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Gobernantes consentidos y élites convenientes: la cultura a flote | Por Miguel Palau

El hombre producido como hijo de mamá no crece en Venezuela, inmerso en lo consentido o placentero, su opción se orienta hacia el abandono de la realidad. 18/08/2017 9:49 AM

Miguel Palau

Miguel Palau es Antropólogo, PhD. en Disertación. En twitter es @MiguelPalau

Una de las cuestiones más profundas de la cultura venezolana es la ausencia de su verdadero sentido de dirección y al parecer en su última faceta la de evitar la tentación para los desvíos. En algunos momentos, hemos científicamente intentado comprender aquello que se denomina “proyecto de país”, pero en la explicación hemos conseguido conceptos más relacionados con la “inercia”, la “inacción” y aún más acentuadamente la “regresión”.

Con un tanto de preocupación leo en la prensa o redes sociales frases desde los analistas o desde el pueblo asociadas a la recuperación del país, el retorno siempre allí presente; sin embargo, doy fe de esta disposición como antropólogo debido a nuestra psiquis (pensamiento) y nuestra cultura. Mi preocupación dista de que acepte o no las condiciones de la cultura de Venezuela, porque sin juicios de valor, ella misma posee una operación indistinta de lo que puedo preferir o rechazar.

Por ello, el venezolano le es siempre familiar lo pasado en vez de colocarse fuera de la figura del líder y escalarla a un concepto macro llamado “país”. Si, podemos imaginar el futuro conjugando este concepto, podremos entonces hacer de aquello inexistente a la visión de aquello que puede hacerse posible.

Tanto lo regresivo como el manejo estructural de la cultura en Venezuela, guardan relación con lo circular y no con lo lineal; entiendo que en mucha forma los manejos de los tiempos tienen que ver con los regresos y no con las posibilidades para la concreción. Queremos siempre vernos en la situación de lo placentero, aunque retrocedamos, evitamos lo lineal para tomar la distancia derecha, aunque queremos hacerla corta para llegar rápidamente.

Lo lineal en nuestra cultura produce aquello que podría denominarse -los dolores necesarios- y ello nos viene desde la crianza. La familia que produce los lideres consiente al varón siendo pequeño para evitarle un crecimiento emocional adecuado. A esta incapacidad para soltar ese vientre materno tan protector y placentero que siempre nos protege le reconocemos como el lugar para siempre estar, y por ende ser consentidos por la cultura cuya intención es mantenernos imaginariamente allí no es para nosotros una condición lejana:

“La crianza frente al niño hace del padre, en caso de estar, un ogro. Este es el personaje que mete-miedo en la casa. Todo entonces se hace con la mamá, ésta consigue que el niño, todo lo tenga que ventilar con ella. El distanciamiento del niño con respecto del padre lo obra la madre; el hombre producido como hijo de mamá no crece etnopsiquiátricamente, inmerso en lo consentido o placentero, su opción se orienta hacia el abandono de la realidad" (Hurtado, 1998).

Estas formas únicas en las que se conforma lo cultural es también parte del pueblo venezolano. El público, que observa a distancia las crisis en Venezuela percibe las crisis políticas como sino fueran culturales, desconoce el proceso itinerario de la culura en su origien y desconoce sus propias limitaciones para tomar las correcciones.

Un líder fuera de la realidad de si, producto del consentiminto genera un narciso malcriado ajeno a los intereses del pueblo.

No menos compleja es la reacción al próximo nivel. Las respuesta de estas carencias propias que toma como normales por carencia de cuestionamiento y repetición de la información sin cuestionamiento (ausencia de introspección); el pueblo venezolano recurrentemente desposita su confianza en la dinámica política a traves de los lideres pensando que su nivel de actuación posee un arraigo en el pasado histórico.

Esta afirmación es contradictoria, ya que no consigue explicación de orden histórica para unas categorías que están arraigadas en lo cultural y para dar cuenta de su propia regresión cultural se requiere en Venezuela y por parte de los venezolanos comprender no aquel fenómeno que corre en las calles y pueblos del territorio sino los aspectos de la vida mas relevantes con categorías analíticas que le permitan comprender en un segundo nivel el significado de lo que percibe versus lo que escucha y observa.

