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Dos lecturas acerca del establecimiento de un Nuevo Origen en Venezuela: Hannah Arendt Y Antonio Negri | Por Edgar E. Blanco Carrero

21/09/2017 11:08 AM

En la rebelión venezolana que se inició a finales de marzo de 2017 la palabra que más escuche fue ‘libertad’: Liberase de la opresión, liberar a los presos políticos, restituir el orden que había sido roto, determinar responsabilidades y constituir una república ordenada. Estas palabras dentro del pensamiento de Hannah Arendt corresponden a las pronunciadas en el origen de un proceso revolucionario. La paradoja es que en Venezuela se produjo dentro de un proceso político llamado ‘revolucionario’ que tiene como paradigmas a los procesos políticos ruso y cubano y además está siendo soportado por una imagen de la política del pasado que busca preservar al menos cuotas de poder. Por ello vamos a examinar el concepto de revolución de Hannah Arendt, en segundo lugar, vamos a analizar la posición de uno de sus críticos, específicamente, Antonio Negri por su visión de la revolución entendida como proceso constituyente y finalmente, consideraremos la posibilidad de que se produzca en el país un nuevo comienzo desde la perspectiva arendtiana. El objetivo final es reflexionar acerca de la situación política venezolana actual a la luz del pensamiento de estos dos autores contemporáneos para determinar las condiciones de posibilidad de establecer un nuevo origen en Venezuela que siente las bases de una república bien ordenada.

El concepto de revolución en Hannah Arendt.

En la obra Sobre la Revolución la autora examinó cinco aspectos que le han permitido comprender dicho fenómeno. Estos son: el significado de la revolución, la cuestión social, la búsqueda de la felicidad como fin del proceso político, la fundación de una nueva comunidad política y, finalmente, la tradición revolucionaria y su tesoro perdido. Vamos a describir a continuación de forma sucinta todos estos aspectos.

Después de haber analizado el surgimiento del totalitarismo Arendt observó que se había abandonado la única causa que había determinado desde el comienzo de la historia la propia existencia de la política, es decir, la lucha contra la tiranía (2006:11). Dentro de este marco circunscribe la revolución, un acontecimiento que históricamente ha tenido como fin la libertad. En principio, la libertad la entiende, según Kohn (2010), como la “posibilidad de trascender, capacidad de decisión, de participar en los asuntos públicos”.

Acerca del significado de la revolución expresó que estos eran los únicos acontecimientos políticos que nos ponían directamente en contacto con el problema del origen. La palabra revolución, en este contexto, a finales del siglo XVIII comenzó a aplicarse únicamente a los hechos políticos novedosos cuyo objetivo fue la libertad (Arendt, Op. Cit.:36).

En el carácter novedoso de estos fenómenos la autora señaló que la idea de libertad debía coincidir con la experiencia de un nuevo origen porque, en sí, en ella se expresaba la novedad. La causa de esta asociación obedece a que la idea de libertad constituye, para ella, el criterio último para valorar las constituciones de los cuerpos políticos (Ibíd.:37). Pero advierte que liberación y libertad no son la misma cosa. La primera es la condición de la segunda, pero no necesariamente conduce a ella y la segunda la entiende desde una perspectiva política, es decir, la libertad política relacionada con “la serie más o menos amplia de actividades no políticas que son permitidas y garantizadas por el cuerpo político a sus miembros” (Ibíd.). Esta experiencia de lo nuevo, presentado de forma irresistible durante un periodo determinado por una situación histórica, la observó claramente en las revoluciones estadounidense y francesa.

Teniendo esto presente, las ideas de libertad, irresistibilidad, nuevo origen y temporalidad son para la autora los elementos fundamentales para la comprensión de un proceso histórico que tenía su propia dinámica. Con ello podemos examinar la cuestión social presente en las revoluciones del siglo XVIII.

Para hacer mención de la cuestión social, Arendt primeramente indicó que la pobreza la entendía como un estado de constante indigencia y miseria extrema que colocaba a los hombres bajo el dictado absoluto de la necesidad. Teniendo esto presente señaló que el problema de la revolución francesa fue que abandonaron la dirección que conducía a la libertad por la felicidad del pueblo, es decir, para focalizarse en los derechos de seres que necesitaban vestido, alimentación y reproducción. Este cambio de alcanzar la libertad por la satisfacción de necesidades tendría su principal teórico en Marx quien identificó la necesidad con las urgencias para la satisfacción de necesidades vitales para liberar a la sociedad de las cadenas de la escasez. Con este foco relacionó necesidad y violencia concluyendo que la opresión se debía a factores económicos (Ibíd.:81).

