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Mi padre, es otro: el abrazo del protector y la muerte del padre real en Venezuela | Por Miguel Palau

Abrazar al protector que es agresor en la imposibilidad de la realizacion del ser venezolano es una compulsion masoquista en ausencia y demanda de una figura autoritarista. 14/03/2018 5:08 PM

Miguel Palau

Antropólogo venezolano, con experiencia corporativa en investigación de mercados y experiencia del usuario. Actualmente es tesista en el Doctorado de Antropología de la U.C.V. En twitter es @MiguelPalau

Protector: “el que defiende y va hacia adelante”.

Históricamente, la ejecución de lo político en Venezuela guarda una fuerte relación con su etnocultura. Políticos venezolanos y latinoamericanos aprovechan los vacíos en la cultura, los fallos en sus deficiencias para situarse en ellos generando una vinculación profunda de codependencia irracional parecida al del enamoramiento romántico; con la excusa del amor como forma intermedia entre el líder y el pueblo se le puede someter al otro, le es fácil ejercer la maldad cuando la misma es percibida como protección, aunque no la sea.

Lo que realmente es en su significancia etno-cultural es un el paralelismo de las relaciones estructurales entre lo familiar asociadas a la figura del “hombre-padre” venezolano, y de esta forma el gobierno mantiene a favor con los dones (subsidios) la figura que le corresponde dentro de la cultura y de ella la agresión de no permitir el desarrollo del pueblo (maldad) le es favorable y el pueblo que no tiene herramientas para elevarse en la comprensión del mundo, da cumplimiento a la problemática de la cultura venezolana.

En este sentido, podemos leer en (Hurtado,2011) el papel cultural del padre en Venezuela:

“Como proveedor, la mujer le exige al marido que trabaje y adquiera los méritos de pertenecer a la familia; como “padre de familia” y marido, si cumple, esta es toda la virtud de la “responsabilidad” moral que le demanda la etnocultura. Que se vaya con otras mujeres, no importa tanto ¿Ustedes se imaginan aquí como cayó en la organización económica de la familia aquella política de subsidios que implementó el presidente Caldera en los años 90? El subsidio se le daba directamente a la madre, orillando al “padre”. Éste no pintaba nada. Porque se suponía un irresponsable del que después se desconfiaba que le pasara el dinero completo a la madre de familia”.

Hay problemas infinitos en el vacío o la distancia existente entre la comprensión y la vivencia por parte del venezolano y no le pertenece a una ideología en particular por su raíz cultural. Comprender la cultura requiere elevación interpretativa fuera de los mecanismos regulares que poseemos naturalmente. Vivir la cultura no es comprenderla, la comprensión natural de ella es como la vivimos, pero no como dar cuenta de ella. Debemos cuestionarnos la realidad y preguntar sobre ella, impugnar a los responsables en una relación de poder en la que los ciudadanos podamos obtener resultados positivos de la gestión política. El político debe tener indicadores de gestión no basados en el afecto, y debe tener vigilancia por parte de la sociedad y sus instituciones para llevarlos a la construcción del proyecto de sociedad.

En el caso específico del socialismo venezolano, el desplazamiento de la figura “masculina” con sus imperfecciones culturales es una política de gobierno en implementación para sustituirlo y acabarle no para hacerle consciente de sus ausencias. El abrazo de protección viene por sustitución, en donde la mujer con sus afectos y sus hijos puedan generar a través de la codependencia en ausencia afectiva una relación directa con el -líder- que le acoge.

Abrazar al protector, la aceptación de la miseria.

Desde lo popular y en ocasiones a lo largo de lo social, el político venezolano es perdonable. “No se le considera directamente responsable” de la crisis que vive el país. Desde la cultura, la responsabilidad asociada a la figura del padre no está bien asentada en Venezuela, no se instauran de forma efectiva tampoco la figura de la obediencia en su presencia, pero menos en ausencia del padre, en contraposición la unidad familiar Uniparental podría causar futuramente un sobre-consentimiento exacerbado que ha conducido o podría ser causa de la aparición del radical cultural libre:

“El destino de la gente popular es la madre. Un destino que viene del pasado, del vientre y del consentimiento materno, y se dirige al futuro con un hijo lleno de mimos. El destino del hombre es y será siempre ser hijo. La historia ha hecho que el mismo hombre permanezca como un hijo aún junto a su mujer, y que ésta se convierta en madre de su marido mismo”. (Hurtado, 25).