De regreso al liderazgo, este ser consentido con potencialidad de caudillo vuelve a ser la forma de elección común para la historia republicana en Venezuela. El mismo se expresa políticamente como el mesias en situaciones de extrema desesperanza, pero no muestra realmente sus intenciones hasta luego de la consecución de un estadio mayor a la recolección de la renta y va relacionado con la exposición y apropiación de su obsesion por el poder. El caudillo venezolano tiene esa gran posibilidad de convertir los principales atributos que le caracterizan, el discurso fabulado y el carisma que hacen eco en el pueblo y hasta en las clases medias.

El pueblo, requiere de un protector-dador y no de un líder para la realización de lo político. Los códigos de la ciudad en términos de lo urbano como se conocen en el mundo no se cumplen en Venezuela de las mismas formas. Por ende, no se requiere que la ciudad funcione como ciudad sino como espacio para la acción de la sumisión en retorno a los favores otorgados.

Asi tambien, nos parece atractiva la idea, o presencia del líder caudillista en términos de su proximidad y alejamiento. Esa posibilidad inmediata de acercamiento es atractiva para la resolución de los problemas frente a la ausencia de la pulverización de las instituciones del Estado frente a la figura anterior del ciudadano. Las instituciones en Venezuela dejaron de funcionar frente a la entrega de miles de papeles que llegaron a manos del caudillo para la consesion de los milagros, y el milagro primario en Venezuela en términos de la cultura para el pueblo son: familia a traves de los hijos, la casa aunque no sea hogar y los alimentos que deben estar siempre presentes para asi obtener de parte del líder los dones ultimos.

Tiene mucho que ver con nuestra cultura esto ultimo, debido a nuestra estructura de orden recolector; solo en Venezuela se puede hacer el milagro de la riqueza desde cualquier nivel social en cortos periodos de tiempo. Sin embargo esta nocion de país botin no genera un compromiso hacia él mismo a forma de cuido; estas son las formas lógicas de la cultura por sobre como se realiza de forma reversa, aquello que es regresivo.

El venezolano no comprende que la dirigencia política junto con el país va retrocediendo haciéndole pensar que va resolviendo problemas; el engaño es la forma de evitación de la realidad que básicamente está conformada por el alargamiento del tiempo.

El líder, caudillista posee una aproximación individualista; resuelve los problemas él mismo y ordena públicamente las instrucciones en una “orden” no del tipo de instrucción de la empresa corporativa, no hay instrucciones sino elementos a ejecutarse de forma inmediata. Y de allí nuevamente la reacción del pueblo frente a la autoridad:

“El colectivo venezolano lo que tiene como objetivo es -sacar provecho personal-; no le interesa tanto ser libertario como procurarse privilegios, protección y para ello necesita la sumisión, el -igualitarismo-. El pueblo venezolano puede aguantar no ser libre, pero de ninguna manera no puede soportar no ser igualitario. El temor a la autoridad se remantiza como evasión y burla de la autoridad. El pueblo venezolano tiene una lucha agónica por burlar esa dimensión (acatamiento) de la autoridad. Pero es que, al indagar sobre la autoridad, se descubre que no existe ésta como tal, sino puro autoritarismo, atropello y arbitrariedad (…) Al individuo no le queda otra salida que buscarse un protector, un caudillo para poder -moverse- dentro de la sociedad o comunidad”. (Hurtado, 1999).

Esta forma de relación con el poder de tipo personalista, en donde el caudillo como en el conuco, los conuqueros o pueblo recurren a él no para los pactos comunes sociales sino para que él y su ley propia por defecto decidían los “destinos”. El libro que pretende dar legitimación al líder que llaman constitución no posee aplicación real, solo le da conformidad de símbolo a la supuesta “democracia”, pero el caudillo como se observa de forma clara prefiere los amigos ideológicos para la resolución de los problemas políticos versus los problemas del colectivo.

La regresión ha generado una forma de bastardía política en la que se percibe como un abandono familiar.

Y así, el caudillo dio forma pausada al proyecto de una visión de país irreal en ejecucion, con proyecto ideologico. El proyecto para el caudillo en su visión posee una lógica compleja con un trasfondo de orden comunista (igualdad forzada) que no requirió cambios de orden cultural, la cultura en su lógica de operación venezolana ya la propicia estructuralmente y por ello el caudillo solo tenía que recurrir a las formas de la caverna cultural exacerbando las diferencias para generar la inclinación propicia para si.

