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El país desengañado lo entendió | Por Víctor Bolívar

"Toda esta situación no es coyuntural, es estructural. Y esto parece haberlo entendido el común de la gente cuando por su actitud ya no cree en el maquillaje electoral." (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 11/12/2017 11:26 AM

Victor Bolívar

Víctor Bolívar es abogado y profesor universitario de dilatada trayectoria. Fue presidente de Acción Democrática. En twitter es @vabolivar

El qué hacer en Venezuela comienza por no hacer lo que se está haciendo. Valga este mensaje a la oposición venezolana, especialmente a quienes, con mucho convencimiento de estar haciendo lo correcto, salen aún a consignar sus votos sin entrar en consideraciones “porque no hay de otra” en cómo enfrentar esta  situación política.

El simplismo resulta paradójicamente extraordinario. Rayando incluso a una candidez inimaginable en aquellos pocos que todavía de buena fe así lo creen. Y este parecer lo expreso ante la evidente ruptura de todo orden democrático, que abiertamente pasa de ser una coyuntura a ser toda una problemática sistémica, estructural.

No así podemos pensar de quienes se valen de esa buena fe y les dirigen por el camino desesperanzador del fracaso seguro con derrotas calculadas. A estas alturas las vías electorales resultan cosméticas, enmascaran el terrible rostro de un régimen que se instauró y se ha perpetuado en el poder mediante el secuestro absoluto de todas sus instituciones. 

De esa manera, tienen hoy a una “ANC”, engendro nacido de una violación, que se ha convertido en el desiderátum de estos venezolanos-cubanos, traidores entregados a una causa y a otros países, que patean nuestra soberanía. También a un fraudulento TSJ que administra injusticias y revalida cuanta aberración sea necesaria, que patea a nuestro Estado de Derecho.

Le han caído a patadas a todo cuanto hemos decidido, cuando elegimos en el 2015 a la AN, en la que obtuvimos una mayoría calificada que representaba el inicio de una cruzada democratizadora; así como al revocatorio y a la consulta popular del 16J. Este CNE y Smarmatic se han ocupado de eso sin grima.

A patadas le entraron a la Fiscalía y se apoderaron de ella, como también se apoderaron de la Contraloría y de la inocua Defensoría, con las nefastas consecuencias ya sabidas. 

Mas dolorosas aún las patadas que el gobierno militar, que de cívico no tiene nada, le propina con su bota a nuestro pueblo cuando le ha sumido en la peor de las tragedias por las que históricamente haya pasado, dejando solo a su paso un carapacho de país.

En fin, es de interrogarse si todo este tramposo sistema puede y debe ser enfrentado con unas elecciones con resultados convenidos, o  con unas  “negociaciones y acuerdos”, que puntualizan en algunos aspectos con especial énfasis otra vez en lo electoral. Estos males, de una Venezuela terminal, no pueden tratarse en forma inconexa y no se corregirán con el paliativo electorero.

Insistimos toda esta situación no es coyuntural, es estructural. Y esto parece haberlo entendido el común de la gente cuando por su actitud ya no cree en el maquillaje electoral. No le busquen otra explicación a la abstención.

A quienes con resignación todavía se preguntan y responden a si mismos, sobre qué podemos y debemos hacer sino votar, les respondemos que la carta de navegación la tenemos esbozada en la escamoteada consulta popular del 16J y fundamentalmente en nuestra Constitución que nos exige defenderla y rebelarnos contra todo esto por inconstitucional.

Elecciones sí, tienen que realizarse, pero no con este entramado perverso - sin un CNE y un TSJ que las invaliden o amputen sus resultados, sin unos militares que hagan proselitismo político y se impongan en las mesas y centros de votación, sin un Fiscal y un Contralor que hagan presos e inhabiliten a los dirigentes políticos y sin un gobierno que someta al elector a la indignidad del trueque ignominioso del voto por comida de un día.