No solo la responsabilidad por sobre la conducción del país posee un marco de ejecución referente a lo que ser “presidente” no es una tarea “fácil”, y coloco entre comillas de forma casi textual el discurso de carácter émico que recibo en mis entrevistas haciendo etnografía en diversos sectores de la ciudad de Caracas y del país.

La presidencia, el presidente no es una figura de elevada sino de permisividad, el equipo de trabajo del presidente son figuras que se anhelan por su profunda incapacidad, pero por su simbolismo de obtención del poder ejerciéndolo para dominar al otro, para obtener privilegios, mujeres y beneficios. El orden nacional-Nación, se ha desplazado por lo local-familiar convirtiendo al país en el lugar en donde el “deber” del gobierno es la distribución de los beneficios en forma igualitaria. Desde la Antropologia, este tipo de figuras las observamos en trabajos realizados por M. Harris, en estructuras sociales primarias. A diferencia del proceso semi-industrializado en la producción de alimentos por ejemplo en Venezuela durante los años pre-socialistas; la acumulación permitía la distribución de los excedentes. En este caso, la regresión de orden social hace lo contrario, es decir le permite al “cacique” decidir qué tipo de alimentos deben ser consumidos limitando las elecciones y las libertades y adicionalmente en el proceso de distribución de lo escaso, los productos deben ser llevados de forma privilegiada a los que conforman el circulo de beneficiados; el cacique en Venezuela en la forma de gobierno no tiene que hacer los sacrificios para desprenderse de esos excedentes, de hecho hace lo contrario distinguiéndose de lo popular con la figura de “jefe” tomando para sí aquellos privilegios vía emulación que les debe ser propio.

Las formas reduccionistas, en las unidades familiares que ahora sustituyen a lo social en Venezuela, toman las decisiones tanto para la subsistencia, pero en lo restante no deben darse en cumplimiento. Esto interioriza las responsabilidades para eliminar los deberes en tanto todo aquello que sea externo a las formas en donde se distribuyan los recursos indispensables no es relevante social.

“Cada quien(es) en lo suyo y cada familia debe resolver sus propios problemas”.

El sentido de la responsabilidad presidencial desde esta lógica del socialista es que se ejecute aquello que determine los dones de resolución inmediata, un reducto de aquello que es para “el hoy” porque él, quien es presidente “debe dársele chance”, “tiene una tarea difícil” y no puede “hacer todo”, un todero inutilizado en el que haga o no haga ya con estar simbólicamente ha dado cumplimiento a su figura dentro de la cultura.

Como si no fuese complejo comprenderlo, la personalidad de aquello que es el presidente no está conformada por un “hombre”; sino por un compendio de dos formas separadas que actúan de múltiples maneras, las principales son dos, una de ellas humana y a la que todo le puede ser perdonado y una mágica que se encuentra elevada de lo humano, pero que en conjunción con ella es la que protege al pueblo desfavorecido (sagrado). La existencia de lo sagrado es dar cumplimiento a la cultura en tanto ella proporciona para lo masculino el rol que debe ser cumplido:

“¿Qué significaba este entramado de conductas entre el Estado, la madre y el marido de ésta? Por motivo de ese subsidio, no le era exigido al marido proveedor un aporte económico más alto, en la medida que se encarecía la vida por parte de su mujer que era, en este caso, la madre subsidiada. Cuando ésta era preocupada y se lo exigía, el hombre respondía: “El presidente te completa lo que yo ya te doy”. Y la mujer no le discutía más porque el Estado benefactor sustituía en parte y sin problema el papel proveedor del marido”.

