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El muro del racismo muestra sus grietas | Por Alfredo Cepero

Kanye West y Candace Owens. 02/05/2018 2:47 PM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

En noviembre de 1989 el ominoso Muro de Berlín cayó bajo el peso de sus abusos, su represión y sus injusticias. Hace sólo unos días el ignominioso Muro del Racismo en los Estados Unidos comenzó a mostrar las grietas de sus mentiras, su oportunismo y su corrupción. Los negros americanos han sido retados por hombres y mujeres de su propia raza a que rompan las cadenas de dependencia de una izquierda maligna que los manipula con el engaño para perpetuarse en el poder. Pero, a diferencia de la Proclama de Emancipación de enero de 1863 en que fueron liberados por Abraham Lincoln sin esfuerzo alguno por parte de ellos, esta vez los americanos de raza negra tienen que ser los actores de su propia liberación. Les llegó la hora de decidir si se resignan a seguir siendo instrumentos dóciles de intereses ajenos o toman las riendas de su destino para servir sus propios intereses.

Algunas personalidades negras de la farándula y del periodismo han decidido ponerse a la vanguardia de esta nueva causa emancipadora. Estos hombres y mujeres han demostrado estar dispuestos a poner en peligro su popularidad y su caudal financiero. La periodista conservadora, Candace Owens, formuló a la prensa unas declaraciones inauditas y valientes para ser hechas por una mujer de la raza negra.

La Owens se rebeló contra el "status quo" con estas palabras: "Creo que la comunidad negra no necesita limosnas. Creo que los demócratas nos han atado al pasado para impedir que seamos dueños de nuestro futuro. Y yo no me detendré hasta que los americanos negros se den cuenta de esta realidad. Yo no soy derechista, yo soy una mujer libre".

Lo que ya era un huracán político ganó intensidad cuando la mega estrella negra Kanye West escribió un tweet diciendo: "Me encanta la forma en que piensa Candace Owens". La policía ideológica de izquierda se apresuró a pasarle la cuenta. En menos de una hora Kanye West perdió 9 millones de seguidores en su cuenta de Tweet. ¿Cómo era posible que uno de los suyos apoyara a una mujer que se expresaba de esta forma en contra del dogma de la victimización de los negros?

Pero el rapero multimillonario no se dejó intimidar y le subió la parada a sus críticos. Publicó un tweet acompañado de una foto con Donald Trump y con una gorra desplegando el lema de "Make America Great Again". Y en una declaración aún más contundente la emprendió contra el Mesías negro diciendo: "Barack Obama estuvo en la Casa Blanca por ocho años y en Chicago no ha cambiado nada." Con esta conducta de desafío a sus críticos Kanye West demuestra ser un maestro del contra ataque como su amigo Donald Trump.

Otra grieta en el muro del racismo es la creada por las hermanas Lynnette Hardaway y Rochelle Richardson, dos comediantes negras devenidas en humoristas políticas. Con el nombre artístico de "Diamond and Silk", (Diamante y Seda), son ardientes defensoras de Donald Trump, cuentan con millones de seguidores en Facebook y llenan teatros en todo el país. Cuando la izquierda que controla Facebook trató de silenciarlas las hermanas se rebelaron.

Denunciaron el ataque en Fox News y llevaron su queja al Congreso de los Estados Unidos. Allí Lynnette "Diamond" Hardaway dijo: "Considero ofensivo, inaudito que Facebook catalogue a dos mujeres negras con opiniones políticas pacíficas como un peligro para la comunidad. Nosotras no amenazamos a nadie, no somos delincuentes, ni vendemos drogas". Facebook ha dado marcha atrás.

Ahora bien este muro de animosidad, desconfianza y rencor no fue construido de la noche a la mañana. Los republicanos se dejaron robar por los demócratas el prestigio bien ganado de su defensa de la igualdad racial. El republicano Abraham Lincoln fue el emancipador de los esclavos de piel negra. Cuando Lyndon Johnson patrocinó la Ley de Derechos Electorales de 1965 tuvo que pedirle ayuda a los republicanos en el Senado. Sin ellos, el proyecto de ley no habría sido aprobado. El 94 por ciento de los republicanos votó a favor del proyecto frente a sólo el 73 de los demócratas, entre ellos el padre del demagogo Al Gore. Ironías de las ironías, en una reciente encuesta el 50 por ciento de los americanos respondió que Abraham Lincoln era demócrata.

