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El negocio de la conspiración en Venezuela | Por Federico Boccanera

(Una muestra de los candidatos favoritos del negocio de la conspiración) 24/03/2018 10:00 AM

Federico Boccanera

Comentarista, articulista, comunicador ciudadano. Apasionado estudioso de la Política, autodidacta. Siempre del lado de la Libertad. Director Editor de La Cabilla. En twitter es @FBoccanera

La conspiración “cívico-militar”, ha sido una constante en la historia de Venezuela, en la fuerza armada (FA) nunca se detuvo, ni siquiera durante los 40 años de supuesta “paz civilista” desde 1958 hasta 1998, un gran libro (o enciclopedia) que exponga la historia de las conspiraciones en Venezuela, sería de gran utilidad, para comprender los mecanismos ocultos detrás de cada intento, y no se trata de un contagio de “conspi-paranoia”, afectando al redactor, porque el conspiracionismo es otra cosa, el conspiracionismo es como aquellos hombres que veían por primera vez un automóvil, y buscaban donde andaba metido el caballo.

Sobre el tema de la conspiración como una constante histórica, se desconoce demasiado, y eso nos condena a un permanente infantilismo en la interpretación de hechos del pasado y del presente. Nos impide visualizar, por ejemplo, la componenda permanente entre la derecha (gomecista, post-gomecista, y no solo) y los comunistas, en contra de la democracia. Si pudiésemos superar esta infancia forzada, veríamos como existe un proceso de posguerra que comienza en Medina Angarita con el PCV en 1945, para después seguir un curso subterráneo poco estudiado, que vuelve a aflorar en las vicisitudes que desembocaron en el golpe de estado de 1993, contra Carlos Andrés Pérez. Hay gente que no entiende, cómo es posible que los Boulton apoyaran tanto a Chávez para llevarlo a la presidencia, hay gente que no entiende que un Vollmer ande de carantoñas con Maduro, esa gente que no entiende, son como niños.

Pero la historia de la derecha venezolana acostándose con comunistas, para tratar de acabar con la democracia y sobre todo con un demonio llamado Rómulo Betancourt, y lo que consideran su obra (que en realidad termina en 1969, pero eso nunca se recuerda), esa otra historia, de paso historia de alto tenor conspirador de parte y parte, porque también se “nos olvidó”, que la insurrección de la generación del 28 no fue solo de estudiantes, había militares “compañeros de generación”, incluyendo un hijo de López Contreras, metido en la candela, esa historia dista mucho de haber sido contada a plenitud.

El Doctor Enrique Tejera París, que conocía la historia por haberla hecho en muchas partes, en conversaciones personales que sostuvimos durante un tiempo, me iluminó sobre el tema, y me iluminó también sobre el aspecto folclórico de la conspiración, aún recuerdo sus relatos sobre cómo es la dinámica de los grupos golpistas, como pululan, y como se multiplican casi de la nada el día del golpe, sus codazos en la repartición inminente, las intrigas y sorpresas que cunden al destaparse los gallos. Sobre el tema, hablaba alguien que vivió plenamente cinco golpes: 1945, 1948, 1958, 1993 y 2002, y aún recuerdo vivamente, cuando llega a la conclusión de como el golpismo degrada, de gesta emancipadora, a simple negocio, a simple “chamba”, siguiendo un proceso inexorable de mediocrización en los hombres, algo que pudo constatar sin sombra de duda, en los últimos años.

Los golpes, el genuinamente revolucionario de 1945 y el genuinamente conservador de 1948, el golpe democrático del 58, el golpe esperpéntico de 1993, y el golpe vacío, vacío de todo, de 2002, nos muestran la paulatina degeneración de las clases política y militar en Venezuela.

No es objetivo de este artículo, hacer un análisis de estos golpes (aplicando conocimientos de historia para los tres primeros y de patología para los dos últimos) sino más bien exponer la situación actual. El que quiera buscar paralelismos, convergencias o divergencias puede hacerlo, pero para este servidor están claras dos cosas, que la degeneración militar y política, y el tipo de poder incomparable, establecido por la empresa trasnacional chavista, hace muy difícil cualquier ejercicio de anatomía comparada.

