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El paquete de Pérez, su ideología y su resultado | Por Daniel Lahoud

Carlos Andrés Pérez, Presidente de la República (1973-1978 y 1988-1993) 30/10/2017 3:11 PM

Daniel Lahoud

Economista con especialidad en economía empresarial, Magíster en Historia de Venezuela, en Economía Empresarial y Doctor en Historia. Profesor en la UCAB, UCV y UCAT.

En 1989 asumió la presidencia Carlos Andrés Pérez (CAP), luego de una elección donde ganó por una mayoría aplastante, incluso llevó a su partido Acción Democrática a tener mayoría en las dos cámaras del Congreso Nacional. Lo fastuosa de la toma de posesión presagiaba un regreso a la Gran Venezuela (1973-1978) que fue un período de derroche y que todos asocian con riqueza, prosperidad y que incluso fue el ejemplo que Chávez siguió en su gobierno, eso sí en el entendido que Pérez era demócrata y Chávez no, (incluso la popularidad de su candidatura se basaba en la memoria de la mayoría de los que votaron a CAP). Pero la sorpresa embargó a los venezolanos cuando el Presidente anunció la calamidad de las cuentas del país y la necesidad de realizar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la ejecución de un plan de ajustes macroeconómico.

El primer trance fue el nombramiento de los Ministros, debido a que el gabinete económico no estaba conformado por adecos, solo lo eran los ministros políticos. El gabinete económico tenía a una gama de personas que no eran del partido. Al final CAP tuvo que ceder en el nombramiento del Ministro de Hacienda, que lo ejerció Roberto “Bobby” Pocaterra. Los ministros venían de dedicar buena parte de su actividad en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) y por eso se les llamaba jocosamente los “IESA Boys”

El FMI en Latinoamérica tiene mala prensa. Todos creen que se trata de la meca del neoliberalismo y la verdad es tan distinta, que probablemente no se crea. Cuando se creó en 1944 los dos proyectos, el White y el Keynes, eran propuestas para un organismo interventor y facilitador de la gestión de gobiernos dedicados a un socialismo activo y beligerante. Eso nunca ha cambiado, solo se matiza hoy con algunas prácticas seudo liberales, que permiten que los gobiernos se mantengan. Esto se corresponde a las privatizaciones y la liberalización de la economía (liberar los precios y tasas de interés), pero no le importa si el tamaño del gobierno se mantiene o crece, lo que le importa es que se produzca un equilibrio fiscal, es decir, que los impuestos cubran los gastos del gobierno. Sin importar que esto se cauce por el incremento de los impuestos. El liberalismo apoyaría una reducción del tamaño del gobierno, una reducción de los funcionarios públicos y la reducción de los impuestos, para permitir el crecimiento de un sector privado fuerte y eficiente.

Vamos a obviar el tema de los incidentes del 27 y 28 de febrero de 1989, debido a que no se puede en justicia afirmar que su origen es el paquete. Las causas son múltiples y tampoco creo, que los actuales gobernantes del país tengan algo que ver con eso. Creo que eso fue un fenómeno espontaneo, y CAP en su inmensa habilidad política intentó hacernos creer que el pueblo protestaba por el paquete, y Chávez también hizo uso del hecho en su habilidad mitológica y mitómana, aprovechándola en la búsqueda de una épica que no tenía.

El asunto es el paquete. Ese paquete incluía la reducción de aranceles y la liberación de los precios y eso era fácil. Digo fácil, porque el ejecutivo puede y podía cambiar los aranceles, y liberar los precios. El efecto inmediato fue contradictorio, los precios de muchos productos importados bajaron sensiblemente, sobre todo los agrícolas, que son de consumo directo o bienes intermedios que van a ser utilizados en el consumo. Lo otro fue que se liberaron los precios, las tasas de interés y el tipo de cambio. El resultado fue que el precio del dólar bajó de manera importante, y si no fuera por los errores de política monetaria, pudieran haber estabilizado el precio del dólar de manera permanente. Lo otro, es que en Venezuela hay un temor y una aversión natural por la libertad de precios, porque buena parte de los venezolanos la identifican con la especulación y consideran que la especulación es siempre mala. Eso es un problema cultural. Con respecto a las tasas de interés, el Congreso inmediatamente reaccionó obligando al gobierno nacional a cumplir con la Ley del Banco Central que decía que el BCV debe fijar la tasa de interés. La respuesta del equipo económico de gobierno fue fijar las tasas y se fijó la tasa máxima en 90% y la mínima en 4%. Por lo que de hecho, estaban libres.

Ahora, el BCV comenzó a realizar subastas de Bonos Cero Cupón y eso se hacía a tasas tan elevadas que la banca se sentía obligada a mantener las tasas altas, eso es intervención económica, no es liberalismo. Esa misma política inyectaba dinero a borbotones, haciendo que la inflación nunca cediera y los precios crecían a un ritmo nunca menor al 30%. La política del Cero Cupón fue intervencionista e inflacionaria, muestra inequívoca de que estábamos en manos de personas que no sabían mucho del área monetaria de la economía.

