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No son elecciones, son adjudicaciones | Por Daniel Lara F.

El ciudadano está claro. La dirigencia también. Solo que unos quieren salir del sistema y otros ya no pueden salirse de él. 03/09/2017 12:56 PM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

I

Suena a perogrullada pero es lo que es: En las elecciones se elige. En una elección, un ciudadano se convierte en elector, la da su voto a un candidato y acepta el resultado así no gane su candidato. Eso es una elección.

Y eso es lo que no tendremos el próximo mes de octubre, en fecha aún indeterminada por cierto, cuando se le muestre al país y al mundo unas “elecciones regionales” que no serán tales. ¿Por qué no lo serán? Sencillo:

1.- No hay un sistema electoral real, transparente y democrático

2.- Venezuela no cuenta con un marco jurídico que garantice el secreto del voto, la representación proporcional de las minorías y la participación ciudadana como candidatos o electores, sin la inicua figura de las inhabilitaciones.

3.-La automatización del sufragio es un mecanismo fraudulento, a confesión del cómplice fundamental para realizarlo (Smarmatic).

Así, se entiende entonces que el ciudadano no elige nada, por tanto no es elector. Se entiende entonces que no habrá unas elecciones, sino unas adjudicaciones: quien “gane” no lo hará por los votos, sino porque el régimen le adjudicará una gobernación por conveniencia. Sea porque conviene que determinado personaje sea gobernador para validar una “oposición” que no se opone o que pacta y es cómplice, sea porque requieren seguir entreteniendo al conglomerado opositor con la ilusión de que es posible salir de este régimen con el carnaval electoral donde la carroza la arma el propio régimen, a su medida.

II

Al régimen venezolano se le ha catalogado internacionalmente como un narco régimen. Dicha categoría, que podría incluso quedarse corta si entendemos que el castro-chavismo diversifica sus actividades criminales más allá del narcotráfico, ha sido lograda luego de llamados de diversa índole de ciudadanos venezolanos. Sea dirigentes políticos, sea periodistas de investigación, medios de comunicación independientes, etc, durante años se le dijo al mundo que las vinculaciones del régimen venezolano con el narcotráfico eran ya escandalosas. Ríos de tinta vertida en artículos, informes, libros. Documentales. Denuncias ante tribunales internacionales. Grabaciones, audio y video. Confesiones verificadas por delincuentes de distinta estofa. Juicios con sentencias firme. Dinero y bienes incautados.

Todo eso se convirtió en sentencia universal: El chavismo es narcotráfico. Sus jefes son capos. El sistema que conformaron está podrido.

Y allí, las sanciones impuestas son buena forma de medir las cosas. Porque cuando vemos que se ha sancionado por formar parte del narco-chavismo a la presidenta del CNE, la vara para medir es una sola: Si el CNE está encabezado por una señora que esta sancionada por formar parte del narcorégimen, todo lo que haga ese CNE está manchado por ese narcorégimen.

Candidato aceptado por ese CNE es un narco candidato.

Y aunque algunos se sientan mal con eso, pues hay que decirlo: votar en narco elecciones por narco candidatos convierte al votante en narco elector.

III

El ánimo en este momento, termina siendo muy parecido al de 2004 después del Revocatorio que fraudulentamente (de más está decirlo) ganó Chávez. Una ciudadanía se mostró harta de la dirigencia que juró que se ganaría y que estábamos blindados y que, incluso, se atrevió a decir en voz de Enrique Mendoza en Globovisión la noche del evento “tenemos 54% de razones para estar contentos”. Y tal fue el hartazgo, que se abandonó a su suerte a esa dirigencia que no solo dijo que ganaría y no ganó, sino que dijo que les habían robado el resultado “y mostraremos las pruebas de este gigantesco fraude”, como clamó indignado el zorro viejo Ramos Allup.

En las elecciones regionales realizadas pocas semanas después del Revocatorio, la oposición perdió 21 de 23 gobernaciones. Solo se salvó Zulia en manos de Rosales (lo que ya es mucho decir) y Nueva Esparta en manos de Morel Rodríguez. De resto, se perdieron gobernaciones de estados bastión: Miranda, Apure, Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Monagas y Yaracuy. De ocho gobernaciones opositoras, se pasó a dos, perdiéndose los importantísimos en términos electorales (y de renta) Carabobo, Miranda y Anzoátegui.

Lo que vino después fue un deslave dirigencial. Unos se fueron al chavismo, otros al exilio, otros a las catacumbas. Desaparecieron los “caciques” de la oposición de entonces. Enrique Mendoza y a la postre Alfredo Peña también. Y lo más importante: desapareció esa entelequia maldita que era la Coordinadora Democrática, crisol de desvalidos, tunantes, negociantes, damnificados, transhumantes, vivianes, rufianes y patulecos de la política. La ciudadanía ganó: se obligó el relevo, se impuso.

En tal sentido, podríamos estar transitando un camino parecido si las cosas siguen como van. No se ve entusiasmo alguno ni siquiera por las primarias. No se ve a la gente pendiente de un proceso electoral. No hay más que retruécanos e insultos a los candidatos, a los que se les acusa de vendidos y traidores en caminatas y recorridos. Las redes sociales de los candidatos terminan siendo un muro de la vergüenza donde se les insulta de las peores maneras posibles.

Podríamos estar entonces a las puertas de una gran derrota de la MUD, del electoralismo a ultranza, de los estafadores seriales que una y otra vez presentan los mismos argumentos para convencerte hoy de lo contrario que te convencieron ayer.

La ciudadanía consciente no será derrotada en esas elecciones, pues no son elecciones.

Los que terminen mostrando una gobernación como lauro, no serán “mandatarios” sino “adjudicatarios”.

Es imposible que adjudicados por un sistema fraudulento, con las normas de ese sistema fraudulento y, de paso comprometidos a cumplir esas normas impuestas por la Narcotiranía (Consejo Federal de Gobierno, CLAP, etc) pueda seguir hablándose de esos adjudicados como opositores.

Despertemos. No hay elecciones. Hay adjudicaciones, con nosotros o sin nosotros.

Yo no voy a ser un narco elector. Lo siento por quienes decidan serlo.