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Historia, presente y futuro | Por Santiago Guevara

Dejar atrás la política carismática y rescatar las instituciones, la clave del futuro (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 03/10/2017 3:00 PM

Santiago Guevara

Santiago José Guevara García es economista, profesor jubilado de la Universidad de Carabobo. Preso de conciencia del régimen chavista,ilegalmente procesado por "traición a la patria" en tribunales militares ilegítimos

Los dos únicos escenarios en la actual incertidumbre: 1º el mantenimiento y profundización totalitaria del régimen y 2º una ruptura institucional.

Venezuela, durante 50 años, de 1927-28 a 1977-78; es decir, el equivalente a tres generaciones, pudo mantener una mezcla virtuosa de alto crecimiento y estabilidad de su economía. Su mejor época en ese campo. Eso, pese a la crisis mundial de los ´30, la Segunda Guerra Mundial y las turbulencias de los ’60.

Lo político fue diverso: una dictadura tradicional, con Gómez; un lapso de cooptación posgomecista, una breve y torpe transición a la democracia, entre 1945 y 1948; una dictadura militar progresista, aunque represiva y corrupta, con Pérez Jiménez; otra transición a la democracia, frustrada tempranamente a finales de los ‘60 y la entrada de gobiernos carismáticos, de débil base institucional, causantes de la regresión y vuelta al autoritarismo posterior.

En lo económico, en ese largo lapso, las instituciones funcionaron, hasta que fueron demolidas. Ya vimos que lo político fue diverso y que, al final, fue la causa de esa demolición y del declive.  Desde entonces, ni lo político, ni lo económico, han funcionado, pese al criterio de muchos, de que “éramos felices y no lo sabíamos”. Solo hubo un intento parcial -fallido- de enmienda de errores, en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Una corta descripción histórica como la anterior – la cual podemos mejorar notablemente- debería ser base de discusión hoy por los venezolanos, para enfrentar los escenarios políticos presentes y plantearse bien los retos del futuro. Los escenarios de salida a la terrible situación nacional se han decantado y se muestran como escenarios límites: el régimen se mantiene y profundiza su modelo autoritario y se impone definitivamente o se produce una ruptura o colapso institucional, que significa su salida.

Esos son los dos únicos escenarios en la actual incertidumbre: 1º el mantenimiento y profundización totalitaria del régimen y 2º una ruptura institucional. No hay, en los hechos, ninguna salida democrática y electoral. Todo diferimiento de la solución aspirada por casi todo el país juega a favor de la prolongación del régimen. El hoy nos plantea retos, entonces.

La descripción realizada nos debe servir para saber lo que los venezolanos pudimos hacer y cómo. Primero, pudimos tener alto crecimiento y ser estables. Eso no está en la conciencia de muchos. Y lo hicimos por un largo tiempo. Eso debería ser nuestra principal aspiración. Crecer y ser estables por un largo plazo y garantizar que eso se mantenga y no haya regresión debe ser nuestra principal aspiración en política. Salir del drama actual no puede ser para volver a hacer las cosas como en ese pasado que nos trajo a dónde estamos.

Ahora, lo logrado en ese largo lapso citado lo fue por la existencia de instituciones que lo hicieron posible. Es desconocido por muchos venezolanos que en los gobiernos fuertes de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez y en la cooptación posgomecista se establecieron las instituciones económicas que permitieron la estabilidad. El primer Fondo del Tesoro, equivalente a los actuales fondos de estabilización macroeconómica, se estableció en el gobierno de Castro. La obra hacendística de Román Cárdenas, durante el gobierno de Gómez fue muy meritoria. La cooptación contó con Alberto Adriani y otros. El Banco Central se creó en esos años. Y un largo etcétera.

Esas instituciones son las que explican el virtuoso desempeño y deben ser emuladas; de toda evidencia, a la luz de los conocimientos y las realidades y problemas actuales. Con el tiempo fueron demolidas y pervertidas. Lo hizo la política carismática, a partir de 1969 y lo completó el proyecto destructivo actual. Replantear las instituciones económicas y prevenirse de la política carismática o tradicional deben ser propósitos de hoy.