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La paradoja del salario mínimo y la hiperinflación | Por Alexander Guerrero

Mayor empobrecimiento en la medida que sube el salario mínimo.(Ilustración por Emejota) 05/09/2017 10:31 AM

Alexander Guerrero

Alex Guerrero es Economista de vasta formación en la academia venezolana e internacional. A través de sus escritos desnuda la estafa económica del régimen chavista y la carencia de propuesta económica alternativa

Los gráficos abajo nos muestran una gran verdad, el comportamiento del salario mínimo, y en general de los salarios en periodos de hiperinflación. En periodos de inflaciones normales -bajo cierto control- como la que hemos vivido en Venezuela por más de 30 años, los incrementos del salario mínimo, han compensado parcialmente, a nivel de limosna, el impacto de la inflación pasada, la del periodo anterior, aunque efectivamente y en honor a la verdad económica, los aumentos en el salario mínimo no compensan ni resuelven la caída del poder de compra del bolívar (salarios), fenómeno que además pierde efectividad, dado que el ritmo persistente de la inflación –regular- reduce la capacidad de empleo de las empresas de tamaño mediano y pequeño, lo cual implica, que para ese sector, esos costos en periodos inflacionarios no pueden ser sostenidos, a riesgo de tener que cerrar sus empresas, o reducir su producto.

En periodos de “inflación bajo control"

Ese fenómeno ha estado presente en la economía venezolana por décadas en el marco de una persistente, profunda, alta, intensa, -para referir los diferentes calificativos que hemos visto en referencia a la inflación “típica” venezolana de las últimas tres décadas. De esta manera, el impacto por incremento en los salarios mínimos, además de no compensar la inflación pasada ni pagar la inflación esperada, produce desempleo particularmente, en aquellos sectores laborales no calificados del mercado laboral, individuos o familia humildes cada vez tienen menos posibilidades de salir de la pobreza, para ellos la pobreza, es pobreza, y aprenden a vivir en ella, en ocasiones con la ayuda de la violencia, pero también capturados por la policía y el Estado como serviles a cambio de vender sus derechos políticos, su libertad de opción.

El fenómeno de “inflación bajo control” toma así algo de tiempo en hacer negativo impacto social profundo que mencionamos arriba, pero al final lo logra. Venezuela vivió durante cinco décadas varios windfall de ingreso –fiscal- petrolero, una minoría de gente humilde logro subir la escalera hacia las clases medias utilizando los incentivos del sistema rentista, un grupo grande ellos aprendieron por caminos no legítimos como se trabaja y como se hace competitivo, muchos brincaron al éxito y levantaron familias ilustres.

Pero la mayoría no pudo desarrollar los incentivos del rentismo para progresas, ello se quedaron “pobres”, ello ocurrió en Venezuela desde 1973 hasta ayer, cuando un mesías socialista propuso voltear la ecuación redistributiva, el que redistribuye y en persona, el, y así armo un sistema redistributivo colosal que se ha gastado alrededor de 350 mil millones dólares en misiones, programas de compensación, estipendios, regalos, vivienda, programas de distribución de alimentos y medicinas, gasto social como los del gobierno y también no gobierno denominan con orgullo.

Al final., mecanismos redistributivistas que no avanzaron de allí, y que cuando se acabó el windfall, el gobierno –Maduro- al ver que ese colosal mercado político crujía, decidió monetizar o financiar con la inflación el déficit fiscal que esos programas causaron donante anos. Los dueños del poder, miopes, no comprendieron que su propuesta retraería males aún mayores, pero al precio de ese enorme costo, una colosal hiperinflación y una contracción económica inédita de -18% en solo dos años, también nos coloca en el camino de resolverla. Lo haremos, no parece porque el consenso nacional es más salario mínimo, pero bajo control del gobierno. Y ello, pese a que una buena porción de la intelligentzia de la opinión publica no logre divisar aun el camino, los líderes políticos aún más insensibles, en parte por no conocer la teoría y praxis del problema, no salen del circulo vicioso de la política de complacencia social de la ignorancia de pedir más salario mínimo, en lugar de gastar el esfuerzo político para curar la enfermedad.

En periodos de hiperinflación

La situación se hace realmente insostenible en periodos de hiperinflación, que lo que hemos visto desde 2013, cuando en medio de una hiperinflación causada por un insuperable déficit fiscal combinado con expansión del gasto público y caída del ingreso fiscal petrolero, por reducción de la renta del petróleo, por caída de la producción, y desde finales del 2014 por caída de los precios del petróleo, cuando pese a que se han aumentado cuatro veces los salarios mínimos en lo que va de año, el ritmo de empobrecimiento de la población de bajos recursos y clases medias, se ha agudizado y amenaza a llevarnos a momentos de emergencia humanitaria, hoy cuando para pagar la deuda externa se reducen importaciones vitales, obviamente, un fenómeno absolutamente perverso.

