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La impiedad comunista | Por Félix Viera Blanco

28/03/2018 11:41 AM

Félix Luis Viera

Cuentista, novelista y poeta de origen Cubano, actualmente nacionalizado Mexicano. Conocido opositor del castrismo, critica de manera severa al sistema imperante en en Cuba y su influencia en el extranjero.

Las protestas que se llevaron a cabo en Venezuela desde principios de abril de 2017 y en las que murieron cientos de personas y centenares más resultaron detenidas o heridas, no tuvieron propiamente un matiz ideológico.

Cada vez será más raro el sufragio o la toma de posiciones en virtud de una ideología determinada; y mucho menos cuando esta tiene sus basamentos en los conceptos patria, o sacrificio a cambio de porvenires luminosos, o himnos o banderas.

Es decir, en el caso de Venezuela, si bien ha sido la dirigencia de la oposición quien convocó las manifestaciones contra el régimen, los protestantes en su mayoría salieron a la calle para reclamar un mejor estado de cosas: que cese el hambre generalizada de modo que ya no sea necesario que tantos venezolanos aun anden hurgando en los tachos de basura en busca de desperdicios para alimentarse; que reaparezcan los medicamentos de modo que no continúen muriendo personas —incluidos niños— por la carencia de estos; que no sea menester consumir largas filas —que requieren horas y más horas— para obtener productos de primera necesidad a precios estratosféricos como consecuencia de una inflación récord y la baja en la productividad en todos los sectores; y que disminuya el alto índice de criminalidad y por consiguiente el desamparo en que viven tantos ciudadanos; entre otros factores.

En las elecciones legislativas de 2015, el oficialismo fue derrotado por doble cantidad: 112 escaños para la oposición, 55 para el chavismo.

Lo anterior daba poderes extraordinarios a la Asamblea Nacional, que aun en caso de resultar necesario, podría revocar al ejecutivo.

El chavismo —sabedor además de que según varias encuestas 7 de cada 10 venezolanos rechazan al régimen— respondió poniendo a sus secuaces en el Tribunal Supremo de Justicia y así, como era de esperar, ninguno de los acuerdos de la Asamblea de mayoría opositora ha ido adelante.

Los que éramos púberes o adolescentes cuando triunfó la Revolución cubana, solo tuvimos información acerca de la impiedad del comunismo en el poder cuando visitamos determinados países o cuando, en casos excepcionales, conseguimos información al respecto aun estando en la Isla. O sea, solo entonces supimos que Vladimir Ilich Lenin y sus continuadores han sido unos asesinos —adictos, se podría decir—. Y nos enteramos asimismo de la crueldad ejercida por el castrismo en nuestra Isla.

Así hoy, en cierto modo y en buena medida, vemos cómo se ha forjado en Venezuela una réplica de la inclemencia comunista. Lo cual se manifiesta sobre todo en el odio mortal a todo el que no piense o se manifieste en favor del chavismo. Es decir, se convoca a un gobierno que únicamente reconoce como ciudadanos, patriotas y todo lo demás, al ciento por ciento, a quienes comulguen incondicionalmente con el oficialismo.

Por otra parte, se caracterizan los comunistas —y buena porción de la izquierda en general— por su vulgaridad, su indecencia, matizada adecuadamente con una notable cuota de crueldad. Sirva este ejemplo: Durante las protestas en Caracas, un hombre, desnudo y llevando en las manos un ejemplar de la Biblia, enfrentó a la Guardia Nacional y específicamente a una tanqueta antimotines.

El mandatario Nicolás Maduro se burló en público de este hombre mediante alusiones de suma obscenidad dignas de una magnífica vieja de barrio. Es decir, lo que apuntábamos: la crueldad y la vulgaridad que los caracterizan.

Acerca de las protestas en el país sudamericano, da asco la manera en que miente el diario Granma (como toda la prensa autorizada en Cuba, en la nómina salarial del Gobierno). Si revisamos algunas de sus ediciones, veremos cómo invierte descaradamente el desarrollo de determinados sucesos.

A la hora de redactar estas líneas, continúan las manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro, y si nos asomamos a las informaciones podemos comprobar algo muy lamentable que ya conocemos desde hace siglos se podría decir: los esbirros no hay que importarlos, se hallan en la nación que requiera su advenimiento. Es decir, la Guardia Nacional Bolivariana —últimamente adiestrada por el Ejército de manera especial para reprimir manifestaciones— cumple con el papel que le ordenan: toletes, bombas de gas lacrimógeno, fuego con perdigones contra sus propios compatriotas que, en definitiva, representan a la mayoría de los ciudadanos.

Esperemos.