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Los Demócratas no quieren "DACA", quieren la guerra | Por Alfredo Cepero

Dick Durbin y Donald Trump, el día de su famosa reunión. 18/01/2018 10:30 AM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

Hace un par de semanas, el Presidente Donald Trump hizo algo inesperado por sus enemigos y celebrado por sus partidarios. En un gesto de transparencia nunca antes visto en el Washington de la corrupción y de la ciénaga, Trump reunió alrededor de la misma mesa a legisladores demócratas y republicanos. Acto seguido, los retó a encontrar una solución al espinoso problema de la legalización de los 800,000 inmigrantes calificados "eufemísticamente" como "dreamers". Para mayor transparencia y como forma de presionar a los participantes, invitó a los periodistas a que fueron testigos del encuentro y les dijo que echaran a rodar las cámaras. De pronto, todo el mundo se vio desnudo y empezó el "estira y encoge".

Fiel a su estilo directo, Trump les dijo que estaba dispuesto a firmar, sin poner objeciones, cualquier proyecto de ley que fuera acordado por un grupo bipartidista de congresistas. Resultó un error que Trump tendría que enmendar más tarde. Algunos demócratas aprovecharon la oportunidad para sugerir que se aprobara primero un proyecto de ley sobre 'Daca' y más adelante un proyecto sobre seguridad en las fronteras.

Los republicanos, por su parte insistieron en que ambos asuntos, "Daca" y la seguridad fronteriza, fueran tratados y solucionados al mismo tiempo. Lamentablemente, la posición del presidente no quedó establecida con suficiente claridad y cada grupo salió de la reunión pensando que había adelantado terreno en su objetivo específico.

De todas maneras, se creó una comisión de media docena de legisladores con la misión de redactar un proyecto ley que fuera aceptable al presidente. Pero, acorde con la tradición de Washington, los tres proponentes de la amnistía irrestricta, prepararon una trampa. Redactaron su mamotreto y, sin contar con los miembros conservadores de la comisión, pidieron una cita por separado con el presidente.

Dick Durbin, de Illinois, Lindsey Graham, de Carolina del Sur y Jeff Flake, de Arizona, se hicieron la ilusión de tener a Trump en el bolsillo con una proposición que ignoraba las medidas sobre seguridad en la frontera. El demócrata Durbin había ganado el apoyo de dos republicanos que detestan a Trump--Graham y Flake--para promover la posición de fronteras abiertas de su partido.

Pero, como les ocurre con frecuencia a quienes viven de ilusiones, sufrieron el desengaño de ver rechazada su ponencia cuando aparecieron por sorpresa en la Oficina Oval los senadores conservadores, Tom Cotton, de Arkansas y David Perdue, de Georgia. Siguiendo las sugerencias de Cotton y Perdue, al igual que su perspicaz instinto político, Trump rechazó de plano la propuesta de los conspiradores y ratificó las condiciones que ponía a cualquier acuerdo que incluyera una solución al problema de "Daca". Exactamente las mismas condiciones que había prometido en el curso de su campaña por la presidencia.

El presidente ratificó que, si los demócratas quieren de verdad legalizar la situación de este grupo, tienen que votar a favor de un presupuesto total, no parcial, para la construcción del muro en la frontera sur. Tienen además que respaldar la eliminación de la llamada "inmigración en cadenas" y de la "lotería de visas"; así como el establecimiento de un sistema efectivo de "verificación electrónica" por las empresas del estatus migratorio de sus empleados.

La decisión de Trump fue la única que podía tomar para cumplir sus promesas electorales y conservar el apoyo de las multitudes hasta hace poco ignoradas que lo pusieron en la Casa Blanca. De haber caído en la trampa tendida por Durbin y compañía habría cometido suicidio político. Se habría arriesgado nada menos que a entregar el control del capitolio a los demócratas en las parciales de este año y a comprar un boleto de regreso al Trump Tower en el 2020.

Mirando hacia atrás, la peor decisión de Ronald Reagan fue la amnistía otorgada en 1986 a millones de inmigrantes con la promesa de que las fronteras serían aseguradas más tarde. La amnistía se hizo realidad mientras las fronteras se hicieron más porosas y se desencadenó una avalancha de inmigrantes ilegales. Reagan actuó de buena fe pero cometió el error de confiar en una izquierda que siempre hace trampas. Pero lo que si fue un acto de ilegalidad y de cinismo fue el de Barack Obama. Después de afirmar docenas de veces que la constitución le impedía legalizar a los "dreamers", emitió un decreto concediéndoles amnistía a ellos y, potencialmente, a millones de sus familiares.

