Hoy --/--/----

Síguenos en nuestras redes sociales

Las prebendas del populismo | Por Eliécer Hernández Falcón

La caricatura cortesía del artista Weil ilustra el populismo madurista a la perfección 02/03/2018 9:48 AM

Eliécer Hernández F.

Venezolano. Especialista en Seguridad Informática. En twitter es @paraguacucho

En un país en donde la clase trabajadora no recibe ninguna plusvalía por su trabajo: salario mínimo de 3 dólares americanos al mes, siendo las industrias básicas expropiadas y aniquiladas por el Estado comunista para obligar a la importación de todo lo que se consume, resulta inquietante pensar, para cualquier ciudadano del primer mundo, como ha podido sostenerse ese mamotreto de “Estado” sin ser devorados sus gobernantes por los ciudadanos hoy carentes de todo.

Muchos creyentes atribuyen este hecho a la “brujería cubana”, asiduamente practicada por los personeros del gobierno ab initio; otros, con mentes más amobladas, saben que cada paso que ha dado la tiranía en su consolidación ha sido sometido al escrutinio de un grupo de profesionales (abogados, sociólogos, psicólogos, psiquiatras, filósofos, estadistas, periodistas, entre otros) que han tejido con precisión de relojero suizo cada una de las acciones que nos han sumido a semejante catástrofe, adoquinada con miseria y exilio. La sociedad venezolana del año 1999 no iba aguantar “de un solo golpe” todos los cambios que ha sufrido en dos décadas hasta hoy: fue un proceso lento, pero implacable.

Precios de locura

Hoy podemos observar con claridad la distorsión en el costo de ciertos artículos, desde alimentos hasta servicios, en comparación con el precio internacional y el costo de producción de éstos. El ejemplo más palpable resulta ser el precio de la gasolina (cuyo costo es de 0,01 dólar americano por litro), siendo el más bajo del planeta.

¿Por qué Venezuela no actualiza el precio de la gasolina y lo adecúa al precio internacional? El subsidio a la gasolina es una medida ultra populista que le otorga el Estado a los venezolanos para que estos la utilicen indiscriminadamente y así “se ganen la vida” a costa de lo que sea. Profesionales recién graduados en diversas especialidades han optado, desde hace muchos años hasta hoy, a ponerse detrás de un volante a trabajar como taxistas mucho antes que trabajar en su rama, pudiendo ganar como profesional del volante hasta seis veces más que un diputado. No existe incentivo, ni intelectual ni oneroso para los profesionales universitarios, quienes no han terminado su carrera cuando ya están buscando opciones para emigrar y partir junto a sus conocimientos.

Si hablamos de entretenimiento, el medio de comunicación británico BBC redacta en una publicación el costo de las entradas para el cine en diferentes países de América, siendo Cuba el más bajo con 0,1 dólares por entrada. Realidad que no es muy lejana a la venezolana que, con un costo estimado de 96.000 bolívares por entrada (0,5 dólares americano), resulta ser el segundo país más económico de la región para “ver una peliculita”. Medida populista que busca amansar a la muchedumbre. ¿Lo habrá logrado?

¿Cómo olvidar el costo de las bebidas alcohólicas? Siendo el más barato en la región. Una cerveza en Venezuela puede costar 0,30 dólares americanos en una tasca con música alternativa y buen ambiente. Costo que resulta ser ínfimo en comparación a la isla de Aruba (no muy lejana de nuestras costas), en donde una cerveza servida en una tasca puede valer 7 dólares americanos. Otra distorsión populista de precios, en donde se fomenta la producción de cerveza para abaratar costos y mantener a la población al borde de la dipsomanía.

Los más consentidos

Desde motos de baja cilindrada, carros y comida hasta armamento y municiones, además de la promesa de lucro con el delito gracias a la impunidad judicial, son las herramientas y regalías que recibe el hamponato de un régimen al que le conviene tener a toda su población productiva en el ostracismo, a oscuras en casa, muriendo de hambre, temerosa por salir a la calle y ser alcanzada por uno de estos elementos, que no perdonan las pertenencias ajenas, tampoco la vida.

No podemos llamar hampa solamente a los que asaltan a los transeúntes, sino también a los de cuello blanco que, con el recrudecimiento de la crisis institucional venezolana, se han valido de ardides para “brillar” dentro de su burbuja personalísima: abogados prevaricadores, mercaderes del Derecho; sociólogos alienados por ideologías maléficas que utilizan sus herramientas pedagógicas para “embotar” a las masas; politiqueros con postgrados en lavado de dinero y muchos más especies de una fauna que crece cada día, más por instinto de supervivencia que por ánimo de lucro.

No podían olvidarse, en este festín del delito, los militares en sus cuarteles. Había que introducirlos, también, en las mafias que se producían producto de los controles absurdos en la economía y los mandatos populistas de un supuesto presidente colombiano que viaja en aviones cubanos. Militares que, batiendo sus colas cual canes complacidos por la benevolencia del amo, comenzaron a ondear la bandera del partido de gobierno, mostrando al mundo que el cáncer había hecho metástasis: un Estado totalitarista se había conformado ante la gélida observación internacional, antes seducida por el discurso falaz y las regalías del medroso de Sabaneta.

Los que se van y los que se quedan

Cada vez somos menos quienes resistimos esta hecatombe comunista que no parece tener fin. La diáspora venezolana aumenta diariamente a cifras tan alarmantes que han obligado a países vecinos a crear un fondo mutuo de ayuda humanitaria para proveer a los venezolanos desprotegidos de un apoyo en pro de continuar su travesía por Sudamérica y el mundo. Los venezolanos que huyen no están solos. El mundo apoyará al que emigre para hacer las cosas bien: trabajar e innovar para el beneficio común, y condenará a quienes emigren y lleven consigo el pensamiento delincuente estandarizado. En Venezuela seguimos quienes, por ahora, tenemos un compromiso que nos obliga a permanecer dentro del país, quienes no pueden permitirse viajar, y quienes no pueden viajar por temor a ser encarcelados: ejemplos sobran en el régimen -y en la “oposición”- para citarlos puntualmente.