El tipo de cambio tampoco se detuvo, por la mitología de que era necesario devaluar la moneda para exportar productos distintos al petróleo, y eso no es cierto, si se estudia las exportaciones venezolanas, en 1980 se incrementaron las exportaciones no petroleras y la devaluación no se realizó sino hasta 1983 y en efecto las devaluaciones a partir de 1989 impulsaban las exportaciones, pero la misma inflación hacía que la ventaja artificial de la devaluación se perdiera y obligaba a una nueva devaluación para recuperar la capacidad exportadora. Sin embargo, eso tampoco era parte de la política, era solo una postura política, porque las devaluaciones eran para producir ingresos para cubrir el gasto fiscal que nunca se disminuyó. Otro elemento para decir que eso nunca fue liberal.

Hoy aunque devalúen no exportamos, porque lo importante es producir no mantener el tipo de cambio “competitivo”. Si así fuera, los países con moneda estable nunca exportarían.

El trance más duro fue la presentación de las reformas fiscales del paquete ante el Congreso. Miguel Rodríguez (quien dirigía el equipo económico de gobierno) las presentó y cometió el error político fundamental de llamar ignorantes a los congresantes y conseguir con ello que nunca le aprobaran las reformas. Esto es álgido, porque indicaban que el paquete nunca se realizó completo, y además es la señal inequívoca que se trataba de algo que no tenía de ninguna manera nada que ver con liberalismo. Resulta contradictorio, si se quiere que la economía crezca, bajas los impuestos, no los subes.

El reacomodo de la deuda externa se realizó en esos años. Eso significó la negociación con la banca de inversión internacional y la aceptación de documentación que estaba en manos de la banca extranjera. Porque ese asunto fue muy mal manejado desde la suspensión de pagos en 1983 con el establecimiento del tercer control de cambios. Sin embargo, la negociación fue tan perjudicial como la suspensión de los pagos y eso nos donó una deuda que era importante y exigente. Aún así, era menos que la que tenemos hoy, por lo que vista con los ojos de hoy la valoramos como benigna y ese puede ser un argumento para atacar lo que expongo. Pero la misma negociación, exigía que se realizaran privatizaciones, porque algunos de los bonos estaban asociados a la posibilidad de hacer privatizaciones, y esas privatizaciones aseguraban la disminución de la deuda externa.

Las privatizaciones son otro tema álgido. En el gobierno de CAP se hicieron cuatro privatizaciones. La de VIASA, la de Aeropostal, la del BOD, y la de una porción de CANTV. Eso fue poco y mal hecho. VIASA fue una negociación entre el gobierno de España y Venezuela y al final la empresa fue saqueada, en detrimento de los accionistas venezolanos (el gobierno) y de los trabajadores. Aeropostal y el BOD fue relativamente exitosa, pero insuficiente. CANTV aseguraba un monopolio importante a favor de los compradores, por lo que perjudicaba abiertamente a sus suscriptores. Pero también fue poco, las privatizaciones debían servir para reducir sensiblemente la deuda externa, por una parte el gobierno las detuvo ante la mejora del panorama fiscal (es decir no había voluntad de reducir el tamaño del gobierno) y por otra parte los golpes de 1992 contribuyeron a elevar la incertidumbre y sirvieron de escusa para no privatizar más.

Pero lo peor fue lo que pasó con el mercado petrolero. Venezuela sufre los vaivenes del mercado petrolero y acusa a los países desarrollados por ello. Sin embargo, los precios siempre han fluctuado, pero cuando las trasnacionales manejaban el petróleo, había una mayor estabilidad y el crecimiento económico era el resultado de ser dueños de los pozos. Hoy somos dueños del puñal con el cual nos suicidamos. CAP en su primer gobierno nacionalizó el petróleo y politizó el negocio petrolero, llevándonos a la nefasta realidad que vivimos. Hoy por supuesto mucho más acrecentada y suicida.

El equipo de Gobierno recibió a los ejecutivos de Maraven que tenían un plan para elevar la producción petrolera por la participación de trasnacionales, debido a que la misma filial reconocía que los venezolanos no estábamos en capacidad de elevar la producción. En el ardid más intervencionista de todo este período, el equipo de gobierno se negó, debido a que consideraba que Venezuela debía crecer en su sector no petrolero en detrimento de su sector petrolero. Olvidando que el crecimiento del sector no petrolero se dio sólo a partir del desarrollo del sector petrolero. Eso no sólo es intervencionista sino que habla muy mal del conocimiento de la ciencia económica y sobre todo de la historia económica del país.

Otro elemento para concluir es lo que hicieron con el tamaño del gobierno, la nómina pública creció en 26% en los primeros dos años de gobierno, cuando se suponía que estaban en ajuste. En realidad el ajuste era para el sector privado elevando las tarifas, mientras el gobierno engordaba y gastaba de una manera ineficiente los impuestos y otros ingresos que no producían.

Pero ahí no termina, el paquete se detuvo en 1991 (dos años después) e incluso antes de que los mismos adecos lograran sacar a CAP de la presidencia. Cuando Estados Unidos intervino en Irak eso elevó los precios petroleros y el gobierno se relajó. Detuvieron las privatizaciones, cancelaron los pocos tramos que se habían solicitado al FMI y siguió el derroche fiscal. Por eso y la mala política monetaria, el país nunca mejoró y hay quien quiere hoy volver a eso. Eso no es liberalismo, es más, no tiene otra ideología que el pragmatismo y el facilismo, no trae progreso. En todo caso, provoca que cualquier gendarme se alce y el país, que no tiene más que mitos, le siga al borde del precipicio en el cual estamos hoy. Para después exclamar que hace falta ir al FMI y hacer un programa de ajustes.