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El Holocaustódromo de Maduro | Por Edwin Ríos

Maduro baila. El pueblo padece. Es el Holocaustódromo chavista 12/02/2018 10:51 AM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

Ya el carnaval está en todo su apogeo. Se mezcla un mangle de cuerpos sobresaltados por la liberación de la moral. En el asueto seco del día, se salpica el sudor del pecado por todas partes. Se rosan los pechos que huyen del infierno acalorado. Aclaman el rocío del agua, si acaso en la mentira de enfriar el bullicio rojo de las almas; una mentira que encubre la intención verdadera de desenmascarar el perfil inequívoco de las mamas y de los cuerpos embravecidos en su gestación de pasiones. Una gestación que culmina nueve meses más tarde, en lo que llamamos “un bebé de carnaval”.

Si acaso es cierto que la fecha de nacimiento de Nicolás Maduro es el 23 de noviembre, entonces podemos decir que su gestación fue de carnaval. Bien pudo haber sido engendrado mediante el pecado, y ha sido sirviente fiel de esa causa.

La historia del carnaval se remonta a principios italianos. ¿Por qué no? Si ese es uno de los centros más importantes del catolicismo. El “carneval” es la celebración de la carne, del sexo, del pecado. Se celebra en pauta con el calendario religioso. Siempre culmina con el martes de carnaval, el día antes del miércoles de ceniza, que viene siendo el primer día de cuaresma. La cuaresma marca el recogimiento espiritual, donde tradicionalmente se restringe el sexo, y donde se practican las costumbres más radicales de purificación religiosa, en preparación para la pascua; la resurrección de Jesucristo.

La celebración de la carne y del espíritu son complementarias. Una no anula a la otra. Pero si desaparece una, la otra está destinada a morir. De hecho, se ha dicho que estamos en el período más pacífico de la historia de la humanidad. Ya estábamos acostumbrados en tener una calamidad de guerras o enfermedades de cada 100 años, que tenían la capacidad de barrer con gran parte de la población mundial. Eso es porque se concentraba el poder en una de tantas iluminaciones de la historia, pero luego esa alumbramiento era contrarrestado por un caos sin orden de entrada o salida. Y en ese rollo medievatico también desaparecía el orden, el punto fijo que dio origen al contrapunto indisciplinado. El andamiaje del orden desvanecía regularmente con ese péndulo de la historia.

Pero el carnaval ha caído como anillo al dedo. Maduro lo bonifica, y luego se hace responsable por la desgracia de los bebés engendrados, dándole un refugio especial a las mujeres en estado de gravidez. La fecha del 22 de abril, encausada para el pecado mortal de las elecciones presidenciales de Venezuela, representa casi tres meses después del engendro carnavalesco. Notable expedición del vientre que, ante una necesidad incondicional, podrá escaparse en ser abrazada y alentada por el cuerpo de Dios en la cuaresma, recogida ahora por las garras de Maduro en el infierno. Y así como la iglesia se burla del péndulo catastrófico de la historia con el desorden controlado del carnaval, de esa misma forma lo hace la democracia y el capitalismo, con el comunismo. El otro existe por el uno, pero si se destruye el otro, desaparece el uno. Con el comunismo efectivamente se congela el péndulo de destrucciones mundiales.

De hecho, con el comunismo se ha perfeccionado el capitalismo. Todos los días Maduro habla de la injerencia del imperio, sin darse cuenta de que, por él hecho de su propia existencia y de su pataleo ideológico y mediático, se han mejorado las condiciones mismas de la democracia y del capitalismo. Engels y Marx eran muy críticos de la condición infrahumana de los trabajadores durante el periodo temprano de la industrialización. Si ellos estuvieran vivos hoy, se sorprenderían de lo mucho que su intervención ha ayudado a la democracia y al capitalismo. Y aunque el invento del comunismo fue inútil e inservible para lograr una igualdad, ha servido como instrumento del capitalismo para perfeccionarse con ese mismo propósito. Maduro es el instrumento directo de su enemigo, y Marx estaría muy orgulloso de la estupidez perfecta con la que pudo engañar a los pobres ingenuos del mundo.

Con el caos controlado se despierta la competencia saludable. Aquella que no elimina al enemigo originario, sino que lo fortalece. El problema es que con esa competencia, cuando uno pierde, el otro gana. Esa es una regla general que siempre ha tenido vigencia, y una que Maduro ahora practica con el estímulo y auxilio de la gravidez. Pero la democracia se engrandece porque ha reconocido que el “uno” no puede ser el individuo mismo, sino la democracia entera. Y cuando la democracia gana, reconociendo y alterando sus propias fallas, en busca de su propia perfección, el comunismo termina perdiendo. Y en el fondo, todas las clases sociales de la democracia dan un paso hacia delante.

Pero Maduro, por otro lado, ha sido muy astuto, buscando alianzas que sean más caóticas que la suya propia. Él es un maestro del caos, que ha sembrado a otros desórdenes disciplinados, y eso lo mantiene vivo. En esto mismo se han convertido las fuerzas opositoras del país. En un grupo de dictadorsuelos de partidos, que no cumplen con un proceso de primarias y, que dadas las mismas oportunidades, podrían convertirse en otro tirano como Maduro.

Curiosamente, Delcy Rodríguez, ha creado otro partido, con el cual Maduro podría asistir a las elecciones. Este deslinde del PSUV parece sospechoso, tal vez en el sentido de que el PSUV está demandando primarias, o por lo menos un cambio de dirigencia, y no me sorprendería si el demandante principal es Diosdado Cabello. Si ese riesgo es real, Maduro aun puede participar bajo la formación de un nuevo partido. Pero si Maduro lo funda, como lo hizo Chávez antes del 1998, esto causaría mucho revuelo en el PSUV. Y claro, no nos debe sorprender si bajo esas condiciones, Maduro todavía gana las elecciones. Maduro entonces tendría que ser postulado como el político más carismático que ha tenido la historia humana, capaz de crear un partido y, en menos de tres meses, ganar unas elecciones presidenciales.

Sigamos bailoteando, festejando, y berbeniando nuestro futuro con el seno del demonio. En algún lugar muchos capitalistas, aun los más pobres, junto con Maduro, se estarán riendo de nosotros.