 

Es decir:

Lo presidencial, no es el presidente sino las conjunciones de sus figuras simbólicas en tanto den ordenamiento a lo cultural

Lo sagrado, que no es religioso sino mágico y complementa el sistema de los intercambios sociales (dar y recibir)

El destino que en lo cultural es la forma en la que se colocan bajo cohesión las igualdades

La esperanza, esperada que en lo cultural está dentro de la magia, porque el socialismo es un proceso no de orden político sino mágico que está allí y que debe ser perpetuado otorgándole al “padre” protector los atributos de aquello que es lo sagrado

Lógica del socialismo conglomerado.

Esta lógica de conglomerado, de pensamiento en la cultura también nos coloca en un entramada dificultoso. Lo económico por ejemplo al igual que el amor materno debe cumplir el rol de ser infinito; y por ende el “padre” no debe permitir que se detenga la distribución. Es válido que el padre pueda consumirse y morir en tanto continúe distribuyendo los dones en lo social que no se hayan trabajado.

La lógica del político pensando que se separa del pensamiento popular se encuentre inmersa en ella misma, le es propia, y la recolecta en el discurso de forma reduccionista en tanto se va “poco a poco” porque a ello le llama negociar, y en donde la única forma de aprendizaje es como “decía” mi madre, a “golpes”, que es la única forma en que se aprende en la vida”.

Cuando se racionaliza estas complejidades, la advertencia se hace inútil. Se vive lo político porque el político al igual que “yo”, debe ser reflejo de mí mismo, y como “yo” siendo un individuo que he tenido que hacer en la vida aprendiendo mientras hago, ninguna forma de aprendizaje es más importante que aquello que la cultura y lo natural pueda darme.

Desde la antropología venezolana, los estudios realizados por la etnopsiquiatría, específicamente con Vethencourt, Hurtado; pueden encontrar de forma paralela como estos mecanismos parecieran guardar relación con el paso durante el Edipo de la adolescencia del venezolano. No es que no se acepte la realidad en su dureza ni que se viva de forma diferencial a conveniencia, es que ella puede aceptarse porque no se merece algo mejor que lo que se proporciona en manos del otro y de sí mismo, y si lo recibo en la distribución que es el proceso de la no producción, debo ser agradecido por ser favorecido por lo “mágico” porque al menos algo nos tocó en la repartición.

Lo político, es darlo todo y darlo poco también en un infinito dar porque nunca se puede estar satisfecho, se asimila esto en la bondad, es decir ni auto-estima del pueblo venezolano por sus complejos de inferioridad ni la posibilidad de construir el futuro posible porque el futuro seguramente será peor que el presente estando en la miseria y preferir ser deseoso de ella porque la ideología no permite la rectificación.

Esta cuestión ultima es tan importante porque nos hace dudar como científicos la distorsión cultural no de la realidad, sino de la predilección del venezolano para ir a desfavor de sí mismo llegando al extremo en la aceptación de las pulsiones destructoras de la vida a través de la enfermedad como ritual de prueba para darle lealtad a lo político. La muerte es preferible frente a lo posible para los protegidos. Esto es parte del mito en Venezuela profundo, en el inconsciente venezolano no solo se perjudican las acciones de todo orden para no hacer de la sociedad sino de la cultura, la imposibilidad del futuro posible para ello sería mejor continuar la marginalización social extrema vías de la violencia, haciendo de las relaciones sociales una trasgresión-malandra del futuro en el país.

Mientras no se comprenda la cultura y sus capacidades se llenarán los cuarteles de posibles salvadores ya que la crisis es percibida como un ritual de desorden, que en contraposición debe ser recompuesto en lo social por un ritual de orden (las votaciones, sin importar los tiempos en los que se realicen). La figura del militar es solo una representación social de los problemas profundos en lo cultural y psíquico del venezolano en ausencia y exigencia de esa compulsión masoquista por ser mandado o por sí mismo ejercer la autoridad a los otros siendo autoritarista.