Los venezolanos, le han otorgado ese acuse de recibo en las últimas dos décadas a sus líderes; sin poner límites o vigilantes. De esta manera siendo lo que siempre hemos sido, hemos tratado al político con tal cercanía que parece más un compadre que un funcionario al servicio de la sociedad que no existe. El problema justamente para comprender esto es que hemos resuelto las cuestiones importantes del país no con el pacto social y la construcción de la sociedad sino con las formas fraternales con las que conducimos nuestras relaciones afectivas; ello ha sido ineficiente aunque lo pensemos como la forma correcta (al revés).

Lo social o la sociedad en Venezuela se ha tornado inexistente, cuando colocamos al líder en la primera escalera, la regresión como mecanismo nos ha retractado a lo cultural y lo cultural para nosotros es cualquier cosa que es externa a nosotros mismos cuestión que es equivoca ya que somos reproductores y creadores de ella, para que el líder sea consentido debe venir de algún lugar, y ese lugar viene de nosotros mismos en lo cultural.

El país se minimiza, y se aísla asumido en la esperanza. También es una respuesta común con nuestro pensamiento de orden mágico. Lo político pierde terreno en una comunidad de personas deprimidas por la inacción de sus líderes. Sin embargo, el pueblo posee una esperanza de orden inmediata que va suscitándose con los tiempos, la esperanza alarga y se ahoga en los discursos la desesperación conduce al camino único de la población venezolana ante una situación en la que los principios básicos de la existencia se reducen a la felicidad de tener que trabajar para poder pagar los alimentos que se consumen en el hoy, sin embargo a entregado a los líderes todos aquellos elementos restantes incluyendo la posibilidad de exigir servicios públicos funcionales y la calidad de los mismos dejo de ser cuestionable para decir que al menos se tiene.

Regresivo, es aquello que no solo te hace retroceder, sino que te hace poseer en menor forma al punto en que sin darse cuenta dejes de poseer absolutamente nada.

La regresión ejerce un poder complejo ya que los roles se conjugan de tantas formas y los políticos llegan a ser tan duales en su proceder que al pueblo se le hace confuso la denominación de aquello que eligió. Lo político en términos de la gobernancia se ha fundido con la exposición mediática y en ausencia de la accionar publica para lo cual fue escogido. Es decir, el político a través de los votos garantiza su permanencia bajo un sistema inadecuado que ellos mismos propugnan evitando cualquier posibilidad de cambio. Al final la democracia en Venezuela no permite que aquello que pueda considerarse nuevo, novedoso y propenso a los cambios pueda salir de las pautas culturales de los partidos políticos mayormente significativos.

Ya no se requiere de la baranda electoral, la realidad numérica de su legitimización es irreal porque este tipo de liderazgo no requiere de la ley, él es la ley y sus decisiones mandato. Sus decisiones son negociables cuando los enemigos están dispuesto a realizar concesiones que perjudican al colectivo en el corto plazo; los números se construyen en la negociación de los “repartos” y aunque el pueblo lo presencia es incapaz de generar los mecanismos ante la ofrenda más allá de la sumisión y la rabia.

En términos del poder, la cultural venezolana y sus líderes se tornan regresivos-malcriados para hacer que el salvador sea un abusivo-autoritarista y para que ello sea solo para si mismos. Los consentidos son malos guiadores, aceptados para la conducción frente a la sumisiony la inercia, y por muy pragmático que pueda etenderse, la cultura del pueblo venezolano requiere obligatoriamente de líderes que vengan a resolver sus problemas, no hay lógica externa al sistema del salvador y cito:

“La cultura en Venezuela no se domina, lo que se domina es la sociedad”. (Hurtado, 2017).

El pueblo perdona las torpezas debido a que forma parte de la lógica estructural del pensamiento del pueblo es permitirle la falla, la falta decir que en esta ocasión “no puede ser tan grave, hay que dar tiempo para el aprendizaje y la acción”.

No le exigimos al político que actúe para el “ahora”, le dejamos no-hacer, para el mañana. El chofer fue seleccionado, aunque no sepa manejar, en la permisividad le hemos permitido aprender a conducir siendo un mal chofer; le hemos enviado la licencia por correo electrónico para plastificarla en casa, hemos dejado al padre enseñarle a conducir sin el aprendizaje de las señales, le hemos enseñado al consentido llegar a los lugares en donde no se requiere uso de dirección satelital; el líder consentido sabe perfectamente las condiciones culturales para llegar al pueblo y colocarlo bajo sumisión.