Los golpes del 45, 48 y 58 fueron con hombres que bien o mal, cualquiera de ellos pasaría por estadista comparado con las miniaturas actuales, y los movimientos que los impulsaron obedecían a un plan de nación, nos gusten o no nos gusten.

Los golpes del 93 en adelante son golpes de decadencia, en todo sentido, primero la decadencia de un país, encantado con la reaparición del Minotauro Militar, y en 1993 se manifiesta también la decadencia senil y momificada de algunos que, de los golpes anteriores, habían salido beneficiados.

La babel del 93

1993: más de sesenta años de rentismo, y en descomposición acelerada en los últimos veinte, no son una broma y dejen una secuela de esterilidad profunda, que se manifiesta en el proceso de lumpenización de la sociedad, comenzando por sus élites, pero además los hechos de 1993 muestra una vez más, la complicidad eterna de una elite de derecha cuya expresión más antigua es gomecista y post-gomecista (pero no es su única expresión) enemiga histórica constante de la democracia, y sobre todo del “proyecto adeco”: son “los notables”, los tontos útiles más tontos de la historia, y no son los únicos, de hecho, las intentonas del 92 y el golpe del 93 se dan en medio de una situación donde no hay unificación conspirativa en lo ideológico, lo del 93 fue una babel, que solo funcionó para desalojar al único enemigo en donde pudieron ponerse de acuerdo: CAP.

2002, el vacío de país

El 11 de abril de 2002 y los días siguientes, fueron de suicidio colectivo a escala nacional, en medio, no de un “vacío de poder”, sino en medio de un vacío de país, en donde el país militar, el país civil, el país político, el país de cualquier estamento, ninguno de ellos fueron alternativa de poder, y solo fueron, la expresión de una carencia aterradora de cualquier cualidad y de cualquier potencial, hasta para poner orden en sus propias decadencias.

El golpe de 2002 le confirmará a Chávez la certeza de la perenne debilidad civil, en donde la sociedad civil -si es que eso se puede llamar así- se presenta fracturada y sale molida, Fedecámaras en su trama, la CTV por otro lado, y los partidos en ninguno, con la iglesia pontificando sobre purezas sucesorales, los poderes públicos cobijados en sus madrigueras, a la espera de anotarse a ganador, y el río de gente de horas antes, esfumado su caudal como en un espejismo.

En cambio en la FA no hay molienda, hay sí, tiburones luchando por encontrar agua en la cual nadar, hay generales en perplejidad, y generales desubicados y generales muy bien ubicados, la casa militar, intocada y monolítica, es el signo más alentador, finalmente, aparecerá el rey mago del sincretismo militar resucitando a Chávez al tercer día, sin que nadie salga al paso, y todo habrá ocurrido casi que de principio a fin, puertas adentro de una casa club, que sale del trámite con los aporreos menores, típicos de las rumbas que se descontrolan, de hecho, las reales posibilidades de fractura se comprobarían después en el patetismo teatral de Plaza Altamira, donde se demuestra que este grupo tanto le preocupa al poder, que no interrumpe la función, en cambio, la permite para poder cosechar toda la información que necesitaba, y en medio de esta farsa, que de increíble tiene el hecho de no haberle parecido una ridiculez, a “gente avezada” que se supone con cacumen, en medio de la farsa, el bendito sector “institucional” será como una sombra en noche sin luna, en una cueva: si existe, es un secreto demasiado oscuro…

La peripecia del 2002 le confirma a Chávez, que todo el trabajo de establecimiento de su poder, de su consolidación, es un trabajo que deberá seguir haciéndolo en la FA: los civiles, no tienen remedio.

Once años después, la fuerza armada será su legado.