El Gobierno ya no requiere de los individuos para dar gobernancia a sus intereses, lo social no conoce a sus políticos en tanto ya no son capaces de otorgarles beneficios y le ha condenado a la sensación de la bastardía, sin hacer los sacrificios que les corresponden los políticos se alejan de lo popular porque lo popular así lo demanda. Y hay veces en las que comprenderlo todo en el corazón nos hace totalmente venezolanos porque lo confundimos con la pasión del ser (pulsión cultural-psíquica) y de lo que debe hacerse. Pensamos que el amor y por el amor se comprende todo por ser fuerza poderosa y porque además la cultura la expresa como la única vía posible en la resolución (amor/primario, magia/estructural de pensamiento, odio/que es la pérdida del otro en tanto deje de existir).

Nuestro proceder es al revés de lo social porque lo social no es afectivo en su totalidad, en tanto lo social requiere pasión para el compromiso, del amor nos movemos al pre-odio, del propio ser que nos lleva a la auto-destrucción, al abandono del ser responsable y de los deberes, al deseo de la muerte del contrario, y a la afectación de los mecanismos de intercambios sociales de orden primario. Es la forma cultural en cómo se construyen las relaciones sociales a través de la unidad primaria “la familia” en Venezuela, y desde donde se desprenden las subsecuentes formas posteriores: políticas, económicas, religiosas.

La sustitución de los protagonistas de la estructura primaria, se da en la cultura cuando el Estado-Gobierno, otorga recompensas a esas ausencias y busca apropiarse de ellas. Hacer su papel dentro de la instauración psíquica y cultural es una condición de la maldad propia del socialismo en Venezuela. En este sentido, señalado por (Hurtado, 85) en su libro “Elogios y Miserias de la Familia en Venezuela, lo señalaba en el año 2011 cuando ello era ya propio de la cultura venezolana:

“¿Qué significaba este entramado de conductas entre el Estado, la madre y el marido de ésta? Por motivo de ese subsidio, no le era exigido al marido proveedor un aporte económico más alto, en la medida que se encarecía la vida por parte de su mujer que era, en este caso, la madre subsidiada. Cuando ésta era preocupada y se lo exigía, el hombre respondía: “El presidente te completa lo que yo ya te doy”. Y la mujer no le discutía más porque el Estado benefactor sustituía en parte y sin problema el papel proveedor del marido”.

Para los venezolanos, la comprensión en tanto implique variables específicas: independientes, intervinientes es de total lejanía (hiperinflación), no solo es incomprensible, sino que aquellos quienes profesan la razón deben ser alejados del mundo del amor, porque ello no es compatible; sin amor nada puede ser comprendido; el amor es ideología en la cultura venezolana por ello es tan simple para lo político hacerlo compatible en lo social.

Odiamos-negamos, el otro que no toleramos no es una perdida sino la muerte de sí; el odio es la indiferencia última en Venezuela, muerte simbólica y real que no se recuerda pero que es latente. El odio implica no regresamos para resolvernos, no regresamos para no tener que lidiar con lo que se hizo, el retorno y la ida es para olvidarnos de nosotros mismos. el retorno es la vinculación con la muerte y los héroes no enterrados que tampoco queremos dejar ir. Nuestro sentido de ver el mundo en el olvido es para que nos dejen en paz y nos den lo que pensamos merecer, porque hemos cumplido todo aquello con el sufrimiento del ser para irnos a continuar en un supuesto retiro, a fin de cuenta lo primordial no es la lógica de la razón sino el amor último de la cultura que se expresa en la casa, en traer al mundo a los hijos, sin trascendencias del ser.

Referencias:

Linton, R. (1971): Cultura y Personalidad. Fondo de Cultura Económica. México

Harris, M. Jefes, cabecillas, abusones. Alianza Cien, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México

Hurtado, S. (2011). Elogios y Miserias de la Familia en Venezuela. Editorial La Espada Rota. Caracas-Venezuela

Vetherncourt J. (1974): La estructura familiar atípica y el fracaso histórico cultural en Venezuela. Revista SIC, Caracas

Apuntes de etnografía realizadas por Miguel Palau, Antrop. Doctorando en la Universidad Central de Venezuela. 2018.