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El ANDOR del Circuito Golpista | Por Edwin Rios

¿Y si el voto no fuese el único requisito para considerar democrático a un sistema? 13/11/2017 10:30 AM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

Hoy se me ocurre pensar en los filtros de la vida. Algunos son bien conocidos, como aquel que dice: "Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". Por esa misma onda hay otro que dice: “... que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos.” La realidad es que estamos rodeados por un orden de prioridades que nos coloca por delante, o por detrás, de la cola. Le damos a los niños, a los inválidos, a los enfermos, a los ancianos, y a los presos una defensa, cuando ellos mismos no pueden defenderse. Ponemos a las damas antes de los caballeros, y cuando el barco se hunde, las mujeres y niños salen primero, y el capitán es el último en salvarse.

En particular, me llama la atención el filtro del camello. La lógica nos dice que es imposible para un camello pasar por el ojo de una aguja. Entonces, por qué no se dice sencillamente que es imposible para un rico llegar al reino de Dios. A mi me parece que dentro de ese enigma se deja una puerta abierta. Un reconocimiento que, dadas las condiciones correctas, tal vez lo altamente impredecible pudiese ocurrir.

En el orden universal de la vida, me parece que hay una hebra central. Un filtro mayor que controla a las demás prioridades. Un filtro capaz de escuchar muchísimas voces y, partiendo de esa voces, elegir las acciones morales y correctas de los otros filtros que nos rodean. Ese filtro maestro es lo que llamamos democracia.

Cuando dejamos de valorar y proteger a la democracia como lo que es, como un filtro maestro, en efecto, la dejamos perder. Y cuando se pierde la democracia, ¿para qué sigues votando? Eso es el equivalente de colar un café con una media sucia, por el mero hecho de que son las 8:00 de la mañana y no puedes empezar tu día sin un tinto. Para más tarde darte cuenta que, además de estar sucia, la media también estaba rota. Pero aun con ese filtro defectuoso, te gozas ese pocillo con mucha delicia y te sigues llamando demócrata. Y mientras tanto, la democracia no cumple el cometido de seguir mejorando tu vida. Y si las cosas no mejoran, ¿para qué la tenemos?

Con este artículo muchas personas me acusarán de un abordaje aburrido de ideas técnicas. Eso mismo ocurre con el carro. Todo el mundo quiere guiarlo, pero cuántos se ocupan de entender lo que ocurre debajo de la tapa del motor. Y cuando van al mecánico siempre se quejan de lo costoso que son las reparaciones. ¿Y cómo saben ellos de ese costo cuando no saben nada de la mecánica del carro? Todos buscamos disfrutar del viaje democrático, pero sin ocuparnos del motor que lo mueve. Yo creo que es hora que sacrifiquemos un poco de paciencia para educarnos, para que el mecánico no nos vuelva a coger de pendejos. Mil disculpas, pero el que tenga paciencia para aprender, que aprenda.

A mi me gusta comparar el filtro de la democracia con la noción de puertas lógicas en los circuitos electrónicos. Una comparación que luce como algo muy lejano, pero en verdad tiene una semejanza increíble con la realidad histórica y social. Estos llamados “logic gates” son distintos transistores que reaccionan y producen unos resultados, de acuerdo a ciertas condiciones. Por supuesto, estas puertas pasan corriente, pero los estados de corriente, y el resultado que estos estados producen, son convertidos en una lógica de números digitales. La lógica es simple; cuando no hay corriente, se dice que esa condición está representada por el valor cero (0), pero cuando existe corriente, se dice que esa condición tiene el valor de uno (1).

Por ejemplo, vamos a considerar el siguiente componente, llamado una puerta lógica “AND”. Este componente, en términos electrónicos, lleva el siguiente símbolo y sigue el comportamiento indicado en la tabla.

                                                                                           

AND Gate

Input 1 Input 2 Output
0 0 0
0 1 0
1 0 0
1 1 1

De inmediato nos damos cuenta que estos componentes generalmente tienen tres patas; dos patas de entrada (Input) y una pata de salida (Output). Según la primera fila de la tabla, en el momento en que una pata de entrada no tenga corriente (Input 1 = 0), y la otra pata tampoco tenga corriente (Input 2 = 0), el resultado es que la salida no va a tirar corriente hacia afuera (Output = 0). La segunda y tercera fila nos indica que cuando una pata no tenga corriente (0) y la otra tiene corriente (1), el resultado también va a ser el mismo; la salida no va a tirar corriente. Pero el comportamiento del resultado cambia en la cuarta fila. Cuando las dos patas tienen corriente (1), entonces la salida también va a tirar corriente (1).

En términos sociales, podemos decir que el componente AND representa plenamente a la democracia. Cuando hay dos candidatos en una contienda política y ambos candidatos son cabalmente demócratas, representados por el dígito cero (0), el resultado va a ser que la democracia gana intacta, con un vencedor que es también demócrata (0). Ahora, cuando se enfrentan dos candidatos, y uno es demócrata (0), y el otro es golpista (1), esperamos que se mantenga una sabiduría en el proceso que le permita al pueblo claramente identificar la presencia de un golpista. En otras palabras, esperamos que la democracia filtre al golpista fuera de las posibilidades de ganar la contienda, por el riesgo inminente que existe en que un golpista se apodere del sistema. Pero, en el caso de que ambos candidatos presentes sean golpistas (1), el resultado seguramente garantiza un golpe eventual a las instituciones del estado. Obviamente el resultado de una democracia continuada es el ideal de la puerta lógica AND, aunque los riesgos existen, pero con la posibilidad de ser corregidos; con el riesgo mayor siendo el de dos golpistas presentes a la misma vez durante una contienda política.

