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La sucesión castrista: Depredación de la libertad | Por Oscar Elías Biscet

Raúl Castro con su sucesor designado Miguel Díaz Canel 29/03/2018 6:00 AM

Oscar Elías Biscet

Médico y Activista de Derechos Humanos cubano. Calificado de "amenaza para el Estado",ha pasado casi 12 años en las cárceles cubanas siendo víctima de torturas. Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos.

Existen ideas que desde su nacimiento llevan el sello de la perfección de la teoría científica. Una de ellas que conserva ese carácter científico, es la expresada por Winston Churchill: “Los dictadores van de aquí para allá cabalgando sobre tigres que no se atreven a desmontar, y los tigres están hambrientos”.

El británico Churchill tenía razón, siempre los villanos buscan una justificación para arbitrariamente adueñarse y prolongarse en el poder de la nación. Una de las razones más esgrimida es ayudar a los pobres; y en eso, los más patéticos y desvergonzados son los socialistas, al nombrar a su régimen: dictadura del proletariado. Muchos de esos tiranos no se desprenden del poder nacional hasta que los individuos indignados los echan o la muerte los separa de tan anhelado puesto.

En circunstancias anteriores, en esos avatares de persistir en la dirección del país, estuvo el ecuatoriano Rafael Correa, donde la población fue a referendo y le negó la continuidad en el cargo. No ocurrió así con el venezolano Hugo Chávez, que sí logro el apoyo de la ciudadanía para su prolongación en el poder. No obstante, la muerte se ocupó de ponerle fin a ese ególatra.

¿Es la codicia por permanecer en el poder solo de países en vía de desarrollo? No. En la Europa democrática algunos cargos, Primer Ministro, Canciller o Presidente, aunque constitucionales, muchos de esos líderes se han prorrogado por décadas: hasta un mal resultado o la fatiga y aburrimientos de sus compatriotas. Incluso, en la poderosa democracia estadounidense existió el caso del presidente socialista Franklin D. Roosevelt, que justificado en la guerra, prolongó su estancia por cuatro mandatos.

Por supuesto, peor ha sido en los regímenes socialistas, que en su codicia por el poder de la nación, el Partido Comunista no cedió el poder político a ninguna otra institución partidista y por fuerza de ley institucionalizó su dictadura de forma indefinida en la dirección del país. Realidades ocurridas en la Unión Soviética y los países satélites de Europa oriental, que aún pervive en Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Siria y China.

Rusia y China, lejos de marchar progresiva y ascendentemente por el camino de la democracia, sus mandatarios Vladimir Putin y Xi Jinping concretan su autoritarismo en sus países. Putin ahora reelecto en un proceso turbio, por 4ta ocasión, y Xi, con su amplio poderío, hizo cambiar la constitución de su país para relegirse vitaliciamente al cargo presidencial. Dos potencias militares que dan ejemplo malsano de Gobierno para ser copiado por los autócratas del mundo.

Gracias a la Revolución Americana de 1776, que da surgimiento y es paradigma de la democracia moderna. Aunque la Constitución americana de 1788 concedía reelecciones en el cargo de Presidente de la República de forma indefinida, los padres patrios fueron ejemplo de civismo en no completar más de dos períodos, de motu proprio, en el Gobierno nacional. Entre ellos: los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, James Madison, James Monroe y otros hasta completar 31. El presidente 32, Franklin D. Roosevelt, con sus 12 años en el cargo; después de su muerte, la Vigesimosegunda Enmienda, 1951, delimitó a dos mandatos el período presidencial.

El “primus inter pares” manifiesto en el Estado de Derecho de la república americana, fue heredado por Suiza, república federativa, y la República de San Marino, estado soberano más antiguo del orbe. Ambos con los gobiernos más cortos en duración del mundo. En Suiza, el jefe de Estado y Gobierno es por un período de un año y no es reelegible, seleccionados de siete miembros en elecciones cada cuatro años; y en San Marino, la jefatura de Estado y la de Gobierno son elegidas para un término único de seis meses, de parlamentarios en elecciones popular cada cinco años.

En Cuba, la realidad cotidiana está divorciada de la democracia y la libertad, y la dictadura castrista ya prepara la sucesión, el 19 de abril de 2018. El statu quo es el proyecto perverso de la nomenclatura gobernante. La codicia por el poder es una enfermedad que predomina en la familia del General en Jefe. Los comandantes, sin importar su senilidad, desean el máximo cargo, por vanidad y, sobre todo, traspasárselo a sus familiares. No lejos de esos deseos están los generales y los de altos cargos en el partido comunista. Bajo ese régimen, la represión, el encarcelamiento y la muerte aumentarán en la población.

La promesa de aquellos libertadores, cinceladas en la piedra constitucional, como “Nosotros el Pueblo”. Adjunto a derechos inalienables, como la vida, la libertad y la felicidad, son la esencia misma de la humanidad; la cual el pueblo cubano tiene derecho y solo podrá alcanzar con la desobediencia civil, fundamento para la insurrección nacional. Privilegio y honor que nos compete para con valor e integridad lograr una Cuba libre.