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El caso de la independencia kurda | Por: Alan M. Dershowitz

Las formas de opresión del pueblo Kurdo, ilustradas por Eneko. 04/10/2017 11:56 AM

Alan Dershowitz

Jurista y analista político liberal nativo de los Estados Unidos. De fama mundial por su ejercicio del derecho penal en su país, usual comentarista del conflicto en el Medio Oriente.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, trató de extorsionar a Israel para que retirara su apoyo y amenazó con poner fin al proceso de normalización a menos que lo hiciera. Cabe señalar que Turquía apoya firmemente la condición de Estado para los palestinos, pero no para su propia población kurda. La hipocresía abunda en la comunidad internacional, pero eso no debería sorprender a nadie.

Los kurdos iraquíes fueron un elemento clave para la coalición estadounidense que derrocó el régimen de Saddam Hussein y ha evitado tensiones sectarias en ese país. Una cosa es clara: si Estados Unidos continúa descuidando a sus “amigos” y aliados en la región -los que están en primera línea en la lucha contra ISIS- el daño a su credibilidad sólo aumentará.

Tampoco hay límites a la hipocresía de aquellos estudiantes universitarios y profesores que se manifiestan tan abiertamente por el estado palestino, pero ignoran o se oponen a los kurdos. ¿Cuándo fue la última vez que se leyó en una manifestación algo a favor de los kurdos en un campus universitario? La respuesta es nunca.

Nadie que apoye el establecimiento de un estado para los palestinos puede moralmente oponerse a la independencia kurda. Pero lo hacen, porque es la doble hipocresía estándar y no la moral, lo que enmarca el debate sobre el conflicto palestino-israelí.

Más del 90% de la población kurda de Irak ha votado ahora por independizarse de Irak. Si bien el referéndum no es vinculante, refleja la voluntad de un grupo minoritario que tiene una larga historia de persecución y carencia apátrida.

El referéndum de independencia es un paso importante para remediar una injusticia histórica infligida a la población kurda después de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, mientras millones de personas salían a las calles para celebrar, es evidente que los retos de avanzar hacia el establecimiento de un Kurdistán independiente apenas están comenzando. Ya, el primer ministro iraquí Haider al-Abadi, ha dicho: “vamos a imponer el gobierno de Irak en todas las áreas del KRG, con la fuerza de la constitución”. Mientras tanto, otros legisladores iraquíes han pedido que se procese a los representantes kurdos que organizaron el referéndum, destacando específicamente al presidente del Gobierno Regional del Kurdistán (KRG) Masoud Barzani.

Mientras Israel apoyaba inmediatamente la candidatura kurda para la independencia, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan trató de extorsionar a Israel para que retirara su apoyo, y amenazó con poner fin al proceso de normalización a menos que lo hiciera. Cabe señalar que Turquía apoya firmemente la condición de Estado para los palestinos, pero no para su propia población kurda. El liderazgo palestino, que está buscando un estado para su pueblo, también se opone a un estado para los kurdos. La hipocresía abunda en la comunidad internacional, pero eso no debería sorprender a nadie.

El argumento a favor del Estado palestino es al menos tan convincente como el caso de la condición de Estado kurdo, pero es sabido, por cierto, que muchos países apoyan el estado palestino, pero no el estado kurdo. La razón de esta disparidad tiene poco que ver con los méritos de sus respectivos casos y mucho con los países de los que buscan la independencia. La razón, pues, de este doble rasero es que pocos países quieren oponerse a Turquía, Irak, Irán y Siria. Muchos de estos mismos países están perfectamente dispuestos a demonizar el estado-nación del pueblo judío. He aquí el caso comparativo de los kurdos y los palestinos.

En primer lugar, un contexto histórico. Después de la Primera Guerra Mundial, las fuerzas aliadas firmaron un tratado para remodelar el Oriente Medio con los restos del ex Imperio Otomano. El Tratado de Sèvres, de 1920, estableció los parámetros para un estado kurdo unificado, aunque bajo control británico. Sin embargo, el estado kurdo nunca fue implementado, debido a la oposición turca y su victoria en la Guerra de Independencia de Turquía, por lo que las franjas de tierra destinadas a los kurdos pasaron a formar parte del moderno Estado turco. Como resultado, la región kurda se dividió entre Turquía, Siria, Irak e Irán, y los kurdos se dispersaron alrededor del norte de Irak, el sudeste de Turquía y partes de Irán y Siria. Aunque hoy nadie conoce el número exacto de su población, se estima que hay alrededor de 30 millones de kurdos que viven en estas áreas.

En contraste con el pueblo palestino, que se adhieren a las mismas tradiciones y prácticas que sus vecinos árabes, y hablan el mismo idioma, los kurdos tienen su propio idioma (aunque diferentes grupos hablan diferentes dialectos) y mantienen su propia cultura, código de vestimenta y festividades. Mientras que la historia y la genealogía de los palestinos está entrelazada con la de sus vecinos árabes (la población de Jordania es aproximadamente el 50% palestina), los kurdos se han mantenido en gran medida separados de sus estados anfitriones, aspirando a su autonomía política y nacional.