Por otra parte, la extensa legislación promovida por Johnson y conocida como La Gran Sociedad, fue un fracaso en muchos de sus aspectos. La comunidad negra necesitaba ayuda pero no limosnas sino oportunidades de superación individual. Así es como se crea hombres libres y no ciudadanos dependientes del gobierno.

La Gran Sociedad creó una comunidad parásita que se acostumbró a vivir de las larguezas del gobierno. Instituyó programas y dependencias encaminadas a priorizar oportunidades para las minorías negras sin exigirles rendimiento en sus actividades ni responsabilidad por sus actos. No hay racismo más deplorable que el considerar a un ser humano incapaz de decidir su destino.

El peor de los daños fue señalado por un erudito y abanderado de aquella izquierda moderada que desapareció con Barack Obama. El brillante senador por el estado de Nueva York, Daniel Patrick Moynihan, en un tiempo en que desempeñó la cartera del Trabajo, dio a la publicidad un explosivo y revelador estudio estadístico. Según Moynihan, la familia negra, bajo la presión de la pobreza y la urbanización, estaba mostrando señales de desintegración. Los niños negros eran criados por sus madres porque cada día había menos hogares con la presencia y el ejemplo de un padre. La fórmula trágica que vacía escuelas y llena cárceles.

Así llegamos a los tiempos tormentosos de Barack Obama y de sus aliados en la división radical y racial de la sociedad norteamericana. Este hombre talentoso y carismático ganó dos elecciones ocultando su ideología y sus verdaderas intenciones. Se presentó como el americano que no creía en otros colores que los de la bandera. No había negros ni había blancos, había americanos. Escondió su racismo tal como Fidel Castro escondió su comunismo. Y como el tirano de Cuba, se rodeo de incondicionales y desplegó al final sus verdaderos colores.

Cuando en 2009 un policía de Cambridge, Massachusetts, arrestó al profesor de raza negra Henry Louis Gates Jr por forzar una puerta para entrar a su residencia, Obama dijo que el agente había actuado en forma estúpida. La realidad es que Gates había olvidado la llave y estaba tratando de entrar en su propia residencia pero eso no lo sabía el agente del orden. Obama se vio obligado a dar marcha atrás e invitar al profesor y al policía a la Casa Blanca.

Cuando en febrero de 2012, George Zimmerman dio muerte al joven negro Trayvon Martin, Obama contaminó el proceso judicial con declaraciones que no debe hacer el jefe del Poder Ejecutivo. Dijo que Martin bien podría haber sido su propio hijo. A pesar de esta interferencia de Obama el jurado declaró inocente a George Zimmerman.

Cuando en agosto de 2014, el policía Darren Wilson dio muerte al joven negro Michael Brown para evitar que éste le arrebatara su pistola, Obama y su Fiscal General Eric Holder desataron toda la fuerza del gobierno federal contra el agente. Darren Wilson fue declarado inocente por el jurado pero se vio obligado a mudarse de su ciudad natal de Ferguson, Missouri, para preservar su vida y la de su familia. En los tres casos, Obama vio los acontecimientos a través del lente de sus prejuicios raciales. Esos fueron los Estados Unidos que encontró Donald Trump cuando llegó a la Casa Blanca.

Con ese país y dentro de esas deplorables circunstancia Donald Trump ha logrado crear condiciones encaminadas a la armonía entre las razas. Lo ha hecho con sus medidas para estimular la economía, creando oportunidades de empleo y reduciendo las tasas de desempleo para todos los americanos de todos los sexos y todas las razas. Los negros y los hispanos han sido los principales beneficiarios de esas políticas.

Pero lo más importante es que, a diferencias de otros presidentes, Trump se ha dirigido directamente a los americanos de raza negra y les ha dicho que quiere su bienestar y se propone ganarse su apoyo. Esto tiene temblando a los demócratas porque ampliará las grietas que han empezado a verse en este horrible muro del racismo, sin el cual no podrán ganar elecciones. De hecho, es muy posible que estemos siendo testigos del final de la Plantación de Izquierda para los americanos de raza negra.