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El 2018 será peor | Por Daniel Lara Farias

"Han decidido rendirnos por hambre, por desilusión, con persecución. O simplemente a tiros" (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 16/12/2017 10:30 AM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

I

El 2017 sirvió al castrismo venezolano de muchas maneras. En principio, le sirvió para avanzar y ganar. Nadie puede decir hoy que el régimen en manos de Maduro, este más débil a lo interno. Sin duda, el 2017 ha sido el año de la solidificación del sistema, la imposición del comunismo y la desaparición de la oposición, en términos referenciales y simbólicos: ya nadie siente que haya una oposición política organizada en Venezuela.

Podemos caer en el facilismo dorador de píldora de los analistas de la estulticia que pueblan medios de comunicación y redes sociales. Podemos decir, como ellos, que "el régimen está acorralado". Podemos decir que "está desnudo ante el mundo". Podemos, incluso, decir que "las sanciones los tienen contra la pared". Pero todo eso, sinceramente, es mentira.

Es mentira que estén contra la pared, por la simple razón de que siguen en el poder que asaltaron hace ya 19 años. Eso no es estar contra la pared: eso es estar mandando. No están acorralados, pues no hay nadie amenazándolos con una pistola mientras se recogen asustados en un rincón. Y no están desnudos ante el mundo, porque tienen una clase política nacional e internacional aliada, cómplice y copartícipe, sosteniéndoles la ropa.

Por lo tanto, no. Aún no están contra la pared. Poniendo las cosas en su sitio, empezará una etapa más oscura y difícil, donde el chavismo pasará del autoritarismo al totalitarismo en pocos pasos, con la estructura Constituyente en pie y la oposición a sus pies. Está consumado ya: Eso que llaman "La Patria Nueva" y que yo llamo Criminalia S.A. es ya una realidad.

Al ciudadano, el 2017 le sirvió para sumirse en el desengaño y a la vez en su propia realidad: estamos solos ante un sistema que luego de asaltar el Estado, ha puesto a este contra la Nación. Han decidido rendirnos por hambre, por desilusión, con persecución. O simplemente a tiros. No hay oposición, nunca la hubo. Todo fue mentira, todo fue ilusión.

Ese es el resumen del año. Ellos allá, firmes en el poder o cobrando de él. Nosotros los ciudadanos acá, apuntados por el fusil, sometidos al escarnio del hambre, de la enfermedad, del destierro, de la cárcel o de la fosa temprana.

Y hay que prepararse: el 2018 será peor. Dejemos los deseos de bienaventuranzas para las cuñas navideñas. Estamos mal y vamos a estar peor. Preparémonos.

II

El desengaño ciudadano llega cuando, luego de pasar 15 años creyendo sinceramente y además inocentemente, sin malicia alguna, en la mentada salida "electoral, constitucional y pacífica", se descubre que esta es imposible. Así, se ignoró por años que lo electoral dejo de ser elección para ser una simple votación como las de Cuba, Norcorea o China, donde todos los candidatos representan lo mismo. Y en caso de que haya algún riesgo, hay un sistema electoral para poner las cosas en su justo lugar. Un sistema fraudulento que el ciudadano lo señalaba y la dirigencia lo avalaba. Creímos a la dirigencia una y otra vez. La descubrimos siendo cómplice. La vimos luego coparticipando en el crimen. Y allí, ya no hubo remedio.

Y aquí estamos, sin oposición.

Ya hasta los más creyentes, los más fieles de la salida electoral se dieron cuenta. Algunos no se dieron cuenta, sino que fueron descubiertos siendo copartícipes del fraude electoral y debieron simular, otra vez, que eran oposición, asumiendo posturas que los alejaba del electoralismo, por conveniencia temporal. Ya todo eso acabo, no hay manera de seguir creyendo en ese sistema electoral.

¿Puede el sistema chavista mantenerse a flote, mientras construye el esquema totalitario que desde la ANC nos asoman para 2019 con una nueva constitución, sin una oposición electoralista? No. No puede. Por eso, los candidatos surgen desde los laboratorios perversos que por años se ha construido con mucho dinero, a través de operadores de alcantarillas y mediadores de trastiendas, rumores construidos, falsos positivos y aspiraciones a destiempo, bien alimentadas.

