Hoy --/--/----

Síguenos en nuestras redes sociales

Las ultimas virtudes de una sociedad en decadencia | Por Eli Castellanos

Foto Vladimir Marcano 29/10/2017 9:54 AM

Eli Castellanos

Joven demócrata venezolano, natural de Cabimas, Estado Zulia. En twitter es @Elimancaste_05

Aristóteles decía que la tolerancia y la apatía son las últimas virtudes de una sociedad en decadencia. Reflexionando sobre esta frase, es imposible no pensar en lo que padece gran parte de la población venezolana pues, como lo dijo en su momento Carlos Andrés Pérez "este país vive en una inconsciencia inverosímil."

Decimos querer este país, pero no conocemos nuestra propia historia. Recordamos con nostalgia gobiernos anteriores, pero ignoramos sus grandes defectos y sus innumerables consecuencias. Ensalzamos a Bolívar hasta el nivel de un dios y nos hacemos llamar patriotas, pero ignoramos que Bolívar fue un hombre con fuertes virtudes e inolvidables defectos, y que celebrar las victorias y esconder las derrotas es una característica intrínseca del típico chovinista.

Decir que Venezuela es una república es algo completamente incorrecto. Venezuela no es una república porque no es una sociedad, y como no hay sociedad, en consecuencia no hay ciudadanos. Entonces solo hay un conjunto de ovejas que son movidas por un pastor, y ante la falta de soberanía individual, comenzamos a enajenar nuestra libertad.

He aquí la causa de todos nuestros males. Olvidamos por completo los conceptos de Estado-Nación, y en consecuencia olvidamos nuestros derechos y deberes. Ya no hay ciudadanos, hay esclavos, y entonces surgen los amos. La tolerancia y la apatía abundan entre los esclavos, y para lo único que se mueven es para recibir el pan e ir al circo. Lo peculiar de estos esclavos es que pueden dejar de serlo cuando quieran, pero el problema es que no saben que son esclavos, critican el sistema y lo aborrecen, pero son parte del sistema y no sabrían que hacer si el sistema cambia.

El esclavo cree que es amo, pero eso no lo hace menos esclavo. El esclavo tiene una concepción tan distorsionada de lo que es la libertad, que cree que esta consiste en simplemente votar, el esclavo que se cree amo implora por orden, pero le tiene miedo a él, porque el orden solo es posible con la madurez, y esta sólo es posible asumiendo responsabilidades. Muchos venezolanos piden a gritos un nuevo gobierno, pero no quieren un gobierno, porque eso conllevaría a asumir responsabilidades, lo que realmente están pidiendo es un nuevo amo, más benévolo, pero amo al fin.

Los esclavos venezolanos están entre la tolerancia y la apatía, unos se resignan diciendo que es un designio de Dios, y otros simplemente esperan a que venga un nuevo amo mientras se carcomen maldiciendo a su actual amo. Los esclavos comienzan a pelear contra otros esclavos, creyendo que tal acto cambiará en algo su situación.

¿Qué hubiera pasado si Bolívar y sus compañeros de armas se resignaban en la lucha por la libertad? Y si hubieran preferido pensar que era un designio de Dios, cuál hubiera sido nuestro destino? Como dijo ese gran orador que fue Jorge Olavarría "Es hora de dejar de hablar de ellos, y de empezar a hacer como ellos". Este nuevo tipo de esclavo no es sometido por la fuerza, por el contrario, es sometido por medio de la ignorancia, por medio del deseo, y por medio del miedo. Entonces este esclavo al enajenar su humanidad se encuentra igual que Adán y Eva después de comer la fruta prohibida, completamente desnudo.

El venezolano tiene que evolucionar, tiene que asumir responsabilidades, cumplir con los deberes para luego exigir los derechos, no votar a amos sino a servidores públicos, no exigir nuevos amos sino recobrar su humanidad, y más importante aún, cumplir la ley. Salgamos de nuestra cobardía cívica, sacudámonos del yugo de la tolerancia y la apatía.

"En tanto que un pueblo está obligado a obedecer y obedece, hace bien, tan pronto como puede sacudir el yugo, y lo sacude, obra mejor aún, pues recobrando su libertad con el mismo derecho con que le fue arrebatada, prueba que fue creado para disfrutar de ella. De lo contrario, no fue jamás digno de arrebatarla."

Jean-Jacques Rousseau