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La abolición de la escuela y el infanticidio nacional | Por Daniel Lara F.

Nunca ha sido más difícil ser niño que en la Venezuela tomada por el narcocastrismo. (Foto Vladimir Marcano) 24/08/2017 12:07 PM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

I

¿Para qué sirve la escuela venezolana hoy? ¿Alguien podrá responder esta pregunta?

¿Para que los padres depositen a sus hijos en un espacio donde los retengan mientras ellos trabajan o se dedican a otras cosas? ¿Para que la sociedad venezolana simule que posee un sistema donde se forman ciudadanos? ¿Para que simulemos todos que nos interesa de verdad tener ciudadanos con educación y formación suficiente para valerse por sí mismos en el futuro?

Un docente sub pagado no le garantiza a nadie que podrá dar una buena formación a un niño. Una maestra graduada a las carreras en una misión instantánea no le garantiza a nadie que sus alumnos no serán analfabetas funcionales en el mundo de hoy.

Todo esto me vino a la mente a raíz de la discusión ideológica presentada alrededor de la reforma de la educación en Venezuela que adelanta el régimen. Y entiéndase bien: dije reforma, no revolución. Porque esta gentuza que dice gobernar es pseudo reformista rancia, desubicada y energúmena, sin rumbo ni destino y sin certezas ideológicas propias, siquiera. Los ministros actuales gritan socialismo mientras hacen el saludo nazi, leen al Che mientras sin saberlo citan a teóricos hitlerianos, invocan al proletario mientras enriquecen al burgués y reniegan de creencias religiosas mientras prenden velas a Chávez. Y así nos va.

La principal preocupación de la gente, en este momento en que se protesta la reforma educativa del régimen, es el adoctrinamiento que se va a imponer desde las escuelas. Pero quizás por la premura en el análisis, dejamos de lado que siempre hay adoctrinamiento en la educación. El problema no es que te adoctrinen, el problema es la doctrina que te impongan. La democracia impuso una doctrina en las escuelas, pero esa doctrina era consensuada y con la suficiente amplitud como para que entrara todo el país, no una parte solamente. A varias generaciones de venezolanos nos adoctrinaron con la veneración a los próceres de la independencia, el respeto a los símbolos patrios, a la figura de Bolívar, Sucre, Urdaneta, Vargas, Mariño, Páez. Nos impusieron el respeto a instituciones como las FAN o la Iglesia. Incluso, algo perdido el día de hoy, nos inculcaron el respeto al ambiente, con el Día del árbol, cuando en cada periódico de circulación nacional el último domingo de mayo se insertaba la semilla de un árbol distinto, envuelta en papel celofán, cortesía del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables. Y uno llevaba el lunes su semillita metida en un frasco de compota, lo ponía en el patio de la escuela y cantaba además, a coro, el Himno al árbol: “Al árbol debemos solícito amor/Jamás olvidemos que es obra de Dios”.

Si eso no era adoctrinamiento, díganme qué era. Si no era positivo, díganme qué era. Díganme si no corresponde lamentar que hoy el Día del Árbol y su correspondiente himno hayan sido execrados de las escuelas. Dígame si no sería hoy absurdo celebrar el Día de la Alimentación en un país sin alimentos. Dígame si cantar el Himno a las Américas en las escuelas no era más útil para explicar la integración latinoamericana que hablar en libros escolares del Alba, el Che, Chávez y Kirchner.

Es evidente entonces que el problema no es el adoctrinamiento sino la doctrina impuesta. El problema no es ya el sartén, sino quien lo sostiene.

II

¿Qué sabe el actual ministro de educación sobre educación?

No es una pregunta retórica. Es un cuestionamiento sincero que me gustaría que alguien me respondiera. Entiendo que el anterior ministro Héctor Rodríguez es abogado. No lo recuerdo como docente. El actual es Elías Jaua, sociólogo que en la UCV no fue conocido más como docente o estudiante que como tirapiedras. ¿Sabe lo que es una pizarra de tiza, como la mayoría de los docentes venezolanos? ¿Conoce el significado de pararse todos los días frente a un salón lleno de niños que deben aprender a leer, a sumar, a comprender tantas cosas? ¿Sabe lo que es tener trescientos alumnos a la vez divididos en varias secciones, tener que hacerles examen, corregírselos y entregarles notas a tiempo, recordando además sus caras y modales a la hora de puntuarles? ¿Sabe, además, lo que significa tener en sus manos la formación de trescientos alumnos por año a cambio de tener que esperar cinco años en el mejor de los casos para cobrar una infame liquidación al momento de jubilarse?