Con ello, Obama aumentaba la base política de su partido con futuros votantes que, ignorantes de los beneficios del capitalismo democrático, renuncian a la libertad a cambio de la falsa seguridad de un gobierno omnipresente y controlador. Los demócratas han admitido finalmente su estratagema. Hace unos días, el Daily Caller, obtuvo un memo secreto de John Podesta, el hombre que dirigió la campaña de Hillary, que es realmente revelador. En el mismo, Podesta afirma que si los demócratas no defienden a los 'dreamers' tienen escasas probabilidades de salir exitosos en las campañas de 2018 y las de más adelante.

Ahora bien, aunque parezca paradójico, Durbin y los demócratas lograron su cometido en esta oportunidad. Los "dreamers" no son una prioridad para unos políticos interesados únicamente en aferrarse al poder. Si lo fueran, los demócratas tomarían en cuenta la oferta de Trump a cambio de lograr su legalidad. Por eso vaticino que los "dreamers" continuarán en su limbo legal mientras los demócratas ganan argumentos en su campaña para ganarle a Trump. Carentes de argumentos para negar o contrarrestar los éxitos de la política del presidente, su único recurso sigue siendo el obstruccionismo, la intriga y la mentira.

De ahí que Durbin declarara a la prensa que el presidente había calificado de 'estercoleros' a países como Haiti, El Salvador y Somalia. Suponiendo que la declaración fuera cierta, Trump no dijo otra cosa que la verdad sobre lugares cuyos ciudadanos arriesgan hasta la vida misma para salir del infierno al que los condenan sus gobernantes y buscar oportunidades en los Estados Unidos. Su error fue decirlo ante un ideólogo sin honor que promueve su agenda de extrema izquierda divulgando conversaciones privadas con su presidente.

Para entender aún más la intensidad con la cual la izquierda promueve su agenda resulta revelador pasar revista a algunas estadísticas que ellos ignoran cuando insisten en la amnistía para los "dreamers". En el año 2015, mas de 47,000 norteamericanos murieron como consecuencia de sobredosis de drogas y 50,000 veteranos de las fuerzas armadas murieron mientras esperaban por atención medica en los hospitales de veteranos.

Hablando de las fuerzas armadas, cuando los demócratas exigen la legalización de inmigrantes como condición para votar a favor del presupuesto ponen en peligro el pago a 2,000,000 de soldados en servicio activo y en la reserva. ¡Resulta inaudito que los demócratas pongan los intereses de los extranjeros por encima de la protección a sus propios ciudadanos!

De hecho, algunos de los argumentos en defensa de los inmigrantes son negados por las estadísticas. Sus defensores afirman que muchos prestan servicios en las fuerzas armadas y que cometen menos delitos que los ciudadanos nativos ¡Totalmente falso! Según el Pentágono, sólo 900 de los 800,000, "dreamers", uno por cada mil, se han alistado en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. En cuanto a la población penal, el 22 por ciento de los reclusos en las prisiones federales de Estados Unidos son inmigrantes ilegales o individuos sujetos a procesos de deportación. Según el último censo, el porcentaje de habitantes de los Estados Unidos nacidos en el extranjero es inferior al 14 por ciento.

Todo esto demuestra que estos individuos violaron la ley y punto. Que un país sin leyes y sin fronteras no es un país sino un amasijo de gente sumida en la anarquía donde todo se vale. Sin embargo, no creo que tengamos que esperar mucho tiempo para saber las respuestas a muchas de nuestras interrogantes sobre la cuestión migratoria. Porque dentro de diez meses el pueblo norteamericano optará en las urnas entre la anarquía y el estado de derechos. Apuesto a que, como en el 2016, ha de predominar el estado de derechos.

En conclusión, estoy seguro de que todos los interesados en preservar esta nación excepcional queremos una solución pragmática a este problema. Porque nadie se beneficia con la continuación de esta polémica estéril que desvía la atención de los grandes problemas nacionales. Los que ya están dentro se quedan pero los que esta fuera se esperan. A formar filas con quienes respetan las leyes. Por su parte, los demócratas tendrán su guerra pero, con las armas que están utilizando, les vaticino que van a perderla.