La causa que produjo esta desviación en Francia Arendt la relacionó con la compasión. Para ella, la compasión consistía en que abría el corazón del que padece los sufrimientos de los demás, por lo que establecía y confirmaba el vínculo natural entre los hombres que los más establecidos económicamente habían perdido (Ibíd.:97-98). Esto nos lleva al tema de la felicidad.

Para hablar de la búsqueda de la felicidad Arendt hizo énfasis en dos aspectos que deben ser tenidos en consideración: en primer lugar, que ninguna revolución ha sido nunca iniciada por las masas, a pesar de que su propósito haya sido liberar a los pobres, nunca ha sido resultado de una sedición y nunca se ha producido donde la autoridad del cuerpo político se ha mantenido intacta. En segundo lugar, después de decir que en América y Francia, la revolución buscó la fundación de un cuerpo político que garantizase la existencia de un espacio donde pudiese manifestarse la libertad (Ibíd.:165), indicó que el acto de fundación se había identificado con la elaboración de una constitución, y la convocatoria de asambleas constitucionales con la particularidad de que se usó la expresión ‘búsqueda de la felicidad’, no sólo como prosecución del bienestar privado, sino también como un modo de indicar que este sólo era posible en la medida en que se participase del poder público (Ibíd.:166-168). Como se sabe, ella indicó que ello no ocurrió en Francia produciendo una desviación para satisfacer las necesidades de la población significando su perdición. Esta forma de satisfacción es la que han usado los regímenes totalitarios, desde la revolución rusa, para ofrecer abundancia y consumo ilimitado que son, en sí, los ideales de los pobres (Ibíd.:186-185). En EE.UU sólo se preservó en la esfera privada porque se creó una estructura estanca de representación que se ha alejado de la población.

Con respecto a la fundación destacó que a los líderes estadounidenses les preocupó la creación de un gobierno que hiciera posible la libertad, a diferencia del caso francés que establecieron derechos con independencia y al margen del cuerpo político con la Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano. Con esta declaración se identificaron estos derechos con los derechos de los ciudadanos (Ibíd.:200). Esto colocó a la autora en el plano de reflexionar acerca de los términos correlativos de ‘poder’ y ‘autoridad’ debido a que la recuperación de las libertades antiguas fue acompañada con el restablecimiento de estas dos expresiones del quehacer político. Esta recuperación, desde esta perspectiva, estuvo determinada por el tipo de gobierno que se iba a derrocar. Por ello cuando los revolucionarios franceses depusieron al rey colocaron al pueblo como la fuente y el fundamento del poder y el origen de todas las leyes constituyéndose en fuente de inestabilidad. En el caso estadounidense, por el contrario, el asiento del poder lo colocaron en el pueblo, pero la fuente del derecho fue la constitución, por lo que su problema fue el establecimiento de la autoridad con el fin de garantizar una estabilidad duradera (Ibíd.:210-213).

Finalmente, en lo concerniente a la tradición revolucionaria y su tesoro perdido indicó que la revolución francesa fue el acontecimiento que rompió los lazos entre el nuevo mundo y Europa. Con ello, América dejó de ser el lugar de la libertad para convertirse en la tierra prometida para los pobres (Ibíd.:296-297). Así, lo que quedaría como legado de esas experiencias históricas fueron las libertades civiles, el bienestar individual del mayor número y la opinión pública como la fuerza más importante para gobernar una sociedad democrática e igualitaria.

Esta transformación no fue posible en los países que siguieron la estela dejada por la revolución francesa debido a que, como ha destacado la autora, ninguna fundación de un cuerpo político nuevo era posible donde la población estuviese agobiada por la miseria (Ibíd.:306). De ahí que los revolucionarios de los siglos XIX y XX lograran sus objetivos de alcanzar el poder atrayendo a masas de desesperados, pero sin lograr establecer un mundo de abundancia y de igualdad. Ello explica el esfuerzo de Negri, como veremos más adelante, para dar una respuesta satisfactoria a esta enfática conclusión.

