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La intervención y la solución somos todos | Por Daniel Lara Farías

La intervención convencional no es lo que está planteado en Venezuela, por más que "analistas" de redes sociales intenten explicarlo 13/02/2018 1:25 PM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

I

Cosas de la guerra de información y del daño que causa, sobre todo en los más débiles: El lunes de carnaval, en la mañana, una venezolana también en el exilio me dice, con lágrimas en los ojos “Daniel ¡que alegría! ¿Viste que se movilizaron ya a la frontera con Venezuela? ¡eso es que Trump ya dio la orden, van a sacar a Maduro y podremos regresar pronto!”.

No supe qué decir.

Principalmente, porque es mentira. Pero mucha gente, lo cree de verdad. Mucha gente siente, hoy en pleno carnaval, que la intervención es inminente, que los marines están en Panamá o Vieques o Guantánamo, esperando la orden de “Go” para entrar por La Guaira, subir por la autopista y llegar a Miraflores sin mayor resistencia. Mucha gente cree, de verdad, que la intervención o la resistencia contra el régimen, depende de otro, no de sí mismo. Y he ahí el problema principal que atraviesa cualquier plan o acción que busque sustituir al régimen actual y restituir la República.

Ni el problema ni la solución depende de otros. Todo empieza y termina en Venezuela y en los venezolanos.

II

Hay que empezar por entender que en una guerra, la primera víctima es la verdad. Así, mucha información, no es tal. Es fácil determinarlo, si se siguen algunos consejos básicos: No creer en “super dateados” de twitter que ni su nombre son capaces de mostrar es uno de los más básicos. Pero tampoco creer 100% lo que algunos reconocidos periodistas puedan decir, pues precisamente siendo la verdad una víctima, los aparatos de desinformación y contrainformación usa precisamente a periodistas de renombre para colar falsedades, medias verdades, mentiras y enfoques interesados para orientar a la opinión pública precisamente a donde quieren.

Dudar de todo es lo ideal. Pero además de eso, interpretar las señales es importante. En el lenguaje de los representantes políticos nacionales e internacionales, puede identificarse muchas cosas. El lenguaje tosco, poco diplomático o sutil de Trump o del propio Tillerson al referirse a Venezuela, desde el punto de vista del enfoque que utilizan, en el fondo puede ser desafortunado si se revisa lo dicho por el jefe de la diplomacia de los EEUU hablando de una solución militar interna que acabe con el régimen de Maduro. Esa frase, que refleja un gran desconocimiento de lo que son las entrañas de un régimen del cual los militares son parte y por ende ningún militar va a derrocar, si se revisa a fondo puede encontrar un matiz importante, con el cual podemos quedarnos: Ya los EEUU descartaron cualquier salida pactada, negociada o electoral en Venezuela. Ya asumieron que la salida es de fuerza.

Siendo así, obviamente falta el componente fundamental para que esa acción de fuerza se realice: El quién. El sujeto de la oración, pues ya el verbo lo definimos.

III

Cuando se intervino en Haití en 1994, había un gran rechazo de la opinión pública de los EEUU sobre el caso. En principio, estaba vivo el recuerdo del desastre vivido en las acciones en Somalia del año anterior, donde buscando, precisamente, una “intervención humanitaria” que llevara alimento a una población que moría de hambre, incapaz de movilizarse en medio del fuego cruzado entre bandas en guerra, EEUU vivió uno de los peores momentos de sus fuerzas militares después de Vietnam, con la tristemente célebre “Batalla de Mogadiscio”, inmortalizada en la película “Black Hawk down”.

Viene a cuento ambas acciones, tanto Haití como Somalia, pues se parte de lo mismo, al revisar con cuidado: el problema no es el qué (la intervención), ni siquiera el cómo (que es mera cosa de planificación militar y logística). El problema es el “quién”, refiriéndose al apoyo interno para gestionar los objetivos de la intervención. De eso hablé cuando me pregunté, en otro artículo “Intervención ¿con quién?”.

