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El Cardenal, Ochun y la Caridad del Cobre | Por Félix Luís Viera

El Papa en su visita a Cuba, se retrató con el castrismo... y con el sincretismo 19/10/2017 11:00 AM

Félix Luis Viera

Cuentista, novelista y poeta de origen Cubano, actualmente nacionalizado Mexicano. Conocido opositor del castrismo, critica de manera severa al sistema imperante en en Cuba y su influencia en el extranjero.

El cardenal cubano Jaime Ortega montó en cólera a partir de los elogios y la promoción que ha recibido la pieza Afrodita, ¡oh, espejo!, de la coreógrafa cubana Rosario Cárdenas, estrenada el pasado 29 de septiembre en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, obra en la cual se iguala a la deidad orisha Ochún con la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, según se sabe.

Más claro: para los católicos, o para los católicos como el cardenal Ortega, la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, no tiene o no debe tener su parigual en una religión —¿será una religión?, se pregunta uno luego de leer la carta, publicada en la revista católica Palabra Nueva, donde queda expresada la ira de Ortega— como la yoruba, que, según el Cardenal, es algo “comprensible [debido a] la confusión en aquellos pobres africanos esclavizados, pero no es admisible en un cubano culto del siglo XXI, aún menos para difundirlo de ese modo, con el título con que nuestro pueblo y el Papa Benedicto XV la han honrado: Patrona de Cuba”.

Bueno… si vamos a ver, hoy en día, en parte gracias a la globalización de la información, no sería muy exagerado afirmar que cada cual “difunde” lo que le dé la gana y en el “modo” en que le dé la gana. Por otro lado, cubanos cultos del siglo XXI conozco que veneran tanto a la Caridad del Cobre como a Ochún, y esto es respetable.

Como respetable es, claro, que Ortega se indigne y “defienda” su parte, mas no es aceptable que acuse a Afrodita, ¡oh, espejo, a su autora y los medios que en la Isla han divulgado los detalles de la pieza, de algo tan grave que “constituye, además de un absurdo histórico, un pecado patriótico”, que se origina al identificar a “este ente mágico” (Ochún) “con la Patrona de Cuba”.

De manera que uno pensaría que, si anduviésemos por los tiempos de la Santa Inquisición, quién sabe hasta dónde llegarían el fuego y el aceite expelidos por Ortega…

Pero bien… una de las definiciones lanzadas por el Cardenal que menos comprendo es “pecado patriótico”.

¿Pecado patriótico? ¿De algún modo la Virgen y Ochún, entre otros elementos del mismo tenor citados por el Cardenal, forman parte de los atributos patrios?, ¿como el Escudo, la Bandera, el Himno?

¿O el Cardenal trata de que le sean enfilados los cañones de la censura a Afrodita, ¡oh, espejo porque va en contra de otros símbolos patrios, como pueden ser la Sierra Maestra, la Victoria de Girón o la bandera del 26 de Julio?

Bueno… Y otro apelativo que me suena hueco puesto en la pluma o dicho con la voz del Cardenal es eso de “nuestro pueblo” (“con el título con que nuestro pueblo y el Papa Benedicto XV la han honrado: Patrona de Cuba”). ¿Acaso todo “nuestro pueblo” estuvo conforme en darle ese “título” a la Virgen? ¿O la frase de marras está dicha en un contexto semejante a “todo nuestro pueblo honrador y trabajador asistirá a las urnas el próximo domingo”? Humm…

En fin, este tema de la pieza teatral en cuestión, Ochún y la Virgen resulta muy discutible, resiste varios y variados puntos de vista. Por ejemplo, recuerdo a un párroco amigo que mostraba su inconformidad porque muchas personas —casi todas ellas humildes— llamasen cariñosamente “Cachita” a la patrona de Cuba. Pero este modesto, discreto buen pastor jamás expresó que quienes así aludieran a la Virgen de la Caridad del Cobre caían en la “legitimación del absurdo” o emprendiesen el “camino hacia el primitivismo”, como avisa Ortega en su carta aparecida en Palabra Nueva.

Bueno… y la emprende Jaime Ortega en su alegato contra determinado “folclorismo de ‘lo cubano’, mediante el cual “se le ha dado a la santería un papel protagónico, teniendo al turismo como espectador y consumidor privilegiado”.

Estoy en desacuerdo. Las diferentes religiones y otras creencias, costumbres y expresiones artísticas de una comunidad, en efecto, constituyen su folclore. Y nada de malo tiene que en el caso de Cuba se muestre a los turistas algo tan sui géneris como la “santería” o un central azucarero.

Y ya por hoy termino. Debo ir a misa de medianoche.