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En los brazos del imperialismo | Por Félix Viera Blanco

Niños jugando en Cienfuegos, Cuba. Tomado de Cuba Encuentro cubaencuentro.com 02/10/2017 11:10 AM

Félix Luis Viera

Cuentista, novelista y poeta de origen Cubano, actualmente nacionalizado Mexicano. Conocido opositor del castrismo, critica de manera severa al sistema imperante en en Cuba y su influencia en el extranjero.

Hace algo más de 15 años, en el hasta ahora último viaje que realizara a Cuba, me topé con unos niños que hacían un raro juego en el pasillo de tierra entre dos edificios, allá donde yo vivía, en el reparto Santa Catalina, en Santa Clara. Jugaban a brincar sobre un charco de agua; es decir, librar la distancia de un extremo a otro del charco. Les pregunté cómo era el asunto. Me explicaron que quien brincara con éxito resultaba el ganador: llegaba a la Yuma.

Haciéndome el inocente les pregunté qué era la Yuma. Yhosvany se llamaba el que respondió: “La Yuma es los países”. ¿Los países?, pregunté de nuevo fingiendo desconocimiento. “Los países, socio, allá, allá…”, respondió otro apuntando con el brazo todo hacia cualquier punto a lo lejos. Tenía la mirada lacerante, los ojos azules. Me contestó que se llamaba Maiquel.

Aquellos niños deben tener hoy de 22 a 26 años de edad, calculo. Quién sabe si ya alguno, fuera del juego, pudo llegar a la Yuma, allá, a “los países”.

Lo del extinto gobernante cubano Fidel Castro contra el “imperialismo yanqui” se trataba de un asunto personal. Y hasta hoy, él, Castro, tal vez resulte el único mandatario en la historia que a partir de un asunto personal ha tenido a un pueblo de rehén; cautivo.

Sin embargo, paradoja, a Castro le cabe el mérito de ser el gobernante cubano que más ha obrado en favor del “imperialismo yanqui”. No solo por lo que en su inocencia jugaban aquellos niños con los que me encontré —juegos que, igual o parecidos seguramente llevan a cabo allá, hoy, otros niños—, sino porque tantos de los “grandes”, los adultos digo, sueñan también con irse a “los países”; lo cual, según el parte, lo hacen saber por todas las vías confidenciales posibles; lo expresan con sus ojos, su tono al admirar algo que les lleva —material, inmaterial— algún amigo o familiar que los visita llegado de “los países”. Lo proclaman su tono y sus ojos cuando, por cualquier vía, pueden apreciar algo que existe allá, en la Yuma. Sobran ejemplos.

También plantó el récord el Comandante Castro de ser el único gobernante que ha estirado la agonía de un sistema, de un pueblo, durante 26 años.

Él, Fidel Castro, sabía que todo había terminado en 1991, cuando estallaron la Unión Soviética y el llamado “campo socialista”. Pero él no se iba a rendir, ya lo sabemos. Su impiedad para su pueblo no tuvo límites. De modo que debía continuar su lucha antiimperialista por encima de todas las cosas; era su asunto particular, repito.

Y así, el desconcierto, la miseria agudizada en la Isla a partir de 1991, ha logrado que la población, por diferencia, como dicen los matemáticos, jale, más que nunca antes, hacia la banda contraria, hacia “los países”, la Yuma.

Es comprensible. Y no es aventurado afirmar que hoy la mayoría de los cubanos residentes en Cuba sobredimensione las bondades espirituales y materiales del modo de vida estadounidense.

Es comprensible, repito, que deseen estar en los brazos del “imperialismo yanqui”.

Y aun en cualquier sitio que no sea la Nada Castrista.