En Somalia, se tenía certeza de que había una cruenta guerra civil que había llevado a la población a huir masivamente hacia países vecinos. El hambre y la desolación que la guerra dejaba a su paso fue el motivo suficiente para una intervención de carácter humanitario, que llevara comida a quienes no tenían que comer. Pero la intervención, que militarmente fue exitosa en principio, si hablamos de objetivos cumplidos y despliegue de fuerzas, tropieza con el grave escollo de no poder llegar a la población afectada por la falta de organización de una fuerza nacional afín que garantizara que los suministros humanitarios llegaran. De tal manera, que las fuerzas guerrilleras en pugna (que era, y son aún variadas y controlan ciudades dentro del país o barrios dentro de una ciudad) se hicieron con el control de esos suministros. El resultado fue peor: había comida, agua y alimentos llevados con apoyo de la ONU, pero estaban en manos de los “señores de la guerra”, que sometían a su merced a los somalíes hambrientos. La guerra que arranca en 1991 aún continúa en Somalia, donde siguen el hambre y la desolación, donde un conflicto civil ahora luce aliñado por la presencia de Al Qaeda y cuanto animal extraño haya querido pasearse por ese desdichado país.

En el caso de Haití, se armó una solución distinta. Valga decir, que la OEA fue quien de forma más persistente pidió, rogó y al final exigió a EEUU intervenir. Para quien lo olvida.

Jean Bertrand Aristide fue electo presidente luego de la tumultuosa y atropellada situación nacional que siguió a la salida de “Baby Doc” Duvalier del poder. La esperanza de Aristide gobernando era promesa de prosperidad para esa pequeña porción de Quisqueya, empobrecida y sufrida en el inmenso cobalto del Caribe del que cantara en su momento el mismísimo Alí Primera en su canción “La noche del Jabalí”, que comunista y todo, me atrevo a insertar aquí para ilustrar la desgracia haitiana como solo un comunista, experto en desgracias, puede narrar.

 

La esperanza la derroca una militarada que llevó a Aristide a refugiarse en Caracas, asistido por el gobierno de CAP II.

Hubo un plan y un planteamiento a los militares golpistas: váyanse por las buenas, se les garantiza exilio y el dinero que ya tienen. El plan: restituir a Aristide en el poder por el resto de su mandato, organizar unas elecciones libres y vigilar el transito del país a la democracia.

Se logró, en parte: Raoul Cedrás, jefe militar golpista, sigue al día de hoy exiliado en Brasil. Aristide retornó al poder por el resto de su mandato (lo que pasó luego con él, es otra historia, triste también). Las elecciones se hicieron.

Y sin embargo, nada de eso garantizó que Haití sea una democracia hoy, ni que haya prosperidad para sus habitantes.

De eso se trata: de que hasta el mejor de los planes, puede terminar saliendo mal.

Conclusión: Se puede hacer la intervención, puede ser militarmente exitosa, puede tenerse un plan para el día después, puede tenerse a quien ejecute a ese plan. Pero ni siquiera eso garantice que las cosas vayan bien.

IV

Sinceramente, no creo que sea inminente una intervención extranjera en Venezuela. Lo que sí es un hecho real y tangible, es que se acabó la condescendencia con respecto a las salidas negociadas y contra el eterno ritornello de lo “pacífico, constitucional, electoral y democrático”. Ya claramente se entiende que la banda criminal que asaltó al Estado para ponerlo contra la Nación y, además, contra otras Naciones, ya es un objetivo policial y militar. Delincuentes dedicados al narcotráfico, a la legitimación de capitales, al secuestro y al asesinato, al mantenimiento de grupos paramilitares, al amparo logístico, económico y político a grupos terroristas internacionales, al tráfico de alimentos y medicinas, al fraude financiero y cambiario, etc. Así han quedado ante el mundo. Ya esa visión es plenamente compartida por los centros de discusión política a nivel mundial, por Cancillerías y organismos multilaterales.

Pero seguimos teniendo un problema, y es la falta del plan del día siguiente y el equipo nacional encargado de ejecutarlo. Necesitamos un equipo político serio, descontaminado de las asquerosas vanidades de la politiquería colaborante anidada en la MUD, que se encargue de hacer el planteamiento que se requiere, esto es:

1.-El plan para el día siguiente de la Intervención de Rescate de la República de Venezuela

2.-La Hoja de Ruta para la aplicación de la Justicia a los criminales que capturaron al Estado para sus fines delictivos.

3.-La Hoja de Ruta para el establecimiento de una Democracia plena en Venezuela, que incluya la superación de los modelos impuestos de forma fraudulenta en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 y sus enmiendas de 2013 y sucesivas.