Y que nos lo dice la gráfica de Bloomberg? En hiperinflación los incrementos de salario mínimo no solo no recuperan el poder de compra del bolívar (salario) perdido en el periodo anterior, sino que no traen compensación alguna en la (hiper)inflación de mañana domingo por ejemplo. Como podemos observar, el impacto no toma el tiempo similar a periodos de baja inflación, como describimos arriba, sino que es de efecto inmediato, por lo que un consecuente empobrecimiento absoluto se mide cuando pasamos de la arepa a la empanada y de la leche de niños al agua de arroz.

¿Y que se puede hacer?

Este fenómeno ha sido exacerbado por el propio gobierno, culpable de la hiperinflación y además por imponer políticas inadecuadas para resolver la caída del poder de compra del bolívar, -hacer lo contrario, cada palabra del gobernante trae malestar económico y social en perspectiva- un fenómeno que podemos llamar libremente hiperinflación, como lo bien lo califica Moddys, una conocida calificadora de riesgo que para evaluar a los países tiene que fraguar un cuadro de indicadores donde la inflación es el principal porque ella nos dice de la insostenibilidad fiscal, y de la caída en e; poder de compra del ciudadano, y en consecuencia del riesgo país..

Por esas razones, en periodos hiperinflacionarios, no hay otra manera que permitir que salarios y precios se indexen libremente; es decir, los gobiernos no solo no deben subir los salarios por decreto sino que deben eliminar de inmediato los controles sobre los precios y otras restricciones administrativas, para que los salarios –siendo este un precio- puedan correr al ritmo de la hiperinflación, es decir se indexen o mejor dicho alcance el rabo de la hiperinflación para que abra paso al necesario acuerdo político nacional sin el cual no es posible detener el ritmo de empobrecimiento que hoy llevamos a una velocidad de vértigo.

Este fenómeno visto en el mundo reciente desde la hiperinflación en la Republica del Weimar en Alemania en los años 20 del siglo XX, trae varias enseñanzas, la hiperinflación se resuelve con liberación de controles lo cual trae de inmediato un arreglo político nacional que imponga las reformas para adecuarle sistema económico a sus libertades y crear el ambiente para que la gentes se ponga a trabajar y eliminar la invasión de la propiedad y el deterioro de los derechos de propiedad.

El sistema económico basado en la propiedad privada tiene las fuerzas de su espontaneidad y la cataléctica requerida para eliminar las perversiones redistributivas de la (híper)inflación. Un hecho curioso también debe pasar: además se acaba el papel para imprime ir moneda, obligando a las decisiones políticas necesaria para detener la locura hiperinflacionaria, de lo contrario como está ocurriendo no habrá muerte súbita como en el football, sino muerte lenta como cuando la rana se cocina para una sopa de rana, lentamente.

Para extender el ámbito del problemas veamos la caída del PIB, producto territorial, y el respectivo per cápita en los últimos anos, y observemos en pleno movimiento y de modo comparativo, el empobrecimiento del venezolano, no solo producido por la hiperinflación, sino por la carencia de voluntad política que ha preferido mantener el poder a todo evento y bajo un régimen de represión social, económica y política y negarse a exponer su propia irresponsabilidad y convocar al país a un acuerdo para terminar este voraz ritmo de empobrecimiento.

No olvidemos que la hiperinflación es un fenómeno estrictamente monetario, sale de las impresoras digitales y de papel –billetes- del Banco Central por imposición del gobierno para financiar un enorme déficit fiscal, políticamente inducido.

El Maravilloso Mago de Oz de la literatura juvenil americana y de los tiempos del populismo a finales del s XIX, dibuja al populista excelso, como lo tuvimos antes y después de Chávez, hoy torpemente en Maduro, pero también en la oposición, sus líderes pertenecen a esta cosecha del populismo socialista –light o viable- época no de oro o plata como el pretendía en su discurso populista, el Mago de Oz que era de lata, cartón y papel!, los nuestros lo emulan, aunque no somos pesimistas por diseño, el trabajo debe ser hecho, con los bueyes que tenemos, o tendríamos que esperar por una generación no intoxicada con el rentismo que defina el futuro de sus hijos, curados de los socialismos, y en función del emprendimiento, el trabajo y la honestidad.