A lo largo de los años, ha habido innumerables protestas y levantamientos de poblaciones kurdas contra sus estados anfitriones. Algunos gobernantes han utilizado la fuerza bruta para reprimir la disidencia. Consideremos, por ejemplo, Turquía, donde la “cuestión kurda” influye más en la política interna y exterior que en cualquier otra cuestión. Sufriendo lo que algunos historiadores llaman “el Síndrome de Sevres” – paranoia derivada del intento de los aliados de transferir partes del antiguo Imperio Otomano a un estado kurdo – el presidente Erdogan ha sometido a la población kurda del país al terror y la tiranía pero, quizás, ningún grupo lo ha pasado peor que los kurdos de Irak, que ahora suman 5 millones – aproximadamente el 10-15% de la población total de Irak. Bajo el régimen baathista de los años 70, los kurdos fueron sometidos a “limpieza étnica”. Bajo el gobierno de Saddam Hussein, fueron enviados a campos de concentración, expuestos a armas químicas y muchos fueron ejecutados sumariamente por lo que la “restitución” es un factor totalmente apropiado para considerar -aunque ciertamente no el único- apoyar el establecimiento de un Kurdistán independiente en el norte de Irak.

En contraste, los palestinos han sufrido muchas menos muertes a manos de Israel (y de Jordania), pero muchos dentro de la comunidad internacional citan muertes palestinas como una justificación para el estado palestino ¿Por qué el doble estándar? Hay muchas otras razones de peso por qué los kurdos deben tener su propio estado. Primero, los kurdos iraquíes tienen su propia identidad, prácticas, lenguaje y cultura, son una nación coherente con profundos vínculos históricos con su territorio. Tienen instituciones nacionales que las separan de sus vecinos, su propio ejército (Peshmerga) y su propia estrategia petrolera y energética. El derecho internacional estipulado en el artículo 1 de la Convención de Montevideo sobre los Derechos y Deberes de los Estados establece las bases para el reconocimiento de la soberanía de los Estados.

El decreto establece:

-“El Estado como persona de derecho internacional debe poseer las siguientes cualidades: a) una población permanente, b) un territorio definido, c) el gobierno y d) la capacidad de entrar en relaciones con otros estados”.

El KRG cumple estos criterios, al menos lo mismo que los palestinos. Además, la región autónoma kurda en el norte de Irak -la más cercana que haya llegado a tener su propio estado- ha prosperado y mantiene relativa paz y orden contra el telón de fondo de un gobierno iraquí débil e ineficaz y una brutal guerra civil. Como tal, representa una apariencia de estabilidad en una región compuesta de violencia sangrienta, destrucción y estados fallidos. ¿Por qué Estados Unidos – junto con Rusia, la UE, China y la ONU – se enfrentan a la independencia para uno de los grupos étnicos más grandes sin un estado, cuando presionan tan duramente por el estado palestino?

El Departamento de Estado de Estados Unidos dijo estar “profundamente decepcionado” con la acción tomada, mientras que la Casa Blanca emitió una declaración llamándola “provocativa y desestabilizadora”.

Esencialmente, la comunidad internacional cita los siguientes dos factores por su amplio rechazo:

1.- Que causará un efecto desestabilizador en un Iraq ya frágil que puede reverberar en los estados vecinos con las poblaciones kurdas;

2.- Que el ofrecimiento de la independencia distraerá del esfuerzo más amplio para derrotar ISIS – lucha que está siendo llevada en gran parte por las fuerzas del Peshmerga Kurdo.

Estos argumentos no son convincentes. Irak es un estado fallido que ha estado plagado de guerra civil durante los últimos 14 años, y la población kurda en su norte representa la única estabilidad real en ese país, asumiendo también el mayor papel militar en la lucha contra la ocupación del territorio iraquí por parte de ISIS.

Tampoco hay nada que sugiera que un Kurdistán independiente deje de cooperar con la coalición anti-ISIS. En todo caso, el interés en el mantenimiento de su nueva soberanía sería mayor. Además, los kurdos iraquíes fueron un socio clave para la coalición estadounidense que derrocó el régimen de Saddam Hussein y ha evitado tensiones sectarias en ese país. Una cosa es clara: si Estados Unidos continúa descuidando a sus “amigos” y aliados en la región -los que están en primera línea en la lucha contra ISIS- el daño a su credibilidad sólo aumentará.

Israel es la única democracia occidental capaz de salir en apoyo de la independencia kurda en el norte de Irak. Se podría esperar que la Autoridad Palestina (AP) – que ha utilizado cínicamente los foros internacionales para impulsar la autodeterminación de los palestinos – respaldara los esfuerzos kurdos por la independencia. Sin embargo, mientras buscaba el reconocimiento de su propio derecho al estado, la AP en cambio suscribió la posición opuesta de la Liga Árabe.

Esto es lo que Hasan Khreisheh del Consejo Legislativo Palestino dijo sobre el referéndum:

“Los kurdos son una nación, igual que los árabes, franceses e ingleses. Pero este referéndum no es un paso inocente. El único país que los apoya es Israel. Ya que Israel está apoyándolos, entonces desde mi punto de vista, tenemos que tener cuidado.

Claramente, no hay límites a la hipocresía de la Autoridad Palestina.

Tampoco hay límites a la hipocresía de los estudiantes universitarios y profesores que se manifiestan tan clamorosamente por el estado palestino, pero ignoran o se oponen a los kurdos. ¿Cuándo fue la última vez que se leyó una proclama en favor de los kurdos en una manifestación en un campus universitario? La respuesta es nunca. Nadie que apoye el estado para los palestinos puede oponerse moralmente a la independencia kurda. Pero lo hacen, porque es la doble hipocresía estándar, y no la moralidad, lo que enmarca el debate sobre el conflicto israelí-palestino.

© Gatestone Institute 

Versión en español: Por Israel