Ese equipo político no es la MUD. La MUD no quiere una Intervención de Rescate de la República, pues siendo parte del sistema que será desplazado, no quiere que sea sustituido sino solo le interesa que ese sistema permanezca, con un recambio que ponga a la Falsa Oposición a la cabeza del Estado, perdonando pecados de sus cómplices hoy gobernantes. Eso nos lleva al escenario Somalia o Irak o Haití.

Ese equipo político aún no aparece. Pero aparecerá. Se está forjando en las propias entrañas del sistema, con elementos que poco a poco se desgajan y retroalimentan la resistencia, debilitando al sistema chavista. Se esta forjando en nuevas generaciones de políticos, algunos de ellos no coincidentes conmigo o siquiera entre sí, pero que encontraran orientación clara y objetivos a cumplir eficientemente.

Se esta forjando en el exilio, con miles de ciudadanos que, sin hablar ni alardear, ya tienen en marcha canales humanitarios haciendo llegar alimentos y medicinas de forma efectiva, por canales propios, a venezolanos que así lo requieren. Se está forjando en centros de estudios de seguridad y política internacional y universidades del mundo, llenas de venezolanos que elaboran informes y propuestas que llegan a las manos que tienen que llegar. Ya la propia comunidad internacional ha tomado las medidas del caso que permitan orientar acciones futuras. Pero no es inminente la ejecución de esa intervención, ni será mañana ni será pasado mañana.

Pero quienes quieran que ocurra en esos términos que he planteado, deben encargarse de trabajar para que ocurra. En primer lugar, debe demolerse hasta el último escombro a ese mamotreto de la Falsa Oposición que es la MUD. El primer escollo para la construcción de un liderazgo político que encabece las acciones vinculadas a esa intervención, es precisamente ese Falsa Oposición.

Ya se logró que el mundo viera al régimen venezolano como una banda de criminales que no entregarán el poder pacíficamente. Es necesario, ahora, que también el mundo vea que la Falsa Oposición es falsa, que no es oposición y que tampoco quiere que el poder deje de estar en manos del chavismo. Necesitamos que el repudio se extienda a la clase política que ha impedido que el régimen sea desplazado y que más bien le ha colaborado en su permanencia.

Necesitamos, obviamente, que esa clase política sea también objeto de sanciones en Europa y EEUU contra los bienes que de forma oscura han logrado atesorar todos estos años, con el financiamiento oscuro de esa clase de nuevos potentados reconocidos por la ciudadanía como “boliburgueses”. Pruebas sobran. Allí está el bastardo político de Eudoro González, boliburgués de uña en el rabo, hermano de Leonardo González Dellán, expresidente del Banco Industrial de Venezuela y hombre confianza de Alejandro Andrade. Allí está Juan Carlos Caldera, mantenido de Wilmer Ruperti. Ahí están los hijos, suegro y cuñados de Ramos Allup, las trapisondas de tenedores de bonos que asalarian a Henri Falcón y tantas cosas más. Esa gente, obviamente, es el obstáculo a cualquier solución. Esa gente no está en el plan de rescate de la Nación. Esa gente forma parte del entramado que secuestra a la Nación. Mientras se les permita seguir actuando a sus anchas, mientras se les reciba en Cancillerías y parlamentos, seguiremos por el camino equivocado.

V

La Intervención de Rescate de la República de Venezuela, ocurrirá. Más tarde o más temprano. ¿De quién depende? De nosotros, de los venezolanos. Más de un venezolano tendrá que ponerse a la orden de fuerzas internacionales. Muchos venezolanos, en el exilio y con acceso a medios internacionales, deben darse a la tarea, desde ya, de convencer a quienes no han sido convencidos: a la opinión pública de EEUU y Europa, que lee en prensa que Maduro es un Carnicero o que el éxodo de venezolanos está agobiando a los vecinos, pero nadie les explica que a quien deben presionar es a sus gobiernos para que apoyen una solución que rescate a la República.

Pero para que esa acción de Rescate de la República sea apoyada, debe plantearse primero.

Debemos construirla. Todos. De eso depende el rescate y no de mil tuits desde cuentas anónimas anunciando el Armagedón o el Adviento, que nunca ocurren y solo dejan frustración y lamento.