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La noche de los cuchillos largos | Por Antonio Sánchez García

Desde La Habana, sea visible o no, se ordena la imposición del Estado Comunal a costa d ela sangre de los venezolanos (Ilustración Andrés Rodríguez del Villar) 30/07/2017 10:11 PM

Antonio Sánchez García

Historiador y Filósofo de la Universidad de Chile y la Universidad Libre de Berlín Occidental. Docente en Chile, Venezuela y Alemania. Investigador del Max Planck Institut en Starnberg, Alemania. En twitter es @sangarccs

Todos los lamentos y las rogativas de quienes, tras dieciocho años cumplidos del propósito originario de Hugo Chávez y sus secuaces de devastar a Venezuela para llevar sus despojos “a la isla de la felicidad cubana” (sic), pretendieron convencer a Maduro de que desistiera de su último intento por entronizar una dictadura totalitaria, han terminado en el desastre que corona sus inútiles esfuerzos. Era absolutamente previsible, pues cómplices o colaboradores de buena o mala fe, jamás comprendieron ni comprenderán la naturaleza aviesa y criminal de Hugo Chávez y el proyecto estratégico que echara a andar en brazos de la trágica ignorancia o la ingenuidad de los venezolanos.

No sólo alineado tácticamente con Fidel Castro para hacerse de un puesto de privilegio en la fauna de la izquierda marxista y el comunismo internacional. Sino aliado estratégico de los Castro y obsecuente servidor de sus hitlerianas ambiciones. Son quienes, en su criminal y supina ignorancia, colaboraron desde los mismos comienzos con el asalto al poder del golpismo militar venezolano, poniendo a su disposición sus medios impresos, radioeléctricos y televisivos, sus tribunales, su fiscalía, sus bancos, sus empresas, sus universidades, sus ejércitos y parte importante de sus partidos políticos. Cuyos dirigentes máximos, sentados en la primera fila del Congreso el nefando día de su juramentación ante el decrépito anciano que le entregaba la banda presidencial y le presentara la Constitución por él mismo constituida para que le jurara respeto, asintieron en silencio - y quien calla otorga - la mofa y la injuria de su sucesor, que la declarada moribunda por consejo de su padre putativo y principal asesor, Fidel Castro. Guía y estratega del asalto al poder de Venezuela desde mucho antes que se escenificara esa farsa constitucional. 

Hoy asistimos al fracaso del diálogo y a la apertura del ciclo más oscuro, trágico y tenebroso de nuestro país. Perfectamente anticipado por muchos de nosotros desde el mismo 4 de febrero de 1992, tachados desde entonces de radicales y extremistas por quienes le pavimentaban el piso al asalto y la tragedia. Muchos de ellos hoy en el destierro o sometidos a feroz persecución. Los costos de ignominia, oprobio y sangre que dejan los Idus de este siniestro 30 de julio, que abre con su jornada de cuchillos largos el fin del régimen seudo democrático y el comienzo de una guerra civil entre el pueblo y la tiranía venecubana, son todavía incalculables. Recién comienzan a sentirse sus efectos. Una veintena de asesinados en la jornada más sangrienta desde el 11 de abril del 2002, cuando la cobardía, la mediocridad y la traición política y militar de élites decadentes frustraran el exitoso esfuerzo de la sociedad civil por impedir la tragedia y quitar de en medio al caudillo hitleriano que nos ha traído a esta pesadilla.

Basta con señalarlos: el descrédito de la vieja socialdemocracia venezolana y sus reciclados partidos - AD, UNT y AP – que junto a Primero Justicia avalaron los criminales intentos de diálogo – será inevitable. Todos ellos traicionaron los primeros intentos insurreccionales que, contando con su pleno respaldo, hubieran podido impedir la consumación de esta tragedia. Fue la traición de Abril a la Revolución de Febrero. Volvieron a traicionarla asintiendo al llamado del régimen en el 2015. Y volvieron a creer en el canto de sirena de la satrapía al conjuro del Vaticano. Que ni siquiera consultó a nuestra Iglesia y terminó en el descrédito de la opción mediadora del papado. A pequeña escala y guardando las debidas distancia de tiempo, circunstancia y lugar cabe aplicarles la sentencia de Churchill a Chamberlain: “os humillasteis para evitar la guerra. Tendréis la humillación y la guerra”. Fueron incapaces, ocupando la presidencia de la Asamblea, de ir más allá de bravuconadas y farsas de rebeldía, sin otro propósito que pavimentar sus ambiciones presidenciales. No fueron capaces de lo que el pueblo les exigiera: sacar a Maduro, liberar a nuestros presos políticos y dar inicio a la transición a la democracia.

En el colmo de la tozudez y la miopía, han insistido hasta altas horas de anoche, 29 de julio, en golpear a las puertas de Miraflores para limosnear un diálogo. Y es de presumir que lo seguirán haciendo desde este 30 de julio de los cuchillos largos. También la estupidez y la mediocridad sucumben a las fuerzas de su inercia. Ahora no justificarán su disposición al vasallaje para evitar el inicio de la guerra. Argüirán la necesidad de ponerle fin. Figuras otrora notables como el ex candidato presidencial y líder de COPEI Eduardo Fernández, el ex alcalde y también ex candidato presidencial Claudio Fermín, académicos y escritores insignes que el dolor y la vergüenza nos impiden citar, asesores de mullido susurrar y siniestros propósitos, supuestos genios en el manejo psicosocial de las crisis y comentaristas radiales de suculenta fama aún no despiertan del encantamiento que provoca en sus socios el Poder, así se encuentre en manos aviesas y criminales. 

Son el eje y el centro de la llamada MUD, que será una de las víctimas inevitables del desprecio colectivo. Me cabe una interrogante, que espero que los sucesos que comentamos terminen por aclarar de una vez por todas: ¿por qué los partidos verdaderamente conscientes de la situación y el trabajo de zapa que sufrían sentándose junto a la perversión entreguista de los camaleones, traficantes y buhoneros políticos heredados de la Cuarta República – Voluntad Popular, Vente Venezuela y ABP, entre otros - se negaron a escuchar el consejo de quienes llevamos años recomendándoles separar aguas del reformismo cómplice y constituir un frente verdaderamente intraficable frente a la tiranía?

Ni siquiera suponía romper una unidad ficticia, engañosa, chantajista. Suponía tomar el único camino posible – el del enfrentamiento al que las circunstancias nos han obligado con la pérdida incalculable de bienes y vidas humanas – y, desde ese Frente de Resistencia Nacional, dialogar y establecer acuerdos, incluso sobre todo con la MUD que restara - si restaba - pero entre nosotros, los demócratas, no entre demócratas y totalitarios, como ha sido el caso. 

Nos espera un futuro difícil y complejo. La vanguardia de la resistencia deberá clandestinizarse. La lucha asumirá un carácter armado, de Guerra a Muerte. Los Estados Unidos deberán decidir si toleran otra Cuba a las puertas de su casa, o hacen lo que la cobardía y el miedo a la Unión Soviética le impidió hacer a Kennedy en 1962, cuando traicionara a la resistencia anticastrista: arrasar con la Cuba castrocomunista. Ese riesgo ya no existe. Nadie vendrá en auxilio de dos regímenes comunistas miserables y en estado de extinción. Pero es una interrogante de la que aún no se tiene la respuesta.

Amanecerá y veremos.