo el anuncio oficial, el sobre ganador tenía el nombre de otra película. O sea, se hizo la mención a la película equivocada, cuando debió haber sido Moonlight la que recibía el premio. No podemos olvidar que Moonlight trata el tema de homosexualidad entre negros. ¿Pudo haber sido esto una señal de una rebelión interna?

Y este año tenemos a otra película llamada The Shape of Water, que explora el tema del sexo entre las especies. Yo todavía estoy esperando el efecto de la catarsis con esta película. La criatura anfibia, en mi mente, fue un chupacabras desde el principio hasta el final. Sin embargo, entiendo que es una de las películas que más nominaciones tuvo este año. O sea, que por un lado Hollywood quiere hacerse sensitivo con la lucha de las mujeres sexualmente hostigadas, pero por otro lado no le importa la falta de sensibilidad que puede estar proyectando con el sexo hacia el público en general.

Al sexo entre las especies se conoce como bestialismo. Es el mismo efecto de poder hacer con otra especie lo que nos plazca, y sin consecuencias mayores. Bueno, por lo menos podemos decir que el arte ha cumplido su misión. El arte ha imitado a la realidad, pero lo ha hecho sin deslindarse de la necesidad de promover a esa misma bestialidad.

Una hipocresía que debe enorgullecer a Nicolás Maduro.