La FA el verdadero legado de Chávez

La fuerza armada nacional bolivariana es la obra más acabada de Hugo Chávez, la que verdaderamente pudo concluir antes de morir, es su verdadero legado, y es la culminación histórica de un largo proceso de convergencia -que el chavismo encuentra natural- entre el militarismo político venezolano y el sistema político militarista por antonomasia, el comunismo, el cual transforma a sus líderes en comandantes, a las sociedades en ejércitos, a los ciudadanos en tropa, y consagra un estado de guerra permanente.

El supuesto fenómeno del descontento militar reapareciendo años después, no puede evaluarse en forma completa, si se prescinde del hecho que la fuerza armada también se ha convertido en una confederación de mafias, que es lo constituyente en el Estado chavista, y que esta confederación no es ajena a la guerra entre bandas que observamos en el sector civil, con pugnas que apenas se logran disimular y hasta deserciones clamorosas. El caso reciente y muy ilustrativo del mayor general retirado Clíver Alcalá Cordones, por la naturaleza del personaje y su historial, no implica descontento militar, sino guerra a muerte dentro de un sindicato del crimen.

Estas mafias militares son intocables y han acumulado riqueza y poder no por abuso, sino por designio supremo del estado chavista, cuya constitución de 1999, eliminó el requisito de la autorización civil para los ascensos a oficiales superiores y les otorgó el privilegio del antejuicio de mérito, eliminó la prohibición del ejercicio simultáneo de la autoridad militar y civil, eliminó el carácter apolítico y no deliberante de la institución militar, concedió a los militares el derecho al sufragio, y lo más importante, estableció una doctrina de seguridad de la nación y defensa integral, que debe regirse por el principio de “corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil”, el cual debe ejercerse sobre “los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar”1.

Doctrina que al convertir todos los ámbitos de desenvolvimiento y desarrollo de la nación, en asuntos que conciernen la seguridad del Estado (poniendo de primero al económico, y así aparece en el mismo texto constitucional), por “corresponsabilidad y defensa integral”, se convierte en la base constitucional de la unión cívico militar, del tutelaje militar de todos los poderes y de la militarización del Estado, y por deber de “seguridad nacional”, justifica la conversión de todo asunto de orden público, en asunto de orden interno (toda alteración de la paz ciudadana, es un complot contra el Estado), y respalda la actual doctrina militar de “guerra popular” prevista en el “Plan Zamora”, preámbulo de la futura “ruptura histórica” derrotando al enemigo interno.

Esta doctrina por lo amplio e ilimitado de su alcance es la base del Estado totalitario chavista, el cual es, un Estado militarizado.

La fuerza armada, el gran emporio floreciente

La fuerza armada en Venezuela, no solo se ocupa de su deber tradicional, de hecho gobierna, lo hace con militares activos en rol de ministros y directores sectoriales, y, considerada en conjunto, conforma el principal núcleo empresarial, público y privado, legal e ilegal, del país. Y hay algo más, algo que se obvia con torpe, irresponsable o sospechosa facilidad: no es la única fuerza armada.

La FA gobierna y se ha hecho con el sector “público-legal”, es así como el ejército controla nueve de los catorces ministerios relacionados con el área económica y de infraestructura. Un mayor general de la guardia nacional bolivariana (GNB), es ministro de Petróleo y presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), son militares desde luego, los que dirigen la también estatal “Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas” (CAMIMPEG), adscrita al ministerio de la defensa, desde el cual se manejan además otras diez empresas que aportan al “desarrollo económico” de la FA. Por lo tanto, se encuentran en manos militares, los sectores que generan la renta tradicional del estado venezolano.

La realidad de estos últimos años, de destrucción acelerada del mercado, y creación simétrica del gran precariado nacional, nos revela que a los militares le corresponderá la administración, la importación y la distribución de los productos, sobre todo alimentarios, para atender al grueso de la población. Emporio en donde los militares actuaran con sus necesarios testaferros y contratistas civiles, pero será un negocio militar. Y no está demás recordar, que el ministro de la defensa, el general en jefe Vladimir Padrino, es también el jefe de la “Gran Misión Abastecimiento Seguro”, y que otro militar activo, es el ministro del “Poder Popular” para la alimentación.