Me permito dudar de que un Héctor Rodríguez sepa algo de eso después de decir que no le darían educación a la gente “para que después se meta a escuálida”. Me permito dudar de cualquier cosa después de haberle escuchado esas palabras en el conocido discurso, resumen de su pensamiento.

Y si vamos más allá de su pensamiento y entramos en sus acciones, pues peor.

Al saber del cúmulo de acusaciones que contra Héctor Rodríguez y su entorno salieron del propio chavismo luego de su paso por el Ministerio del Deporte, uno tiene derecho a dudar de cualquier cosa que ese señor haga. Un tipo que mientras fue ministro del deporte repartió billete sin control, sin mecanismos administrativos y dejando en manos de su mamá –que tenía oficina adjunta al despacho del ministro- la toma de decisiones vinculadas al reparto. Un sujeto que se rodeó de comerciantes de la política, traficantes de prebendas y chulos del Estado, a los que puso de viceministros, de directores y de altos jefes. Un elemento que deja una gestión que tuvo que ser denunciada por la desprevenida deportista que le sucedió en el cargo, a la cual por cierto la sacaron también del cargo y no hemos sabido más de ella, ni de sus denuncias, ni de las investigaciones abiertas a Héctor Rodríguez, si es que se abrió alguna.

III

En cada venezolano que delinque, hay un fracaso educativo. En cada cárcel abarrotada, hay una escuela que se quedó vacía en algún momento. En cada delito cometido, hay un valor que no se inculcó, hay un fracaso de la sociedad. Y lo peor es que el actual sistema educativo y el actual sistema penitenciario no tienen nada que ofrecer para remediar esos fracasos.

¿Qué puede esperarse de un bachiller venezolano que es sometido a la burla de un pensum con treinta años de atraso? ¿Qué puede pedírsele a un joven que es sometido al tedio de materias divorciadas de la realidad, como Educación para el Trabajo, de la cual nadie sale con conocimientos para trabajar? ¿Qué puede pedírsele a un muchacho sobre conocimiento de la historia nacional, si en primero de diversificado le repiten lo mismo que ya le dijeron en octavo?

¿Para qué nos sirve Formación Ciudadana en el país donde los ciudadanos se comen la luz del semáforo, ensucian las calles y prescinden de la convivencia en sus vecindarios? ¿Cómo se entiende la Instrucción Pre Militar como positiva en un país donde ser militar se convirtió en la suma de todo lo negativo? ¿Para qué nos sirvió la Educación para la Salud en un país donde las madres adolescentes ya son parte del paisaje nacional?

Si la educación en Venezuela en estos quince años hubiese servido para algo, no habría necesidad de crear un ministerio de Asuntos Penitenciarios. Si la educación en estos quince años hubiese servido para algo, no tendríamos las calles tomadas por la delincuencia, motorizada y enmascarada, o uniformada como también la conocemos.

Y si de verdad entendiéramos el problema, ese ministerio de Asuntos Penitenciarios, debería más bien llamarse Ministerio de Reeducación Nacional. O Ministerio para Corregir el Fracaso de los Ministros de Educación.

Quizás, habría que pensar en entregarle las cárceles al Ministerio de Educación, para que se encarguen de corregir lo que hicieron: dejar la puerta abierta de las aulas para que entraran los anti valores que convirtieron a Venezuela en la República de los Pranes.

IV

Estos quince años abolieron la escuela y mataron la infancia. Se abandonó al preescolar, se echó por tierra la responsabilidad de las alcaldías en los sistemas de guarderías y maternales en un país donde se instaura la pobreza de facto cuando a una niña de catorce años se le saca del aula para que sea madre soltera, sin formación alguna para trabajar y de paso criando a un niño del que tendremos que esperar la protección de San Juan Pablo II y San Juan XXIII al unísono para que no se nos convierta en delincuente en unos pocos años.

El resumen del estado de la educación nacional y de los objetivos de cualquier cosa que quiera hacer este régimen con las escuelas, está en la foto del militar infanticida llevando preso a un niño sin ninguna pinta de oligarca, por cometer el delito de participar en una protesta, seguramente violenta.

Vea esa foto y diga usted, después de saber cómo están nuestras escuelas y nuestros valores: Si usted tuviera la edad de ese niño y supiera lo mal que se ve su futuro, gobernado por Herodes ¿No respondería también lanzándose a la calle, con toda la violencia que la frustración que corre por sus venas le impondría conscientemente?

Nota del Editor: Artículo originalmente publicado en 2014