Dado que en toda revolución el acontecimiento más importante es el acto de fundación, el espíritu revolucionario debía ser visto como depositario de dos elementos que le parecieron irreconciliables e incluso contradictorios. Por una parte, el acto de fundar un nuevo cuerpo político trae consigo la preocupación por la estabilidad y durabilidad de la nueva estructura. Por ello, para los revolucionarios la forma republicana fue vista como la más recomendable debido a que garantizaba estabilidad. Por otra parte, los llamados a establecer la fundación de un nuevo orden político debían poseer un elevado espíritu acorde con las circunstancias de cambio. La oposición de estos dos elementos ha sido para Arendt el síntoma de la crisis de la política actual como veremos seguidamente en relación con el caso venezolano.

De ahí que consideró que el error fatal del proceso estadounidense fue no saber incorporar y fundar de nuevo las fuentes originales de su poder, que estimó se encontraba en los municipios, produciendo un vacío entre el pueblo y sus representantes. Ese ha sido el problema que históricamente ha tenido Venezuela hasta el presente a pesar del esfuerzo de descentralización que se hizo en la década de los ochenta del siglo pasado y se evidenció tanto en la crisis de 1998, como en el 2005, en octubre de 2016 y en el dialogo que se inició en República Dominicana el 13SEP2017. Esto es lo que ha impedido que la clase dirigente que fue desplazada en el año 1998 recupere el poder, tanto desde la perspectiva de quienes actualmente lo poseen como de aquellos que ven como un problema el establecimiento de un origen que repita los errores del pasado.

En el caso francés, el conflicto planteado entre el gobierno y las sociedades revolucionarias se libró en tres frentes. El primero fue la lucha por la libertad pública frente al peso agobiante de la miseria. El segundo frente de lucha fue de los intereses de partido contra el bienestar común. Y el tercer frente de lucha fue el del Estado nacional contra los principios de una república auténtica (Ibíd.:339). En la tiranía que rige a Venezuela en la actualidad se padecen no sólo estos tres problemas de forma más o menos similar, sino también, en el hecho que los principios de autonomía, plenitud y exclusividad de competencias del mismo Estado desaparecieron por la acción de poderes transnacionales que desde Cuba dominan el país.

Otro fenómeno que destaca la autora en el caso francés fue la aparición del revolucionario profesional. Para ella, el papel de los revolucionarios profesionales ha consistido en llegar al poder una vez que la revolución se ha producido (Ibíd.:359). Sin embargo, su influencia sobre su curso real ha demostrado históricamente ser muy grande debido a su estudio y reflexión, produciendo una imitación consciente y nociva del pasado francés con las mismas consecuencias. Además de este hecho agrega otro no menos pernicioso y es que la política, en general, se ha convertido en una profesión donde los llamados “son elegidos de acuerdo con normas y criterios que no son políticos por naturaleza” (Ibíd.:384). Este último aspecto, está relacionado con los canales de representación. En Venezuela la crisis que la afecta está relacionada con la representación: hay unos individuos que, desde unos partidos políticos, se oponen al gobierno en función de sus intereses partidistas y una tiranía que gobierna en nombre del socialismo para perpetuarse en el poder tutelada por agentes extranjeros.

La causa de lo señalado precedentemente según Arendt se debe a que el gobierno representativo se ha convertido en un gobierno oligárquico, en el sentido que lo que ahora llamamos democracia es una forma de gobierno donde los pocos, se suponen, gobiernan en interés de las mayorías. Por ello consideró que las conmociones profundas del siglo XX han producido el más importante y pernicioso de todos los fenómenos, es decir, la identificación que se ha establecido entre ‘pueblo’ y masas, dando paso al advenimiento de formas totalitarias como tendió a ocurrir en la Francia revolucionaria y luego se repitió en Rusia y China y en el resto de los países que han seguido ese modelo de hacer política. Esa es la estela que ha seguido la clase dirigente venezolana desde el año 1998. Veamos ahora la visión de Antonio Negri un marxista crítico que ha construido una estructura de pensamiento teniendo presente el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La visión revolucionaria de Antonio Negri y el poder constituyente.

