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El golpe del #18Oct de 1945: una acción democrática | Por Federico Boccanera

La Junta Revolucionaria de Gobierno de 1945, con Rómulo Betancourt en el centro 18/10/2017 11:31 AM

Federico Boccanera

Comentarista, articulista, comunicador ciudadano. Apasionado estudioso de la Política, autodidacta. Siempre del lado de la Libertad. Director Editor de La Cabilla. En twitter es @FBoccanera

Del 18 de octubre de 1945 se han dicho muchas cosas, incluso es posible que se haya dicho todo, ha sido una de las fechas más tratadas por la investigación histórica y política.

Reivindico su carácter revolucionario: permitió el ascenso al poder de una nueva clase social, y destrabó las puertas a la irrupción de una nueva sociedad política, de civiles y militares, gente nueva con preparación y un programa por fin ambicioso, sobre todo con una visión de país realmente modernizadora, y lo hicieron desalojando oligarquías enquistadas en el poder desde el advenimiento de la Revolución Liberal Restauradora en 1899 ¡cuarenta y seis años atrás! Cierto es que el positivismo andino sólo sería definitivamente derrotado en 1958, pero para ese entonces el cambio generacional ya había ocurrido, de hecho, el país mismo había cambiado irreversiblemente. El corte epocal, histórico, quirúrgico, que hizo posible ese triunfo final, fue el de 1945.

En 1945 el partido Acción Democrática pasó, como dice la primera palabra de su nombre, a la acción, pero esto no se trata de un juego de palabras, es la materialización de una audacia auténticamente revolucionaria, que ya había contagiado sus mentes desde 1928 y 1936, una audacia de esas que la historia pareciera implorar de vez en cuando, al caer en crisis de fecundidad, y de la acción se pasará también a la democracia, por coherencia desde luego, pero sobre todo porque la legitimidad será buscada desde el primer momento.

La favorable confluencia histórica de una población pacificada, que a pesar de graves carencias en todos los órdenes, había presenciado cambios y pedía más, con un grupo humano listo para el relevo político y militar, ya preparado y ansioso de afrontar el reto de la transición hacia la modernidad, permitió que la búsqueda de esa legitimidad democrática pudiera emprenderse desde el primer día. Se trata por cierto, de una situación muy distinta a la de hoy en día.

El porqué de una revolución con los militares se podría despachar de entrada explicando que la iniciativa golpista nace de ellos, y que AD fue invitada como coprotagonista civil en un segundo tiempo, pero no es algo tan simple: los cambios de poder en Venezuela fueron, son, y seguirán siendo obra de basamento militar, no solo por una lógica de fuerza.

Mientras el Estado siga dominando a la nación, y una sociedad civil crónicamente débil -cuando no minusválida- se manifieste incapaz una vez tras otra, de implantar una verdadera hegemonía democrática, esta lógica, más bien fatalidad, no cambiará, no mientras el petroestado rentista le siga otorgando a los gobernantes, un suprapoder omnímodo e incontrastable, un poder patógenamente oligárquico, de consenso blindado entre poderes promiscuos, donde la corrupción es lo único eficazmente constituyente.

Cuando ante una sociedad civil inerme, la sociedad política degenera en clase política y esta se apodera del país por medio de la colonización que hace de un estado todopoderoso, la ruptura histórica sólo puede venir de la derrota de esa clase en una guerra: no debería hacer falta mayor explicación.

Es por eso que el golpe del 18 de octubre de 1945, fue con militares, y al mismo tiempo, fue una acción democrática.

La historia, al fin y al cabo, no es otra cosa sino acción.

Y no excluye la repetición.

Nota del Editor: Artículo publicado originalmente, el 18 de octubre de 2015, en la antigua página de La Cabilla.