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Los temas de bolsillo | Por Joaquín Ortega

Políticos de bolsillo, falsos dilemas y debates estériles. (Ilustración de @EmeJotaArt) 04/10/2017 9:32 AM

Joaquín Ortega

Joaquín Ortega (Caracas, 1969) Politólogo (UCV, 1995). Forma parte del equipo creativo y del Consejo Editorial de La Cabilla. Dirige la firma www.ortegabrothers.net y en twitter es @ortegabrothers

La economía mueve al mundo. Sin dinero no se hace nada, a menos que seas tan rico o tan famoso como para olvidar la billetera en casa y que todos te rían la gracia. Para el común de los mortales, las cosas son un poco distintas: unos miran y otros padecen.

¿Político en fila?

Los políticos al uso, hablan de transacciones diarias como si fuese costumbre para ellos soportar el corralito financiero actual. Ninguno hace cola en los cajeros -lugar perfecto para una foto de campaña, por cierto- Ninguno deja de viajar por falta de dinero para financiar la visa, ni mucho menos se queja por el valor de los boletos internacionales, y a todos les sobran viáticos aparecidos desde el sombrero de un mago para hacer largas rutas nacionales, con celebración incluida. En fin, unos discuten de fortuna y otros se la gastan…o como apuntaba Oscar Wilde: en las cenas de los artistas se habla de dinero y en las mesas de los banqueros, se habla de arte.

¿Para dónde ver?

Los temas manidos de la jerigonza política venezolana se resumen más en onda de estilo que de fondo… se valen de un genuino uso de la distracción… se dejan de lado la supervivencia diaria… se escurre el bulto de las enfermedades superables que se vuelven crónicas… para nada importa el daño ecológico irrecuperable en zonas atacas por la minería; y en especial, son expertos en mirar hacia otro lado, cuando se trata de proponer otra opción para un voto que no se respeta, porque ya ni siquiera se sabe cómo se cuenta.

¿Cómo conciliar el hecho de que ayer votar no era seguro, pero sí va a serlo hoy, sobre todo si usted vota por mí?

¿Cómo convencerse –sobre todo a sí mismo- sobre tópicos tan difíciles como llamar “dictador” al responsable de que le bajen a uno los recursos, que por ley le corresponde a su alcaldía o gobernación?

¿Cuántas fotos hay que retocar para que el observador extranjero confunda la sangre humana en el pavimento con una obra de arte pop?

Contexto de campaña

En un contexto como el de nuestras trepidantes campañas políticas, donde la memoria inmediata de las audiencias altamente politizadas es poco menos que breve, nada más útil que apelar al “yo hice tal cosa”, así no se haya realizado…o incluso, se haya estado antes abiertamente en contra de un grupo determinado de propuestas. La sobresaturación noticiosa y las capas de escándalos en olas o ráfagas sucesivas… o temáticas solapantes… hacen de la confusión la mejor amiga del contrabandista de las causas políticas. Cuando ya ni siquiera importa el cómo, mucho menos hará falta, el para qué.

Eliminar bien versus el mal

Cuando se borran las fronteras entre el bien y el mal, se eliminan parámetros de valoración mínimas en la opinión pública. Ya no importa el método para obtener riqueza sino que simplemente contará una buena redistribución del efectivo hasta las manos de quien lo necesite. La tribalización no comienza con el cuerpo guindado de un animal salvaje sin su piel, comienza con la sensibilización social de que su vida no vale nada, ni merece ser conservada en un entorno distinto al humano. Sin parámetros de gestión lo que se haga o se deje de hacer en política allana el terreno del improperio y del todo vale, siempre y cuando me moleste menos a mí marco de intereses inmediatos.

El mandato

Si no se exige algo claramente, ese algo no se puede cumplir, a esto agréguele que si no sabemos qué es lo que queremos, más cenagoso se vuelve el asunto de identificar los intereses y logros ciudadanos para la comunidad o los intereses y logros políticos grupales. La flojedad y el continuismo se hacen presentes. Los temas del que gobierna ahora, se volverán los próximos issues del que desee gobernar, porque resulta más fácil y redituable jugar a la continuidad del fracaso que desmarcarse del plan de desestructuración humana y societaria. El nuevo ocupante de la silla es una versión, medianamente fresca, del viejo ocupante de la silla.

Así las cosas, encontramos una serie de características de la política actual de bolsillo. Una política que se lleva guardada en el pantalón y que solo beneficia al nuevo político que pretende heredar los zapatos y las prebendas del político anterior. Veamos:

  1. El cambio como tema, ya no se entiende como un conjunto de puntos a reenfocar para diseñar el bien común, sino que se individualiza, se vuelve remake… solo importará una cara nueva, para el mismo papel protagónico.
  2. La competencia se desdibuja porque toda oferta es idéntica.
  3. Se desestima la explicación del detalle y se hace énfasis en el control del detalle. El ciudadano debe obedecer por hambre, enfermedad, conexión de negocios o nepotismo, pero lo importante, es que se le domestique hasta la reflexión individual.
  4. El parámetro del éxito no es medible sino que se vuelve retórico, argumental e intimidatorio: “si estoy aquí diciéndote que obedezcas… es por algo. Así que se calla”
  5. El producto político se vuelve contra el consumidor político. No solo no hay variedad, sino que se vuelve nocivo contra su propio raciocinio, acción y eventual cambio de opinión. Democracia también es cambiar de opinión.
  6. La credibilidad del político sin agenda novedosa se mueve entre la suspicacia y la supervisión, se afianza en el clientelismo y deja sin efecto la posibilidad de generar una atención involuntaria.
  7. La dinámica que se establece alrededor del candidato es más una especie de rotación de conversos que de construcción de convencidos.
  8. El elector se vuelve flexible temáticamente por necesidad, y no es el candidato quien se adapta a la necesidad real del elector. El político vende un paquete de problemas que no se conecta con las realidades de la audiencia. Por ejemplo, intentan vender en el mismo combo: una ristra de temas “pro” y “anti”, sin dejar que el elector los sopese frente a sus valores.
  9. En ese mismo orden de ideas, los políticos de temas de bolsillo no proponen interpretar posiciones, sino plantarse frente a tópicos indiscutibles. De esta manera el falso dilema paraliza al ciudadano menos prevenido al momento de elegir.
  10. Al invertir la posibilidad argumental terminan generando una sensación en la cual “criminal no es quien atraca, sino el que se deja atracar al no adaptarse a los nuevos métodos y constantes necesidades del atracador”.

En conclusión, una política de bolsillo necesita de políticos prestos a ser un facsímil de cualquiera de sus predecesores. A este tipo de política le incomoda cualquier visión novedosa dirigida a la reinvención temática o a la tonificación programática. La política de bolsillo no es sino la otra cara de pasado viejo con un traje recién comprado.