He escuchado a varios formadores de opinión, en los únicos medios de comunicación medianamente libres en el país, la asociación del fraudulento proceso constituyente comunal de la tiranía venezolana con el pensamiento de Antonio Negri, un autor que estuvo en el país en el año 1999 y en el año 2008. No es mi interés mostrar su visión del proceso venezolano aunque sé que se desencantó del autoritarismo que tuvo la oportunidad de presenciar. También me interesa aclarar que no soy seguidor de su pensamiento. Mi pretensión es examinar la consistencia de la asociación de la dictadura comunal soberana instaurada en el país después del inicio del proceso constituyente fraudulento con el pensamiento de este autor contemporáneo a la luz de la propuesta arendtiana.

Para Negri el poder constituyente es la revolución misma, es decir, un procedimiento absoluto (omnipotente y expansivo, ilimitado temporal y espacialmente y no finalizado) característico de un gobierno democrático cuya potencia constitutiva no debe concluir nunca en el poder constituido.

este autor italiano, Hannah Arendt había comprendido esta verdad del poder constituyente, pero llegó a ella siguiendo una vía equivocada aunque no por eso menos eficaz como lo fue la comparación de las revoluciones estadounidense y francesa. Negri destacó de la autora judío alemana que, innovando profundamente en la ciencia política, se focalizó en la oposición de la revolución política y revolución social. Él observó también la revolución como un comienzo cuyo principio constituyente es la libertad. Pero se preguntó ¿Qué es esa libertad? De acuerdo con la interpretación que hace de la autora afirma que es un nuevo comienzo que pone sus propias condiciones, pero considera que la libertad no se reduce, ni es sucesiva a la liberación. Por ello, para Negri el error de Arendt fue considerar lo social como un aspecto pre-político. Este hecho para el autor italiano hizo que el enfoque de la autora se revelase como conservador puesto que hizo del acto político emancipador un hecho limitado conceptual, espacial y temporalmente y, por consiguiente, ambiguo a pesar de mantener su carácter originario e innovador. La conceptualidad porque lo limitó a la política desde una perspectiva liberal, espacial por acaecer en un espacio determinado y temporal por finalizar en un poder constituido. Aquí es conveniente aclarar que según expresión de la propia Arendt, ella buscó evitar la dicotomía de poder constituyente y poder constituido con lo cual la crítica de Negri, en este aspecto, no tiene sentido.

Por ello el pensador italiano en su obra Poder Constituyente insistió en la radicalidad originaria del poder constituyente y su carácter ilimitado y trató de analizar su estructura y el sujeto llamado a ponerla en ejecución. Con esta insistencia aclaró que el problema del poder constituyente no podía ser resuelto haciendo de la singularidad el límite de su carácter absoluto (temporal, espacial y procedimental). Este carácter absoluto no es para este autor totalitarismo porque su esencia es democrática. A este punto antes de abordar estos dos aspectos (es decir, su carácter totalitario y el sujeto adecuado) y su implicación en Venezuela vamos a señalar lo que observamos como inconsistencia de la crítica realizada por Negri a Arendt[1].

Tal como indicamos en el resumen de Sobre la Revolución, la idea de temporalidad que indica que el proceso constitutivo termina con el acuerdo no está en el espíritu de Arendt si se revisa con detenimiento el capítulo correspondiente a la tradición revolucionaria y su tesoro perdido. El problema de la autora fue indicar la necesidad de la preservación del espíritu revolucionario para asegurar una estructura de representación en todas las escalas organizacionales de la nueva entidad política. Esto ha sido lo que ha debilitado la política estadounidense y ha permitido a Negri hablar de un conservadurismo. Pero es muy difícil sostener una tesis conservadurista cuando el foco de atención de la autora se centró en un ‘origen’ visto como un ‘nacimiento’ que es capaz siempre de producir algo nuevo en todos los estratos de un cuerpo político.

