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El Pacto de Santo Domingo: La bolsa o la vida | Por Antonio Sánchez García

No es una negociación, es un robo a mano armada con cómplices. 14/12/2017 10:30 AM

Antonio Sánchez García

Historiador y Filósofo de la Universidad de Chile y la Universidad Libre de Berlín Occidental. Docente en Chile, Venezuela y Alemania. Investigador del Max Planck Institut en Starnberg, Alemania. En twitter es @sangarccs

“No hubo ni un ejemplo de oposición enérgica, de hombría ni de firmeza. Sólo pánico, huidas y transfuguismo. En marzo de 1933 había millones de personas dispuestas a combatir. De la noche a la mañana se vieron traicionadas, sin dirigentes y sin armas…Este fracaso moral estrepitoso de los dirigentes de la oposición fue una de ls características básicas de la “revolución” de marzo de 1933 que facilitó sobremanera el triunfo de los nazis.”

Sebastian Haffner, Historia de un alemán, Págs. 142-143. Barcelona, 2001.

Quien se haya encontrado en la situación extrema de un asalto a mano armada, en despoblado, nocturnidad y con alevosía, sabe perfectamente cuáles son los límites máximos alcanzables en tan compleja circunstancia. Sería absolutamente hipócrita sostener que bajo esas circunstancias es posible sostener un diálogo y “negociar” con los asaltantes, que presionan el cañón de sus pistolas en tus sienes. A no ser que el único bien que le reste al asaltado, luego de permitir ser ultrajado, maniatado, abusado y robado, sean su vida y las de los suyos. En rigor, si por negociación, tal como lo define el empresario asesor del diálogo gobierno-MUD Jorge Roig se entiende: “Tú tienes algo que yo quiero y yo tengo algo que tú quieres. Vamos a ver si la podemos intercambiar”, lo cierto es que tales términos están absolutamente fuera de lugar: el asaltante no tiene nada que yo quiera, salvo tal vez las armas y su decisión de jugarse la vida por asaltarme, matándome si es necesario. Y yo tengo, muy por el contrario, todo lo que él ya tiene: todos mis bienes de fortuna, ya encaletados en mi camioneta y debidamente asegurados como para salir huyendo cuanto antes con su botín.

Si salvo con vida, no se debe a negociación alguna. Pues no soy un rehén sino una víctima. Se debe a un extraño azar de la circunstancia. Al comprobar mi absoluta disposición a no oponer la más mínima resistencia, se llevó lo suyo y me perdonó la vida. Más por ahorrarse algunas municiones y evitarse el sangrero, que por resultado de alguna “negociación”. Son los términos objetivos de una situación de asalto, invasión, apropiación indebida, hurto y robo con violencia. En la mayor impunidad y dejando a las víctimas en la mayor impotencia. Un asalto del que los asaltantes lo obtuvieron todo, y los asaltados nada. Salvo su vida.

¿Es extrapolable la dramática situación descrita, que mi familia y yo viviéramos literalmente en el mes de marzo de este año que ya muere, a los diálogos y negociaciones celebradas y por celebrarse entre los detentores del Poder y los representantes de los partidos políticos supuestamente opositores? Yo y una mayoría muy calificada de ciudadanos legítimamente opositores sostenemos que sí. Que los términos del diálogo o la negociación que sostiene la MUD con el gobierno son absolutamente dispares, desiguales, injustos en su esencia y condenados al fracaso por su propia naturaleza. Y ello, precisamente, por partir del falso supuesto de la perfecta igualdad de dialogantes y negociadores, por los derechos que les asistirían por igual a unos y otros, porque unos y otros serían meras piezas de un legítimo intercambio en que “yo tengo algo que tú quieres y ellos tienen algo que queremos nosotros”. Jorge Roig dixit.

Es la falacia, la incongruencia, la falsía consustancial a los términos con los que Jorge Roig describe sus empeños negociadores en una entrevista sostenida con el periodista Hugo Prieto, del medio de la red llamado PRODAVINCI. En ella, los contendientes de un enfrentamiento mortal que acarrea la pérdida de una nación, con todo lo que ello significa y representa, son tratados con la indiferencia de quien observa un partido de béisbol. Se trata de iguales, así, en la práctica, unos sean los asaltantes que irrespetan todas las reglas del juego, y los otros, sus victimas. Un juego perfectamente organizado para que el vencedor, siempre, sea el asaltante. Y el vencido, por los siglos de los siglos, el asaltado. 

