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La desidia como forma venezolana de genocidio | Por Javier Lara

La escasez, desidia y deterioro no son por ineptos, es parte de su estrategia genocida (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 08/10/2017 9:30 AM

Por Javier Lara

Profesor de Geografía e Historia

En Twitter: @vzla_apesta

Hace meses mencionaba en otro artículo como el chavismo no era más que la confluencia de los fenómenos del mal autóctonos de cada país como son el comunismo y el crimen organizado en un mismo mal de dos caras y mucho más dañino para la sociedad hasta el punto de dominarla por el poder económico, de las armas y del control social.

Este control social del que se busca valer la tiranía criminal para subyugar a placer a quiénes consideren peligrosos o indignos de vivir en el país por cárcel que han creado sobre este territorio que hace mucho que dejó de ser República, al no existir instituciones que garanticen el cumplimiento de derechos ni pongan límites a los poderes de un estado que con todo su poder apuesta por la destrucción de los individuos libres.

Toda tiranía históricamente se ha valido de métodos de control social, genocidio y opresión que terminan siendo un reflejo como una suerte de dualidad maldita de lo mejor y lo peor de la sociedad de la que surgieron. De esa forma, en Alemania el nazismo reflejó con su supremacismo racial ario, su blitzkrieg y cámaras de gas los aspectos característicos de la sociedad alemana industrializada, del control, de las minas de carbón de Hamburgo y las factorías de acero del Rin, todo en una perfecta máquina de matar que con precisión de horror pasó entre campos de concentración, bombardeos relámpago y como línea de producción de la muerte a más de seis millones de judíos europeos, su víctima primordial, y millones de otras personas en una de las mayores masacres que conoció la humanidad en el siglo XX.

Otro ejemplo de como una tiranía termina siendo reflejo de las taras y características fundamentales de su sociedad se ve en el ya reseñado horror del Khmer Rojo dirigido por Pol Pot y sus camaradas, cuyo ideal de sociedad agraria fundamentalista del pueblo jemer, si bien con algunas ideas plagiadas del criminal maoísmo chino, reflejó las ansias de cierta sociedad milenaria, gozando incluso respaldo del oportunista monarca de esa nación, quién les dio su bendición en su ansia de ser rey incluso sobre los restos de una nación, notando su error muy tarde cuando estos criminales decidieron hacerlo rehén de su palacio para ocupar el poder real estos en su sociedad fundamentada en el cultivo de arroz, la pleitesía al “Angka” como conciencia nacional y la muerte de millones, que a diferencia del caso alemán, no necesitó de la creación de máquinas de matar, no; ellos se sirvieron del genocidio por el método del hambre, la malnutrición, y en su última instancia las múltiples torturas y fusilamientos a quiénes considerasen incómodos, sin que nadie en su nación los parara hasta que la sangría fuese demasiada, incluso frente al vecino horror de los comunistas de Vietnam, que decidieron invadir el país para evitar la expansión de esa locura a su nación.

Como no hay lodo sin una mezcla de tierra y agua, es lógico que la tiranía chavista no fue algo que surgió por generación espontánea. Esta también refleja la lamentable idiosincrasia venezolana de cierto modo de la misma forma que cada grupo criminal organizado tiene características nacionales identitarias, y esto no escapa a la forma de matar que esta ha escogido.

Porque el nazismo alemán reflejaba con sus cámaras de gas su proceso industrial y cierto modo perfeccionista de la nación, y el khmer rojo reflejaba en los campos de la muerte las ansias enfermizas de una nación agraria fundamentada en el arroz y creencias milenarias. En el caso venezolano, el modo de matar refleja el refrán que repetido mil veces se convierte en verdad al estilo goebbeliano de “El venezolano es flojo”, muriendo la gente de mengua por el mal criollo del “Deja esa vaina así”, del “Otro hará esa vaina” y de las misma forma siendo reflejo del acuciante mal que ha perseguido a esta sociedad de generación en generación como es la corrupción.

De esa manera, aunque no lo parezca, hay una sistematizada masacre de ciudadanos en forma del robo de los bienes de la nación. Un robo donde cada billete pasado a las arcas de algún jerarca o colaborador en lugar de ser usado para combatir las múltiples enfermedades que han puesto al territorio como foco de epidemias causa víctimas en una sangría que debe contarse, especialmente teniendo en cuenta que estas enfermedades fueron deliberadamente permitidas en su propagación de forma sistemática, por los mismos que no las combaten con los recursos que se roban.

De esa forma, este sistema donde enfermedades antes erradicadas, plagas casi bíblicas, reaparecen en pleno siglo XXI, sin que se puedan combatir por años de expolio de dinero, de daño sin reparación de la red de hospitales, del hacinamiento y la marginalidad permitidas sin control, del deterioro general de la situación que lleva a la emigración masiva de médicos y del criminal control de cambio capaz de crear una situación donde las medicinas para combatir enfermedades no se consiguen. De ese modo, reaparecen la tuberculosis, la lepra, la malaria, todas asociadas a una Venezuela miserable que parecía haber quedado atrás, pero que el comunismo ha traído de vuelta como modo de exterminio de una forma que no parezca alarmante ante los organismos fiscalizadores de tragedias que les suelen ser simpatizantes además, a quiénes no les alarman tanto 5000 muertes por enfermedades totalmente prevenibles como si les alarma un visible pelotón de fusilamiento, una guerra o un “vuelo de la muerte”.

Así, con este horror, el chavismo logra aquello que ni Hitler ni Pol Pot soñaron, una cierta impunidad que les permite registrar como “muerte natural” miles de verdaderos homicidios imputables a todo ministro de salud, presidente de instituto, secretario de salud y demás subalternos, pudiendo extenderse la misma imputabilidad a todo funcionario penal que permite que por vía del “retardo procesal” miles de personas, sobre todo presos políticos, se pudran sin juicio en mazmorras donde el riesgo de padecer una enfermedad terrible o agravar las que ya se posean son mayores, y de esa manera poder usar como arma represiva perfecta, sin sentimiento de culpa, pudiendo ahorrarse la bala que mate a su enemigo y la polémica, diciendo que cualquier preso “Murió de complicaciones que ya tenía antes de ingresar”.

Los nazis tuvieron su industrialización asesina, los jemeres rojos su fantasía agraria genocidia, y la tiranía chavista tiene así como método nacional de represión genocida a sus muchas víctimas, la desidia, gran expresión de la corrupción y la idiosincrasia, males que explotan a placer para garantizarse el control de los restos de algo que como conjunto nacional cada día más muere de mengua.