Por ello Negri y Hardt, posteriormente, volvieron sobre el planteamiento arendtiano acerca de la diferencia de entre los procesos revolucionarios estadounidense y francés en Multitud y en Commonwealth. En Multitud, ambos autores vieron como un error, en la autora, separar lo ‘político’ y lo ‘social’ porque en el siglo XVIII esa distinción era difícil. En Commonwealth se focalizaron en lo ‘social’ y lo ‘político’ para explicar los inconvenientes de su separación dentro de un contexto de cambios sociales globales para justificar su concepción de la biopolítica. Ellos definieron biopolítica de dos maneras: en primer lugar, como la forma como la sociedad de control se expresa en “el conjunto del cuerpo social que se desarrolla en su virtualidad” haciendo que el poder se hunda “en las profundidades de las conciencias y los cuerpos de la población y, al mismo tiempo, …en la totalidad de las relaciones sociales”, poniendo en tensión el equilibrio existente entre los conceptos de libertad y seguridad y, en segundo lugar, como el poder de vida para resistir y determinar una alternativa producción de subjetividad[2].

Teniendo esto presente, la relación de lo social y lo político que marca la concepción de la biopolítica en Negri y Hardt nos permite retornar a la crítica que ha realizado Arendt de los procesos políticos que han seguido la estela dejada por la revolución francesa, porque nos permite retomar el aspecto totalitario. El cambio de rumbo de la revolución francesa se produjo por la situación social que vivió ese país y ese hecho condujo al terror, la dictadura, la restauración monárquica y una historia de inestabilidad política. Igual lo han vivido las sociedades en Rusia y China después de haber seguido un curso similar. En Cuba y Corea del Norte se vive una estabilidad producida por una implacable represión y por la adopción de dispositivos biopoliticos que han convertido a esos países en regímenes totalitarios. Por ello es que se puede afirmar que los revolucionarios profesionales a posteriori han repetido la misma receta y de alguna u otra manera han obtenido los mismos resultados. Pero en Venezuela la falsa promesa de la mitigación de la miseria y las necesidades hecha por estos individuos no sólo ha generado más miseria y necesidad llevándonos a una crisis humanitaria, también ha acabado con la república por la sola necesidad de una camarilla de preservar el poder e instaurar un proyecto político transnacional. Este esfuerzo de conservación ha tenido su máxima expresión, como hemos indicado, en la fraudulenta asamblea constituyente comunal, un instrumento que persigue instaurar legalmente el totalitarismo que ya se ha puesto en práctica de forma sucesiva al menos desde el año 2007. Con ello podemos examinar ahora al sujeto de ese fraude a la luz del pensamiento negriano.

El problema que consideró Negri en su obra Poder Constituyente fue el de determinar el sujeto adecuado para ejecutar el procedimiento absoluto que en si representa el poder constituyente. Y para ello se apoyó en el pensamiento de Foucault debido a que, según él, este autor vio al sujeto como potencia y producción y no reducido a ser un fantasma contenido por la represión. Estas dos cualidades, es decir, potencia en el sentido creativo y producción vista como producción de subjetividad permite ver este sujeto, según el pensador italiano, como abierto, proyectado a una totalidad sin encerrarse a sí mismo con una característica esencial: la temporalidad. Esta temporalidad puede ser entendida como un ser relacionado con si mismo que, según él, remite a la visión Heidegger-arendtiana basada en la indistinción de un fundamento absoluto (forma del ser) y otra radicada en la capacidad productiva del hombre, en una ontología de su propio devenir, desde una perspectiva marxista, focalizada en lo social que él lo entiende como tiempo social porque lo considera como el dispositivo sobre al cual se cuantifica y cualifica el mundo.

Con esta característica Negri inicia, en su obra, un recorrido histórico para finalizar en una crítica de la modernidad por haber capturado al poder constituyente en los principales acontecimientos de la historia moderna. La causa de esta crítica ha obedecido al hecho que la única forma en que el sujeto constituyente puede desplegar su potencia y productividad de forma articulada es, para este autor, en multitud. La multitud la entiende como un conjunto de singularidades que operan en común desde un mismo plano de inmanencia. Esta captura es la que se ha observado en Venezuela con la fraudulenta asamblea constituyente comunal. ¿Cómo se observa esta captura de acuerdo con nuestra interpretación de la obra de Negri?: 1) En limitar y establecer medidas del proceso en sí (temporalidad dos años, sólo modificación de unos cuantos artículos a la antigua constitución, etc.), 2) existencia de un dispositivo de control constitucional para garantizar el objetivo ‘revolucionario’, 3) establecimiento de 'privilegios' en una clase que en si expresa la aplicación de dispositivos de control biopolitico que actúan de forma tal que favorece la exclusión (carnet de la patria, adhesión al partido, claps), 4) uniformización de la sociedad vista de la perspectiva de la concepción cívico-militar y 5) comando y control.