Yo recuerdo lo mucho que se le preguntó a Hugo Chávez, antes de las elecciones del 1998, sobre las tendencias socialistas que él negaba. La pregunta más importante debió haber sido si él era un golpista, aunque esa pregunta no había que hacerla, porque la respuesta era clara. ¿Y cuál fue el resultado? Ya lo conocemos. El pueblo se engañó pensando que no había ningún daño en aceptar al candidato golpista como presidente. El carisma deshabilitó al filtro de la democracia, cuando Chávez debió haber sido deshabilitado de antemano por su propia historia.

Claro, lo ideal de este condicionamiento democrático es que ambos candidatos sean cabalmente demócratas. ¿Y como se consigue esto? Con el proceso de primaria de los partidos. O sea, que si los partidos también actuaran como filtros que nieguen a los golpistas subir al próximo nivel, entonces los dos candidatos finales deberían ser demócratas firmes, sin el menoscabo del engaño, y que garanticen la continuidad del sistema. Obviamente, ese no fue el porvenir de Chávez, quien fue candidato del mismo partido que él fundó, y que después hablaba como si las implicaciones del golpismo ya habían sido quedado rezagadas en un pasado lejanamente olvidado. El problema después del 1998 es que ya se había perdido la democracia, porque ella dejó de funcionar como un filtro viable para su propia existencia, y los golpistas estaban en el poder. Cuando eso ocurre, pasamos de la democracia a la dictadura. O sea, pasamos del filtro “AND” al filtro “OR”.

                                                                                          

OR gate

Input 1 Input 2 Output
0 0 0
0 1 1
1 0 1
1 1 1

Podemos decir que el filtro OR es la puerta lógica de las dictaduras. El símbolo es un poco distinto y, de hecho, la cuarta fila es la que define su comportamiento ideal. Cuando ambos candidatos apoyan al sistema golpista, el resultado es la continuidad a la dictadura. Si existe una oposición digna, que piensa que todavía existe la democracia bajo esas condiciones, puede darse la realidad de la segunda o tercera fila, donde hay un golpista (1) y un demócrata (0) presente, pero el resultado obvio va a ser que el golpismo sigue triunfando, con resultados ilegítimos. Y bajo una dictadura, el estado de la primera fila, donde se sobreponen dos demócratas cabales al proceso de unas elecciones, no existe, por la profunda manipulación de los golpistas sobre la dictadura. Si observamos a estos dos componentes ya descritos, podemos decir que la primera fila del OR es la más improbable, porque en el sistema tendría que existir una libertad de una mayoría genuina para escoger a los candidatos. Esa fila, que representa a dos demócratas cabales presentes en una contienda durante una dictadura, es lo mismo que el efecto de un camello pasar por el ojo de una aguja. Muy dudoso que ocurra cuando tú tienes una mayoría opositora de un 80%, mientras que la minoría del 20% sigue ganando elecciones.

El modelo OR es uno que promueve el odio. Puede darse un golpe detrás de otro golpe. Puede venir un Noriega detrás de un Torrijos. Claro, una cosa es que un camello no entre por el ojo de una aguja, pero otra cosa es que se certifique que ya eso es imposible. Lo que quiere decir el dicho es que, aunque parezca imposible, el ser humano siempre va a intentar pasar a ese camello por el ojo de una aguja. Por eso somos humanos, para vivir el reto de lo imposible. Y mientras más difícil luce el reto y más desesperados estamos, ciertamente más envueltos queremos estar en resolver ese enigma. Por eso es que hay que legislar al odio. Para tratar de ponerle un sello al ciclo vicioso del odio que es creado por los modelos descamellados de la fuerza que operan en contra de nuestras libertades.

Uno debe preguntarse cuál de estos dos modelos toma más esfuerzo y dinero para ser sostenido. El modelo que deja a la gente vivir en relativa libertad y que tiene la posibilidad de corregirse en cada ciclo, filtrando al golpismo y a la corrupción. O el otro modelo que tiene que dejarse matraquear de cada corrupto que aparezca por el camino, para recibir el apoyo de la fuerza necesaria para mantenerse vivo. ¿Cuál de los dos modelos es el modelo del amor, y cuál es el del odio? A mi me parece que la demanda de esfuerzo y dinero que impone la puerta lógica OR es una de naturaleza exponencial. Es una hemorragia sin paradero de recursos y estamos viendo un nivel nuevo de medidas inhumanas que se sobrepasan de la exageración para mantener al sistema. Si viviéramos en democracia, podríamos decir... “ahora es que viene lo bueno.”

Recuerda que ambos modelos se sostienen con el voto. Si existen partidos sin primarias, los partidos también son partícipes del mismo proceso golpista que ellos pretenden destronar. Y mientras en este ANDOR de andares por la vida, se te exija que no puedes odiar al odio, recuerda que ahora tienes que ponerte los zapatos sin medias para salir de la casa, porque los calcetines de tu vergüenza han sido consumidos por una fe al camello equivocado que te garantiza un café sabroso todas las mañanas.