En lo único que acierta es en el reconocimiento del estado de fuerza que condiciona tal diálogo o negociación. ¿Cómo no hacerlo si el asaltante terminó corrompiendo y ganando para su causa al guardián de los asaltados? Volviendo al ejemplo del asalto: a los asaltantes no les arrancó la camioneta y quieren negociar mi vida a cambio de que nos quedemos paralizados, sin movernos, asistiéndoles en cuanto esté a nuestro alcance, hasta que ellos la reparen y puedan quedarse con los asaltado. O, en el colmo del descaro, les auxiliemos obteniéndoles otro vehículo en el vecindario. Que si el propio se los estropeó por su mal manejo, debemos además cargar con la culpa. Y de paso, si la camioneta no arranca, huir a campo traviesa y dejarles la casa con nuestro verbal y escrito, documentado reconocimiento. Además de exigir se les condone todo crimen y toda deuda. ¿Negociación? Yo te aviso, Chirulí.

¿Qué ha sucedido para que tales asesores y sus mandantes hayan olvidado que Venezuela es una casa asaltada, que sus habitantes mueren de mengua por causa del asalto, es más: que si está en el lamentable estado de miseria, ruina y abandono en que se encuentra se debe a una política devastadora cuyo fin es terminar de arrasarla voluntaria, expresamente y a propósito para montar el único gobierno y régimen al que aspiran: un sistema tan castrocomunista como el cubano, al que por lo demás sirven? ¿O es que la MUD ha terminado por aceptar la legitimidad de un gobierno ilegítimo, tramposo, entregado en cuerpo y alma a la tiranía cubana? 

¿Por qué tan científicos, sabios y experimentados asesores – el mismo Roig, Colette Capriles, Luis Vicente León y los otros expertos que les acompañan, se niegan a decir una sola palabra sobre la naturaleza, la filosofía y la estrategia que asiste a los asaltantes? ¿Por qué se niegan a reconocer los derechos constitucionales, históricos, antropológico culturales y religiosos que nos asisten, mientras a la contraparte no les asiste más que la voluntad y la decisión de apoderarse a mansalva de Venezuela y aplastar toda oposición a sus designios en el más clásico estilo marxista, estalinista, fascista, nacionalsocialista, hitleriano, castrista de los términos?

Llegado a este punto se hace palmario un hecho por demás escandaloso y aberrante: Jorge Roig, todo el cuerpo de asesores y la MUD en pleno, incluso Leopoldo López a juzgar por el papel que sus propios diputados y asesores juegan en Santo Domingo, han terminado por subsumirse en cuerpo y alma en el universo gobernante y han decidido mejorar su rendimiento y resultados para mejorar la situación de sus desvalidos ciudadanos. Han optado por la política de auxiliar a Maduro bajo el pretexto de servir a nuestra sufriente humanidad. Comienzan a mostrar los síntomas del llamado síndrome de Estocolmo. Ya que aceptaron entregar el Poder y renunciaron a toda reivindicación macro política – el Poder y la Democracia -, echémosle una mano al gobierno de este régimen en el que ocupamos la parcela llamada oposición para que el sufrimiento y nuestra marginación no sean tan berracos. Claudicaron y aceptaron el rol de colaboradores. Luis Vicente León lo dijo sin la menor vergüenza, como si fuera la cosa más natural del mundo: Maduro no precisa dejar el gobierno para implementar los cambios económicos que le estamos recomendando. Es la brutal aceptación de la dictadura como el estado natural que impera en Venezuela y a cuyo gobierno se le debe auxiliar para aminorar sus costos sociales.

¿Qué tiene de extraño que ante una claudicación de tamañas dimensiones históricas, aprobada por Henry Ramos Allup, Julio Borges, Leopoldo López, Manuel Rosales, Henry Falcón y sus partidos y partidarios la sociedad civil haya decidido dejar el campo y negarse a legitimar la tramoya electorera del Pacto de Santo Domingo?