Este aparato de captura que ha aplicado la tiranía para preservar el poder, como se puede observar, no se corresponde con el pensamiento de Negri. Pensar en una multitud, es para el filósofo italiano, pensar en términos democráticos, aunque, como se podrá observar en Commonwealth siempre va a ocurrir una transición que debe ser dirigida. Esta dirección es lo que conduce al totalitarismo cuando la población se resiste a ser sometida a esa forma de entender la política, es decir, a imponer una realidad que no se ajusta a las necesidades de cada individuo. Por ello el carácter totalitario que ha aplicado la tiranía en Venezuela desde el punto de vista del establecimiento de controles biopolíticos evidencia que la propuesta de Negri es inconsistente, desde una perspectiva marxista, por el tema del direccionamiento de la transición que de suyo tiende a hacerla totalitaria.

Teniendo esto presente, pudo haberse dado el hecho de que la tiranía en Venezuela haya tomado de Negri alguno de sus conceptos sin tomar en cuenta su fundamento y su intención. En este caso los sujetos constituyentes de la fraudulenta asamblea constituyente comunal son sombras producidas por el reflejo de unas ideas que lograron penetrar dentro de una caverna forjada por una voluntad de poder. En esta cueva las sombras son producidas por unas marionetas operadas por unos constructores que se rigen por una doctrina que ha sido perfeccionada en más de doscientos años. Por ello es que se ha afirmado que aplican el modelo ruso de 1922-23 con la esperanza de lograr los mismos resultados[3]. Este hecho en sí confirma la tesis arendtiana. En este sentido las marionetas en Venezuela están dirigidas por fantasmas invocados por individuos que han sido incapaces de superar sus limitaciones sin perjudicar al prójimo.

Lo otro que pudo haber ocurrido, y es lo que creemos, es que aplicando el modelo ruso los conductores de la tiranía en Venezuela han reproducido la experiencia de sus antecesores europeos siguiendo una particular concepción de la historia. Al respecto Arendt señaló que...

“Fue la historia, no la acción, lo que los hombres de la revolución rusa habían aprendido de la revolución francesa... Habían adquirido la habilidad de interpretar cualquier papel que el drama de la historia pudiera asignarles, y si no hubo otro papel disponible que el de villano, ellos prefirieron aceptarlo antes que dejar de tomar parte en la función”

“Hay una grandiosa ridiculez en el espectáculo de estos hombres…capaces de someterse… con toda humildad y sin ningún grito de protesta, a la llamada de la necesidad histórica, por absurda e incongruente que les pareciera la forma de manifestarse esta necesidad. No fueron engañados porque las palabras de Danton… Robespierre… resonasen aún en sus oídos; fueron engañados por la historia y, en ese sentido, han llegado a ser los bufones de la historia” (2006:77).

Esta afirmación que tristemente estamos viviendo en Venezuela y confirma la visión arendtiana por las dos vías antes indicadas nos lleva finalmente al tercer punto de esta reflexión.

Venezuela: hacia un nuevo comienzo.

La validación de la tesis arendtiana nos lleva de nuevo a la palabra más citada durante la rebelión venezolana e indicada al inicio de esta reflexión, es decir, 'libertad'. Libertad entendida como condición de posibilidad para trascender desde la perspectiva individual y la de participar en los asuntos públicos. No observé a los venezolanos protestando para que le fuesen satisfechas sus necesidades inmediatas relacionadas con el proceso de la vida a no ser que fuesen vistos como posibilitadores de la trascendencia. La rebelión fue contra el empobrecimiento, la soledad no deseada y la muerte no esperada. Ello sucedió de la misma manera en el año 2014[4]. En ese momento indique que sólo podrían convertirse en sujetos constituyentes, en el sentido hardtnegriano, aquellos que fuesen capaces de producir sus medios para la vida. En términos arendtianos son aquellos que su vida no está limitada a la satisfacción de necesidades vitales (labor), ni los inmersos en el proceso de fabricación (trabajo) sino aquellos que no estaban sujetos a las dos condiciones anteriores.