De forma insistente y sin resultados, a eso que llaman pueblo en Venezuela, se ha auto-conducido de forma constante hacia lo político siempre hacia la desventaja creyendo que los mismos se encuentran en un proceso de planificación no deseado, que van girando hacia la improvisación cuando en realidad el proyecto final es la -Tabula Rasa- del país. Las acciones que se realizan juegan a favor del mantenimiento del régimen y no de su salida y lo más grave es que a pesar del cambio político, el cambio cultural aun permanecerá porque no hemos trabajado en los cambios de orden estructural que permitan la conformación de aquello que debe ser construido, y es la sociedad venezolana del futuro.

Entre la desconfianza de su inacción y la necesidad de verse protegido, el pueblo no desea realizar su propio diagnóstico; no desea hacer introspección para en sus ausencias del mal proceder, su estrategia se basa en la fuga de si, en la dispersión.

En términos de lo cultural, este proceso de ir hacia delante caminando hacia atrás, se le ha denominado para Venezuela con el concepto de “regresión” para la cultura venezolana citando al antropólogo Samuel Hurtado:

“En culturas con fuerte regresión, cuya alternativa es quedarse estáticamente -mirando al cielo-, la dedicación política de la sociedad encuentra dificultades de realización. El -buen gobierno- es escaso, los mediadores de lo invisible pierden parte de su fe, se anquilosan las acciones del colectivo y aun se hacen las desentendidas. Lo divino inmanente y la inspiración -entusiasta- (endiosada) puede tomar la vía del refugio placentero, en vez de exponerse a los sufrimientos que ofrece el esfuerzo por tomar la realidad según su razón de existencia”.

El venezolano hoy día se encuentra en un país de dos realidades, para los dolientes de las generalizaciones, aunque científicamente escribo por sobre la mayoría. Sin embargo, ambos utilizan la misma cultura como elemento de percepción para así utilizar los componentes de ella en términos que le otorguen algún tipo de sentido a una ruptura de la realidad. Unos propugnan desde el pueblo los cambios, otros los omiten; ambos en la imposibilidad por acción o indiferencia lo hacen permisible y posible.

El cambio político no sucederá como el venezolano lo piensa, inmediato a través del salvador-héroe y si lo piensa de esa forma vera nuevamente el mito repetirse en tiempos de crisis profunda. Si el venezolano aplaude las acciones de los militares convertidos en actores políticos se verá sometido nuevamente a pagar el mismo precio y tendrá el mismo destino. Este mito del héroe nos encadena en el actuar ya que forma parte de la estrategia funcional, el mito en el círculo hace que las condiciones deterioren al punto de colocar a cualquiera con la posibilidad de hacer resurgir al país de una profunda crisis. La regresión nos hace des-creer de cualquier posibilidad de salida, es decir que aquello que es real es negativo y lo que es negativo es lo más real.

El pueblo hace de sí mismo un conglomerado para la inacción política en tanto no genera nuevas formas de liderazgo, pero también desconfía en los héroes posibles. Pierde la ingenuidad siendo ingenuo al pensar en la solución fuera de la razón y los mecanismos conducentes a ella se van mostrando dentro de las negociaciones partidistas. Para colmo de ello, en esa forma regresiva, los individuos venezolanos se piensan como ganadores cuando en realidad lo político para ganar debe perder en algunas ocasiones ciertos privilegios.

El cambio que los venezolanos desean para volver a recibir los beneficios de la sensación de libertad vendrán de la cura en camino a la media locura en tanto la noción de la construcción de un solo “llegar” y un solo país vuelva a construirse, no a retomarse.

Venezuela, no será la misma; ni del pasado sino de lo que sea construido hoy. Deberá desprender el conflicto como forma de relación y de origen de si para generar un modelo de habitación basado en el esfuerzo conjunto.

El diagnostico a través del conocimiento de lo cultural requiere de cambios estructurales y no de una inauguración de la autopista construida hace más de 50 años colocándole un barniz de pintura. Los cambios se verán en tanto los problemas del país nos hagan como sociedad converger nuevamente para lograr los cambios, y no estamos allí ni cercanamente.