¿Quiénes son y dónde están? A la vista de todos. Es difícil explicarse como unos dirigentes de partido que acaban de llamar a la abstención en unas elecciones, hablan al mismo tiempo de hacer unas primarias para escoger un candidato de "oposición" que sería candidato en el mismo sistema electoral que acaban de desacreditar negándose a participar. Es difícil explicárselo desde el terreno de la lógica. Pero no desde el terreno de las objeciones éticas: unos tipos que no son opositores sino copartícipes del crimen de la imposición del comunismo, no tienen más remedio que seguir adelante con sus acciones. Tienen que lanzar candidatos, tienen que seguir simulando que se oponen, tienen que seguir pidiendo real dentro y fuera del país para sostener campañas electorales de las que en parte viven.

Pero igual, se necesita una bomba. Una bomba solo mata abstencionistas. Con la vieja estrategia de quitarle el agua al pez, si se le dice al mundo que no podemos participar en unas elecciones con ese CNE y ese sistema, ni con candidatos inhabilitados, al régimen le quedan a esta hora a la que escribo este artículo, dos salidas: 1.- Dejarse imponer un cambio del sistema electoral por poderes fácticos internacionales, que a la postre les ponga en la posibilidad cierta de perder cualquier elección y 2.-Imponer al mismo sistema electoral, buscando (o comprando) una candidatura opositora que le diga a la gente lo de siempre: "a pesar del fraude, ganaremos y cobraremos".

III

En el escenario 1, con una imposición "negociada" con poderes fácticos internacionales, el régimen debe aguantarse un nuevo sistema electoral y la posibilidad cierta de ser derrotados. Además, quedara al descubierto su fraude consuetudinario por décadas y sus trácalas, negociados, crímenes y demás.

¿Alguien puede creer que el régimen aceptara así, mansamente, salir del poder para irse a la cárcel? Yo no.

Pero hay quien cree que sí. Hay quien cree, fundamentalmente en el exterior, que el régimen no tiene más remedio que pactar unas normas mínimas de convivencia que le permita salvar algunos destinos prácticamente cantados para algunas cabezas visibles.

Sinceramente creo que, en un escenario como ese, lo que terminara ocurriendo es que Criminalia S.A. saldrá con una de sus mañas de siempre: entrego la presidencia y dejo la ANC andando, de forma tal que mantengo al país de rehén, con la pistola en la cabeza.

En el escenario 2, el régimen necesitara sacar a sus mejores payasos al ruedo. Los mejores trucos del show, los más gordos conejos de la chistera. Por eso, sacan a pasear la posibilidad de una candidatura de Lorenzo Mendoza, que este, según me indican relacionados al tema, ha negado en varias oportunidades estar dispuesto a asumir. Pero el solo hecho de asomarse, ya lleva agua al molino del chavismo: ya hay una corriente de opinión que plantea "bueno, por Lorenzo si voto".

Pero el premio mayor, el truco del año, la hallaca multisápida es más truculenta: La candidatura de Leopoldo. Si el régimen se atrinchera diciendo que vamos a elecciones presidenciales con ese sistema electoral, y que esas elecciones son ya, sacan al conejo Leopoldo del sombrero. Así, con el Método Goicoechea, la ANC indulta a Leopoldo e insulta al país, poniendo en la calle a un habilitado Leopoldo a decirle a la gente que hay fuerza, que hay fe y que vamos todos a votar. ¿Cual será el final? El de siempre: se vuelven a robar las elecciones, vuelve la gente a la calle, las vuelven a matar, se vuelven a imponer con sangre y ya, otra vez al cuento del gallo pelón.

O quizás dejan ganar a Leopoldo, y lo obligan a juramentarse ante la ANC. Porque el país merece reconciliarse, al final de todo.

Como verán, no hay ni feliz navidad ni prospero año nuevo. Lo que viene, es peor.

El que crea en Dios, que hable con él, y le pida al menos cordura para aguantar lo que se nos viene.