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El TSJ exiliado, ¿también miente? | Por Eliécer Hernández Falcón

26/04/2018 7:45 AM

Eliécer Hernández F.

Venezolano. Especialista en Seguridad Informática. En twitter es @paraguacucho

Ante la necesidad que tuvo -y tiene- el país de instituciones políticas diáfanas en su organización y proceder, el ciudadano venezolano acudió a votar en diciembre del año 2015 para reconstruir una de ellas: la Asamblea Nacional. Posterior a eso, inició una lucha de poderes que derivó en el impulso legal necesario para la destitución de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, que habían incurrido en ilegalidades. Ese procedimiento siguió, hasta el nombramiento de un nuevo TSJ, el cual prometía impulsar todos los mecanismos necesarios para el enjuiciamiento y encarcelamiento de la cúpula del gobierno. Parece que la Asamblea Nacional lograría, mediante este método, cumplir con la primera y única petición de la gente: recuperar a Venezuela.

Todo empezó mal. El concurso y el nombramiento de los nuevos y flamantes magistrados se hizo “por debajo de la mesa”. El diputado Carlos Berrizbeitia fue designado como presidente, junto a Perkins Rocha como vicepresidente, del Comité de Postulaciones para elegir a los nuevos magistrados. Estos armaron su equipo, eligieron algunos de los currículos recibidos y comenzaron a entrevistar a los abogados optantes. De estas entrevistas (que ningún venezolano tuvo constancia de ellas y de lo que allí se dijo -o pactó-) se eligieron los letrados que, casi un mes después, serían nombrados en una plaza pública del país.

Nunca hubo claridad para el país de lo que ahí se habló e hizo para elegir a los nuevos magistrados. No se pesaron PÚBLICAMENTE los currículos recibidos por la Comisión encargada designada de cientos de juristas y letrados venezolanos probos, con capacidades y cualidades suficientes para ocupar los mentados cargos y efectuar SOLO UNA tarea: tutelar el Antejuicio de Mérito a Nicolás Maduro, encarcelarlo y comenzar a reparar el país, del que ya no queda nada, sino vestigios. Tampoco hizo presión ninguna empresa política (o partido) para su elección pública. Los negocios siempre se hacen tras bastidores.

El día viernes 21 de julio del año 2017, la Asamblea Nacional procedió al nombramiento de los nuevos magistrados en la plaza con el nombre del cantante más famoso de Venezuela, la plaza Alfredo Sadel en la ciudad de Caracas, al haber sido desalojados del hemiciclo parlamentario por la Asamblea Nacional Constituyente: el nuevo invento de la tiranía para seguir jugando al leguleyismo con la oposición oficial, esa que se negó -y hoy lo hace a regañadientes- a pedir ayuda al resto del mundo para echar a la tiranía invasora al mar, de donde vienen. Ese nombramiento a destiempo no fue más que un simbolismo para calmar a la gente que, famélica y enferma, pedía soluciones inmediatas so pena de una explosión social que acabara con todos, incluyendo “opositores”. Algunos magistrados ahí electos fueron capturados de inmediato por el régimen y otros se exiliaron por temor a ser encarcelados.

Ya fuera de los confines venezolanos, el nuevo TSJ se ha aliado estratégicamente a una de las mayores criminales de la historia contemporánea venezolana: Luis Ortega Díaz, quien ejerció como Fiscal General de Venezuela durante casi diez años (2008-2017), destruyendo por completo el sistema acusatorio público y permitiendo que Hugo Chávez, su gran amigo, coleccionara presos políticos en las mazmorras venezolanas. Eso sin nombrar la cantidad de homicidios y otros crímenes sin resolverse que se presentaron en Venezuela durante el ejercicio de esta fiscal, quien, al ser “allanada” por el mismo régimen que la contrató, exhibía en casa obras de arte millonarias y prendas de ropa que no cualquiera puede tener, menos un Fiscal que se deba a su trabajo. Aliarse con una alimaña como la ex Fiscal, por un “fin común”, parece haber resultado conveniente para el nuevo TSJ y la Asamblea Nacional y así continuar el sainete leguleyo, que duerme a la muchedumbre y le da al régimen invasor lo que quiere y el venezolano común no tiene: tiempo.

Resulta que, entre la Asamblea Nacional (esa que incurrió intencionalmente en omisión legislativa durante su nombramiento), Luisa Ortega y el nuevo TSJ ya se han puesto de acuerdo y se han propuesto abonar el camino para el enjuiciamiento a Nicolás Maduro. Luisa Ortega, desobedeciendo su desincorporación como Fiscal y desde el exilio, envía al nuevo TSJ, también exiliado y mutilado, la solicitud para el Antejuicio de Mérito, esa que debía ser aprobada por la Asamblea Nacional y luego devuelta al nuevo TSJ para que comience así el enjuiciamiento. Todo esto sucedió, y aquí los detalles:

Dicha acta ha sido difundida por todos los medios, nacionales e internacionales, y la mayoría de las personas (incluyendo abogados) no se habían -ni se han- dado cuenta de que faltaba la página más importante, la que contiene TODA la esencia del documento. Me tomé la molestia de denunciarlo en mi cuenta de Twitter minutos después de que el nuevo TSJ efectuó el tuit SIN la página 3. Solo pocas personas se han tomado la molesta de, al menos, hacer un comentario al respecto.

Espero que este artículo sirva como llamamiento al nuevo TSJ para que tome las acciones correspondientes con la publicación del acta recibida por la Asamblea Nacional debidamente signada y dirija unas disculpas a toda la población venezolana, y en el exilio, por haber cometido semejante animalada, que no se puede reputar a un error humano, porque de haberlo sido, se hubiesen dado cuenta poco después de haber hecho el tuit.

También espero que este articulo sirva para que los venezolanos, en el interior y en el exilio, LE EXIJAN a los que designan como autoridades, y no sean más ALCAHUETES de políticos corruptos que solo quieren encumbrarse en el poder para robar. El ejercicio de la política debe ser tomado como algo serio, y las sanciones para los que se lucren del erario público deberían ser dolorosamente simbólicas.

Es hora que el nuevo TSJ decida, si está con el grueso de la población venezolana que fenece lenta y dolorosamente de mengua, o está con la tiranía que ha impulsado esta crisis humanitaria en su beneficio.