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La Fatal Ignorancia. Segunda Parte | Por Antonio Sánchez García

"Venezuela ha de ser el único país del mundo en el que el presidente del Congreso no sabe dónde está parado" (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 09/01/2018 10:00 AM

Antonio Sánchez García

Historiador y Filósofo de la Universidad de Chile y la Universidad Libre de Berlín Occidental. Docente en Chile, Venezuela y Alemania. Investigador del Max Planck Institut en Starnberg, Alemania. En twitter es @sangarccs

“Es imprescindible determinar la causa matriz que ha convertido a nuestro país en una fábrica de pobres para saber hacia dónde vamos. Es muy importante saber dónde estamos parados”
Omar Barboza, presidente de la Asamblea Nacional, 5 de enero de 2018.

Leo el tuit que sirve de epígrafe al presente artículo, puesto a rodar por un viejo y experimentado político socialdemócrata, que fuera gobernador del Zulia designado por el presidente Jaime Lusinchi, para convertirse en fundador, bajo los designios del factótum zuliano Manuel Rosales, del partido Un Nuevo Tiempo, del que es presidente ejecutivo, al mismo tiempo que diputado a la Asamblea Nacional y actual presidente de dicha corporación. Una confesión nada honorable de lo que he venido en llamar “la fatal ignorancia”, un mal endémico del que sufre nuestra vapuleada dirigencia política.

Político vernáculo de tanta alcurnia y hombre que ya pinta canas, experimentado en el fragor de las inveteradas luchas por el poder echado a rodar por el Pacto de Punto Fijo, conocedor, imagino, de las luchas libradas por Rómulo Betancourt contra el castrocomunismo cubano y las batallas que libraran los patrióticos ejércitos del pasado siglo contra sus huestes invasoras y seguramente consciente, así sea a grosso modo de lo que significan y han representado La Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte y el marxismo bolchevique devenido en castrocomunismo en la historia de la humanidad, experto además en las trapacerías, mañas e intríngulis de la política nacional, que de lo contrario jamás se hubiera encumbrado a las alturas del poder, así sea en un Estado que no destaca hoy por hoy por la grandeza política de sus élites, Omar Barboza, lumen opositor, propone la tarea de hacernos con urgencia a saber dónde estamos parados. Da por supuesto que no lo sabemos. Lo que no obsta para que desconociendo la causa matriz que nos ha traído a esta catástrofe y dando a entender no saber él tampoco dónde estamos parados –a confesión de parte relevo de pruebas – presida el cuarto partido de la MUD y reciba, como regalo navideño y producto del cargo rotatorio impuesto por sus congéneres del G4 – tan ignaros como él de la trágica situación en que estamos parados – el puesto de más tronío de la sedicente oposición institucional venezolana. No hay sarcasmo en mis palabras: es la lectura sin ambages de lo que él mismo afirma. Y tiene trágica razón: si la oposición venezolana, y muy en particular quienes viven de ejercerla, supieran cuál es la raíz de nuestro mal y tuvieran meridiana claridad del abismo al que nos ha traído el castrochavismo, algo hubieran hecho para impedirlo. ¿O debemos concluir con la certeza de que los secretarios generales de los cuatro partidos de la MUD han sido cómplices y colaboradores de esta pesadilla, precisamente por la fatal ignorancia que los condena a no entender nada?

Venezuela ha de ser el único país del mundo en el que el presidente del Congreso no sabe dónde está parado, que desconozca la naturaleza totalitaria del régimen con el que debe interactuar a las máximas alturas ni posea luces que le indiquen hacía dónde vamos. Mayor demostración del naufragio que vivimos, imposible. Mayor y más sincera anticipación del fracaso inexorable que le espera a él, al congreso que preside y a los partidos que le acompañan ante todo eventual intento por evitar ese oscuro y tenebroso lugar hacia el que somos empujados, también imposible. Estamos una vez más ante la palpable demostración de la fatal ignorancia de una dirigencia no sólo menguada intelectual y políticamente, sino y lo que es infinitamente más grave: minusválida moralmente. Porque ¿cómo habrá de considerarse moral el comportamiento de quien acepta dirigir el Estado Mayor de las tropas opositoras de esta guerra inclemente si acepta el generalato sin saber dónde está parado ni hacia dónde vamos? Son las claves que determinan, como lo señalan todos los manuales de la guerra, desde Tzun Tzu hasta Von Clausewitz y Mao Tse Tung, que la suerte de todo general en combate depende de saber con qué y con quiénes cuenta, dónde está parado y qué pretenden y hacia dónde quieren conducirlo sus enemigos.

No se requiere genialidad alguna para responder a las interrogantes de Omar Barboza. Y lo digo sin presunción alguna: sabemos dónde estamos parados – en una Venezuela devastada y consumida por el proyecto más perverso y criminal que hayamos vivido en nuestros dos siglos de historia. Sabemos, en consecuencia, hacia dónde vamos: la liquidación total de la República y la entronización de la segunda Cuba de la región, con el subsiguiente aplastamiento final de todas las fuerzas opositoras y la declaración de la República Socialista de Venezuela. Y sé, finalmente, lo que les espera a todos los políticos venezolanos que sufren de la trágica y fatal ignorancia que detecto en los viejos políticos del sistema haciendo vida en partidos y curules: o claudican abiertamente y se entregan atados de pies y manos, colaborando o callando para siempre, o terminarán en el paredón frente al pelotón de fusilamiento. Destino del que tampoco serán exonerados quienes representan al patriciado de “las caras nuevas”, una de las cuales le acaba de transmitir el mando al Sr. Barboza mientras los otros pasan sus penurias perseguidos o encarcelados con la cola entre las piernas.

Un muy querido amigo ha tenido la grata cortesía de regalarme el último libro de uno de los más distinguidos historiadores ingleses, Sir Max Hastings, intitulado 1914, EL AÑO DE LA CATÁSTROFE. [1] Su tesis fundamental: la causa “matriz” del espantoso matadero que llevara a la Primera Guerra Mundial y a dos de sus más aterradoras consecuencias - la revolución rusa de Lenin y la revolución alemana de Hitler -, fue el grave desajuste entre una inmensa crisis enfrentada por liderazgos pigmeos. Tal como le sucede hoy al doctor Barboza, fiel exponente de toda nuestra dirigencia mudista: ninguno de los emperadores y reyes, ministros y presidentes, políticos y pensadores de las principales potencias europeas de comienzos de siglo sabían dónde estaban parados ni adónde iban. Se dejaron entrampar con la mayor inconsciencia en la más espantosa tragedia vivida por la Europa moderna. Sufrían de la fatal ignorancia, causa y motivo de la estupidez que hunde a los pueblos en sus más espantosos abismos. Que Dios nos encuentre confesados.