Y también está siendo controlada por militares, el buque insignia del Estado rentista, PDVSA, la salida de Rafael Ramírez no es por guerra interna (que si existe), pero corresponde a la determinación estratégica de asignar PDVSA a la fuerza armada. Es la culminación de una transferencia que involucra a todo el sector minero. El valor de la empresa transnacional chavista tiene como únicos respaldos materiales, los recursos minerales y la favorable ubicación geográfica del territorio, por lo tanto, no debería costar tanto entender que el sector militar, es el llamado a defender y salvaguardar los intereses del Estado privado chavista y sus socios, Rusia, China e Irán, que además de proporcionar las armas, accederán a aprobarle lucrativas concesiones de poder interno y estatus.

En el sector “privado-ilegal” la existencia de mafias militares dedicadas al narcotráfico y a cualquier otro tráfico, desde armas hasta combustible, incluyendo tráfico humano, y otras actividades ilícitas, ya se ha vuelto “tradicional” y estructural, porque incluso data de antes de la llegada del chavismo al poder.

Y esta actividad económica portentosa, necesariamente se extiende a cuantiosas inversiones seudo-legales, de legitimación de los capitales provenientes de sus “emprendimientos”, las cuales por cierto, incluyen medios de comunicación y partidos políticos, sean sumisos al Estado o en apariencia independientes o de oposición.

Maduro, el gran señuelo

Nicolás Maduro es un encargado, debe ejecutar sin vacilación un trayecto crucial dentro de la precisa planificación del Estado chavista, no debe arbitrar, no debe meterse en ninguna confrontación interna, ni civil, ni militar, no es su tarea, y la selección es acertada, porque a la postre Maduro no es ni civil ni militar, no es civil por lo interiorizado de su disciplina, y no es militar, por no haber sido iniciado en un templo castrense. Y si llegase a caer, porque por una razón u otra se determina que su asignación se ha cumplido, su salida de Miraflores (sin dolientes y costo para la FA) será el sacrificio de un peón, no el jaque mate que algunos candorosos bobalicones creen.

No es fuerza armada, son las fuerzas armadas

Anteriormente, antes de la llegada al poder del chavismo y la imposición ilegitima de la constitución de 1999, a la institución militar se le denominaba oficialmente “fuerzas armadas nacionales” porque constaba de 4 fuerzas, hoy en día, se le debe llamar “fuerza armada nacional”, en singular, y las fuerzas ahora son “componentes”, sin embargo, se debería considerar seguir usando el plural de “fuerzas armadas”, porque en la actualidad, es lo que verdaderamente corresponde con la realidad de los distintos grupos armados al servicio del Estado: en Venezuela no existe una única “institución” armada.

Y para poner un ejemplo significativo, el general Miguel Rodríguez Torres sale del poder al final de una trama sangrienta, la del 2014, en donde todos los ejecutores no están bajo su control, y pierde finalmente en su enfrentamiento contra una o más de estas fuerzas armadas, en particular los colectivos, demostración del poder de estos grupos, y demostración de que hay fuerzas que gozan de un amparo que, ni el más inescrupuloso esbirro devenido en ministro, puede contrastar.

Estas otras fuerzas armadas, se supone que constituyen el sector supuestamente popular, del “pueblo en armas”, preparado para algún día participar de la “guerra zamorana” contra el enemigo interno, el enemigo histórico, porque esa guerra deberá hacerla “el pueblo junto a la FA” ¿y por qué debe ser así? porque será el paso indispensable para consolidar el estado espía, el estado policial, el estado terrorista. A propósito, ya vimos otra pequeña demostración durante la masacre de El Junquito, donde Oscar Pérez y su grupo fueron ajusticiados, y en donde ambos sectores, militar y miliciano, se presentaron en el “teatro”, no sin ciertos choques -inevitables entre manadas hamponiles- los cuales no suponen otra cosa que una disputa entre verdugos, en medio de lo que debía ser una ejecución pública.