Por ello, la estrategia de la tiranía ha sido capturar a los venezolanos y someterlos al imperio de la necesidad. Ello fue posible mientras contó con la renta petrolera. Pero desde el año 2014 hasta el presente se han producido varias tendencias: 1.-) La sociedad venezolana ha podido establecer sus propias condiciones productivas en el sentido que ha logrado que al menos más de medio millón de venezolanos se hayan integrado a la economía global, 2.-) la tiranía se ha visto cada vez incapaz de independizarse de la renta petrolera y se encuentra a su vez agobiada por pesadas deudas y, 3) de igual forma la tiranía se ha visto obligada a aplicar la violencia y el terrorismo de forma creciente debido a que ha perdido la capacidad de capturar a más venezolanos agobiados por las necesidades.

Estas tres tendencias indican algo que si bien puede ser observado en las obras de Hardt y Negri, es decir, Multitud y Commonwealth y otro autor que sigue una línea similar (Paolo Virno), en realidad puede ser visto en la obra arendtiana La Vida del Espíritu. Me refiero al Éxodo. En Venezuela se está produciendo un Éxodo de la estructura de poder del Estado que puede ser entendido también como un vaciamiento que va a hacer colapsar a la tiranía y va a arrastrar en dicho colapso a todos aquellos que la han soportado. Por ello es muy difícil retornar a una imagen de la política del pasado, pero esa es la única opción que tenemos: crear algo nuevo. No podemos regresar al orden instaurado en el año 1999 debido a que este constituye la bisagra de dos modelos fallidos que están enfrentados con un espíritu de la política que tiene como norte la libertad.

Las manifestaciones públicas no se detuvieron por desánimo, al contrario, los venezolanos estamos esperando que se destruyan las clases políticas que han conducido el país los últimos sesenta años para establecer un nuevo origen y fundar una república bien ordenada basada en libertad. De ahí la importancia del Éxodo.

Este Éxodo no está referido a la emigración, sino a personas que se han integrado a la economía global en cualquier parte del mundo e incluso en nuestro propio país y, sin embargo, están ayudando a la sociedad venezolana que resiste con firmeza. Esos son los que están creando, de forma acelerada, las condiciones de posibilidad para establecer un nuevo origen en Venezuela y hacer un nuevo comienzo. ¿Cómo va a ser posible ello? La orientación de la tiranía apunta a mantener el país con una economía extractiva de recursos primarios y consumista, en el sentido en que va a mantener sometida a la población al imperio de la necesidad, en la medida que se mantenga una estructura de las importaciones donde sólo se benefician los que ostentan el poder. Frente a esta intención, que coloca al país ante un riesgo de bancarrota permanente, hay una realidad global caracterizada por una alta innovación, tecnificación, cambio y mejoramiento de procesos que están produciendo nuevas formas de relación, es decir, asociación y cooperación. Por ello puedo afirmar que la voluntad de lucha de los venezolanos se encuentra intacta. La rebelión está pasando a una nueva fase.

Ello significa que en la medida en que los venezolanos que hayan salido y estén saliendo de la estructura de poder de la tiranía y sus colaboradores puedan establecer nuevas formas de asociación y cooperación para fines individuales y colectivos, en esa medida se crearan las condiciones de posibilidad para producir un nuevo comienzo y, consecuentemente, una república bien ordenada.

[1] Sobre el totalitarismo en Venezuela siguiendo la conceptualización realizada por Arendt, ver al respecto: La tiranía en Venezuela y el Mal Radical: Análisis político desde la perspectiva de Hannah Arendt, en http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/07/la-tirania-en-venezuela-y-el-mal.html

[2] Ver al respecto: Blanco (2016).

[3] Ver al respecto: Analogía entre la Revolución Rusa y el fin de la República Bolivariana de Venezuela: Escenarios Prospectivos, en: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/05/analogia-entre-la-revolucion-rusa-y-el_43.html

[4] Sobre lo que denominé la intifada venezolana, ver al respecto: Blanco (2014). La Intifada Venezolana a la luz del concepto de guerra en las obras de Hardt y Negri, en: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2014/04/la-intifada-venezolana-la-luz-del.html