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Implosión Chavista | Por Edwin Ríos

16/11/2017 11:30 PM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

La situación de Venezuela se ha comparado, como suele ocurrir en momentos caóticos, con la de un barco que va de frente a un témpano de hielo. El barco ha de hundirse porque no tendrá tiempo de frenar ante el témpano. Esa es una dinámica lógica, pero vamos a suponer que, por lo contrario, sí hay distancia para frenar. Vamos a suponer que el barco pudiese frenar de la manera más repentina posible, como medida de emergencia. Todos queremos paz sin violencia y esta sería la mejor opción pacifista. Bueno, entonces entramos en una dinámica de energía.

En mi primera reencarnación militar, de dos que he tenido, yo era fotógrafo en el U.S. Navy y recuerdo una maniobra que el barco hacía todos los años para mantenerse certificado como nave saludable para el servicio. La maniobra consistía en llevar al buque hacia adelante a una cantidad de nudos considerables, y de repente detener las hélices, para luego acelerarlas en dirección contraria, deteniendo al buque de la forma más rápida posible.

Yo trabajaba en el portaviones U.S.S. Dwight D. Eisenhower (CVN-69) cuando veía ejecutarse esa maniobra (1978 – 1983). Al girar las aspas de propulsión en dirección contraria, el barco completo tiembla de una manera violenta, como si se fuese a despedazar. Toda la estructura de hierro se hace blandengue; la energía fluye como una ola, convirtiendo a la paredes de hierro en masas débiles que se mueven como cortinas frente a una ventana. Es una implosión de energía intensa que la nave tiene que disipar para poder quedarse a flote.

Ese es el efecto de una frenada violenta y ayuda a explicar por qué es preferible no frenar. Además, esas dinámicas hacen que se pierda el control, si a la vez se gira. La parte del frente del buque adquiere la mayor dinámica del peso, la parte de atrás se hace liviana, y al virar la parte trasera de la nave gira más allá de lo esperado. Lo mismo ocurre en un automóvil en alta velocidad, cuando se frena y se intenta girar de repente. Los pilotos profesionales de automóviles entienden bien esta dinámica y la tendencia es virar, sin frenar, cuando están enfrentados a un peligro inminente.

La opción pacifista todavía espera que el buque frene antes de que aparezca un témpano con la fuerza del pueblo. Pero tenemos que recordar que los témpanos no se forman, sino que se desprenden de glaciares. Aunque reaccionen a tiempo, el barco se ha de hundir nada más con el intento de frenar. En Venezuela ya no existen instituciones que defiendan a la democracia. Son diecinueve años, ya la gente está cansada. Venezuela no tiene solidez interna. El buque se despedazaría aún antes de tocar de lleno al témpano de hielo.

Por ahora sólo existe la opción de desviarse, buscando la gran suerte de no tocar la masa del témpano que está escondida debajo del mar. Pero el gobierno tampoco está tomando esa opción y sigue de frente hacia un curso violento. Estamos en época de témpanos y el gobierno de Maduro corre la misma suerte que el Titanic, con la fantasía socialista de que el cuarteto de cuerdas siga tocando mientras se hunda el barco, no para calmar los ánimos; más bien pensando que todavía el socialismo tiene salvación. ¿Cuál es la mejor opción para este gobierno?

RENUNCIA MADURO …entre el témpano de la rebeldía del pueblo, y el buque del gobierno opresor, el témpano siempre gana.