Por cierto, estas “fuerzas armadas” pluralizadas, según el parecer de algunos estudiosos del fenómeno, no deben llamarse paramilitares, sino "milicia", porque no actúan con autonomía operativa, sino que son emanaciones leales y obedientes de un Estado militarista-mafioso totalitario, y en muchos casos, han recibido entrenamiento terrorista importado por ese Estado, de Cuba, del País Vasco, de Palestina, del Líbano, al santuario Venezuela.

¿Militares contra militares?

Una fuerza armada instalada en el poder como nunca en la historia, rica y poderosa como nunca en la historia, y rodeada de otras fuerzas amigas nacionales e internacionales, que disfrutan también de un sueño hecho realidad, como es el de un estado petrolero comunista, abierto y promiscuo, que cobija y nutre a terroristas, guerrilla, mercenarios, cuerpos armados del crimen organizado (mafias y carteles), del hampa organizada (colectivos y pranes), paramilitares, etc, etc, sin distingo de raza, condición social, religión, nacionalidad, estatus político y tendencia criminal.

Ante esta realidad que nadie puede negar o subestimar, algunos pronósticos alucinados por parte del “golpismo”, en los cuales se anuncia que “se caerán a tiros entre ellos”, además de demostrar total ignorancia sobre lo que menos desean los militares en su vida, implica un incompetente desdén hacia lo obvio, porque si llegaran a caerse a tiros, pueden apostar que será por sus negocios, o por reparto de botines y territorios. Francamente, si algo denota torpeza de entendimiento, hasta de lo más elemental, de lo que está a la vista, es esto.

Además, el supuesto sector civil del posible golpe militar no puede ser más improbable, porque al presentarse como se presenta, sin mostrar preparación, organicidad, sobriedad, prudencia, inteligencia ni RESPONSABILIDAD, no puede ser tomado en serio. Este es un tema relacionado con el negocio de la conspiración que se tratara más adelante.

Lo que viene haciendo la administración Trump, dándole señales de luz verde a los militares venezolanos para un golpe, es super tardío, y demuestra que pareciera que no han terminado de entender, el meollo del poder en Venezuela. De paso, es de esperar que no sean ciertas, algunas informaciones que afirman que, en ciertas esferas, se cree que Diosdado Cabello o incluso un espécimen como Jesús Suárez Chourio, son ganables o aprovechables para la causa, esta sería la confirmación de una profunda incomprensión, y muy probablemente de que los promotores de estas “ideas”, han caído en el negocio de la conspiración, y se han convertido sin quererlo, en su principal promotor.

En la fuerza armada debe emprenderse una tarea ardua, no apta para impacientes, de infiltración y conspiración “inversa”, y la llamo inversa porque ha de reproducir en cierto modo, lo que el castro comunismo hizo por años en Venezuela, con muchas instituciones, no solo la militar. No va a ser fácil, porque los vamos a estar combatiendo en su especialidad: la anticipación, la caza de venados (poner trampas), la creación de rumores, la creación de señuelos, la simulación de descontentos, la emboscada, y, el negocio de la conspiración.

El negocio de la conspiración

El negocio histórico de la conspiración me fue revelado y hasta con derroche de exquisito humor, por el doctor Enrique Tejera París, y otro personaje más cuya identidad no puedo revelar, pero que igualmente se trata de alguien conocido y respetado (con merecimiento). Los relatos se remiten al pasado y al presente, y coinciden en forma sorprendente: se trata sin duda alguna, de un método decantado en el tiempo, y de comprobada eficacia.

