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Laidyman | Por Edwin Ríos

Laidy Gómez, en una fiel imitación de Diosa Canales 28/10/2017 3:14 PM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

En la lengua anglo de los Estados Unidos hay una palabra de la política que se mantiene bajo llave. Es la palabra “strongman”. Esta palabra fue utilizada durante la dictadura de Manuel Antonio Noriega. Quién puede olvidar aquel tono amenazante que utilizaba Noriega mientras sacudía el machete sobre el podio. Hay que entender que la palabra “strongman”, en español o en inglés, debe venir siempre acompañada de comillas, porque verdaderamente se refiere a una gran ironía del poder.

Claro, en español también le ponemos comillas a las palabra para indicar que son extranjeras. De manera que la forma correcta es… ““strongman””, aludiendo a la comedia extranjera de un hombre “fuerte”. Pero lo más irónico es que ese hombre fue parte de una comedia de nuestra propia idiosincrasia. Para los americanos, él era un extranjero. Bueno, en ese caso sería “““strongman”””. Ya van tres comillas por cada lado.

Yo digo que esa palabra se mantiene bajo llave, porque sólo se le puede otorgar como un premio a aquellas personas reconocidas por la Academia Mundial de la Ironia Politica. Las reglas del AMÍP son claras: tiene que ser político consistente de habla hispana, machetero, y de largas comillas. Ese premio viene con un consuelo metálico de $50 mil dólares. El problema es que mientras más comillas tenga la mención, más difícil se hace repartir el premio.

A mi me parece que Laidy Gómez quiere postularse para ese premio. Bueno, ya con lo de “gobernadora” se ha ganado una comilla extraordinaria. Sí, porque ella se ha ganado el puesto de gobernadora del Táchira en las elecciones recientes de Venezuela, pero va a entrar a un puesto sin presupuesto y sin dependencias del gobierno. Ya eso, de sopetón, se lo arrebató la dictadura de Maduro, antes de asumir su cargo.

Pero, ¿dónde está su machete?

Bueno, el otro dia Laidy estaba en una conferencia de prensa explicando porqué había decidido juramentarse ante la Asamblea Nacional (“In-)Constitucional(”) de Venezuela. Ya por eso nada más le podemos dar otra comilla irónica, pero no podemos olvidar cómo fue vestida. Tenía una chaqueta con tremendas hombreras. Pero esas hombreras parecían filosas. Se levantaban de punta en las orillas. Hasta que cortaban con solo mirarlas. Yo que pensaba que las hombreras ya estaban pasadas de moda. Y por encima de eso, su chaqueta era como de un tono marrón-cloaca, muy parecido al color de uno de los uniformes del cantante panameño El General. Esas hombreras eran criminales y parecían cortar justo en el centro del corazón. Era como si Laidy buscaba enterrarle un cuchillo mohoso a todo su pueblo, para envenenar su sangre, aun después de muerto. Le damos crédito de machete por esas hombreras peligrosas, y ya vamos sumando cinco comillas muy merecidas.

Después vino la gritadera. Por Dios, una gritadera que duró más de media hora. El que grita por enojo, no piensa. La pasión del momento no te deja pensar, y gritas sin paradero. Pero los gritos de Laidy estaban bien calculados. Gritaba con el mismo ritmo vago y cansón con que habla. Y de vez en cuando se detenía para decir una sola palabra, pero la gritaba. Que bien Laidy. Te damos crédito por el tono amenazante que debe tener un macho-man político. Vas por buen camino hacia el premio mayor.

El tema central de Laidy parece haber sido la humillación y yo creia que venia acompañada de algunos secretarios de campaña. Ella buscaba un papel, y se lo arrancaba de las manos al secretario de la izquierda. Luego lo devolvía a empujones, pero se lo daba al secretario de la derecha. Ambos secretarios tenían una carga enorme de evidencias. En una, ella quiso aguantar una serie de hojas con las dos manos, junto a su cara, de manera que le dio el micrófono al secretario de la izquierda, para que se lo aguantara mientras ella seguía hablando y pulgeando las hojas para la foto. Pero después me entero que esos hombres no eran secretarios. Eran otros gobernadores que, como ella, quedaron inhabilitados moralmente, después del juramento inoportuno.

La tesis de Laidy era: “Me volvería a sacrificar y humillar por mi pueblo.” Bueno, ya en este punto se le cayó el premio por una razón muy simple. A los hombres de cojones promedios y saludables no nos gusta humillarnos. Ese es el último sentimiento que estamos dispuestos a compartir con nuestra pareja sentimental, con nuestros hijos, y mucho menos con un pueblo entero. Mejor dejamos de admitir que somos hombres, antes de admitir que fuimos humillados. Tal vez por eso hablaste tú, y no ellos. Y una cosa es que te humillen, mientras otra cosa es que uno se someta voluntariamente a la humillación. Eso no es de hombres, dignos de llamarse hombres.

Mira Laidy, de la forma más simple que te lo puedo explicar es con la idea de la “humillación” de Cristo. Jesús no podía ser humillado porque era el ser más humilde que tuvo la humanidad. Imaginate eso, un hijo de Dios que entró en Jerusalén con un burrito, y que luego cargó una cruz y una corona de sangre en su camino hacia el calvario. Ahora, esto puede ser muy controversial. Si decimos que Jesús no pudo haber sido humillado, ¿lo decimos por su condición del más humilde, o por su condición de hombre? Pudo haber sido por ambas cosas. Recuerda que Jesús fue entregado por Judas. Él no se entregó a sí mismo ante la “humillación”, y creo que con ello quiso darnos una lección muy importante.

Tú le has dado una conjetura muy negativa al término “humildad”, por decir que te humillaron. Y mientras tanto, durante tu conferencia de prensa, humillaste al pueblo que te miraba, al pueblo que te escuchaba, y al pueblo que te acompañaba. Yo espero que esos gobernadores pisa-papeles que te acompañaban en la rueda de prensa recapaciten como hombres, para que a la vez puedan ayudarte a recapacitar en la noción de cómo verdaderamente se sirve a un pueblo. Se sirve con la cruz de la humildad. El hombre que es humilde, celebra su humillación en silencio hasta el calvario. Y de momento tambien te puedo decir que te queda muy grande utilizar las palabras “sacrificar” y “humillar” en una misma oración.

Perdona Laidy, pero se te cayeron todas las comillas por falta de vergüenza.