Pensarnos en dos países, nos hace ausentarnos descreyendo cuando para creer en aquello que no da resultado, lo que debemos hacer es construir aquello en lo que podamos creer o utilizar la razón, o ambos. Nos sentimos no estar aquí y dejamos que la dependencia, que no es otrora que la sumisión hacia la política del mal-guía tome el control, cuando lo necesario es la introspección para comprendernos. Para convergernos socialmente debemos generar las conexiones sociales que han sido pulverizadas. Y aunque los venezolanos no nos queramos tanto como se supone que nos han hecho asumir podemos avanzar en esa regresión de carácter primario en nuestro sentir al menos para convertir eso en una forma de sentido de mayor comprensión.

En palabras simples, la cultura venezolana y los venezolanos nunca fueron presentes de sí mismos para la desgracia porque su cultura es un bien de la -gracia- de la -abundancia- y de la conexión divina con los dioses. En contra-parte a lo que vive en la realidad se encuentra con un fuerte choque.

Este laberinto de ausencias y desconfianzas ante la realidad nos coloca en un problema infinito, pero solucionable en tanto la realidad siga avanzando por si misma; de ella esperamos la solución sin que seamos participes de forma directa. Y de nuevo cito: “La gracia de la cultura, pareciera que más que enfermar, sana”.

Esto es cuestionable para los venezolanos. Las sociedades requieren de elites que conduzcan los destinos de país en concordancia con los intereses de los pueblos que les eligen, pero en Venezuela la élite destina sus designios en función de lo contra-cultural; es decir avanza en contra de los designios y pulsiones de sus propios electores bajo su mirada.

A pesar del escrito citado a continuación la élite conductora posee la misma estructura y comportamiento:

“La élite se aísla por conveniencia, que es uno de sus grandes pecados. Pero a la larga, a través de modelos etnopsíquico que califican este aislamiento, llegamos al estado primario de lo social. Estos modelos son el -desentendimiento- de lo social y el -disfrute- del país. Si dominar significa disfrutar, esto no supone desarrollar grandes conocimientos; todo lo contrario, esto último conduciría al compromiso, al esfuerzo, a dirigir, a edificar la autoridad, la vida. La élite parece concluir: Si nos -entendemos- (preocupamos) del país, no lo disfrutamos. El principio del placer describe el nivel primario en que están construidas las relaciones sociales. Por eso, -el pueblo venezolano sería capaz de soportar la falta de libertad (esfuerzo), pero no la falta de igualdad (regalo)”.

El líder político aun en Venezuela en los actuales momentos es un varón sin crecer; el cual posee altos niveles de consentimiento y malcriadez. El pueblo está ausente en la función de ejercer y emerger sus propios nuevos liderazgos y coloca al país en una situación de riesgo cultural. El líder presente es el dictador sin quererlo, porque se hace presente ante la incapacidad para complacer, pero sí de ser obligatoriamente consentido.

En lo cultural, el padre venezolano es ausente y mucho de ello lo instaura la madre como elemento formador y dador de lo cultural. El líder proviene de esa forma de instauración ante la ausencia de su propio padre quien instaura en su crecimiento psicológico la figura de la obediencia, aunque la ausencia de ella lo que genera es una regresión de orden autoritarista. Para el líder que tenemos, el padre ideológico cumplió esa doble función (madre/padre) y ante la ausencia de su muerte real el dolor sobre la muerte del padre-originario genera un compromiso por sobre el pueblo que considera a su familia y que es impulsado por el dolor en ausencia de la razón sin hacer caso de lo que la mayoría reclama.

La libertad no es una condición natural como la pensamos en Venezuela, vendrá de la construcción de la sociedad.

Citando nuevamente la obra del profesor S. Hurtado me despido por sobre la figuración del liderazgo en Venezuela:

“Más que dirigente o élite, el país lo que tiene son figurones o pantalleros. -Los figurones lo que hacen es seguir, más que dirigir al pueblo; van detrás de los procesos. Que el pueblo acepte y cumpla las normas no quiere decir que se comprometa con ellas, pues la racionalidad política – no sólo es de las cúspides o cogollos- siempre es puntual y provisoria. La autoridad aparece en el vacío social, pues sin dirigentes la autoridad, como proyección de la figura paterna, se queda en vilo o en ausencias”.