Desde hace unos años campea este particular negocio, y desde hace unos meses ha tomado fuerte impulso, sobre todo en ciertas mecas del exilio, es un negocio del cual se aprovechan militares activos, retirados, e intermediarios civiles, todos beneficiarios de la generosa obra de tontismo útil, a la cual se prestan periodistas “prestigiosos” de la fuente militar, “militarólogos” de agudeza pulidamente obtusa y “halconólogos” que pretenden demostrar que cada you're fired de Trump, es un paso previo decisivo para activar la operación “Just Cause 2”, contra el Noriega venezolano. La acción de estos tres grupos, bastante influyentes en la desamparada opinión pública, resulta indispensable para crear el “clima”, el “ambiente de caída”, ese que mucha gente llega hasta a oler y a “sentir” en todo, y que la impulsa a la clarividencia espontánea del “va a pasar algo”.

Pero ¿en qué consiste el negocio de la conspiración? pues en confeccionar y vender tramas conspirativas y golpistas, cuyo balance entre realidad y ficción puede ser variado y variable, de acuerdo con el gusto de los destinatarios, y la calidad y abundancia de los rumores.

Los destinatarios, que bien podrían llamarse “los venados”, en lo que podría describirse como una cacería de gente u organizaciones incautas, sobre todo del exterior, donde estos venados (muchos con complejo de halcón) son “targets”, a los cuales debe sobrarle plata y credulidad. Y esto de conseguir crédulos es sencillo, porque abundan, pues se requieren años de estudio y experiencia, para afinar el olfato con respecto a la micropolítica venezolana rentista, sus nichos ecológicos y criaturas. Sin duda la abundancia de crédulos, muchos de los cuales con buena chequera, es uno de los atractivos principales que ofrece el mercado para esta actividad.

Una constante en los teatros que cuidadosamente levantan para seducir a sus víctimas, es que siempre hay abundancia de rangos militares, abundancia de guarniciones, abundancia de cañones, abundancia de tropas y… escasez de dinero.

El negocio es curioso porque casi siempre debe contar con colaboradores intermedios que deben creerse lo de la trama, y que generalmente son premiados con la promesa de una colocación en “la junta”, u otras prebendas futuras, y después de creerse eso también, hasta cooperan en forma ad honorem con los estafadores, en la operación de búsqueda, ubicación y raqueteo de los venados sueltos, porque también creen que el dinero recolectado será destinado a la noble causa, lamentablemente existe gente así, y con sabiduría muy venezolana, pasa siempre por gente “enterada”, perspicaz y sagaz.

Hasta aquí, el negocio podría pasar por un ejercicio muy condenable de viveza y de talento para el timo, pero en realidad produce un daño, y cumple, a sabiendas o de pura ingenuidad, una verdadera función de saboteo del verdadero esfuerzo de oposición, resistencia y conspiración contra el Estado chavista, al crear distracción, confusión, desprestigio, desaliento, desconfianza, dispersión, para no hablar de la facilidad con que estas bandas de seudo-conspiradores son infiltradas, o incluso creadas, por el enemigo.

Porque de eso muchas veces se trata este negocio.

Una conclusión desalentadora y alentadora

El “material humano” más a la mano para poder conspirar, no ha mejorado nada desde 2002, de hecho, ha empeorado hasta un punto de coagulación cognitiva y oportunismo ramplón, que este servidor en muchos casos considera irreversible.

Si por fin llegáramos a la conclusión de que el país ya no existe, y el 2002 lo certificó en forma abrumadora, todo plan de verdadera conspiración ganaría en claridad y precisión. Sonará terrible, pero la lograda y prolongada inexistencia del país, otorga un montón de ventajas aprovechables. La consistencia de la anomia siempre es blanda.

Pero aprovecharse de esa "blandura ventral", requiere de un tipo de inteligencia, que, en todos los predicadores de golpes e intervenciones, y en todos los vendedores de paquetes conspirativos, sea por negocio, ingenuidad, o ego desbordado, esa inteligencia indispensable, brilla por su ausencia. Por ahora.

@FBoccanera

1 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, capítulo II de los principios de Seguridad de la Nación, art. 326.