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Notas sobre la transición política | Por Joaquín Ortega

Ninguna transición política en la historia ha sido agradable. (Foto Jesús Inostroza, www.jesusinostroza.cl) 11/07/2017 7:24 AM

Joaquín Ortega

Joaquín Ortega (Caracas, 1969) Politólogo (UCV, 1995). Forma parte del equipo creativo y del Consejo Editorial de La Cabilla. Dirige la firma www.ortegabrothers.net y en twitter es @ortegabrothers

Los procesos de cambio político tienen una relación dinámica en las audiencias políticas. Importa tanto recibir satisfacciones reales, como creer en la posibilidad de alcanzar esas satisfacciones. En pocas palabras, es tan importante palpar, como imaginar visualmente que nuestra necesidad va a ser atendida.
En gran parte de la literatura de base empírica sobre transiciones políticas se combinan tanto la idea de cambio, como cierta percepción mensurable en los ámbitos de la modernización y de la calidad de vida. El progreso se mide en logros reales en combinatorias de áreas como la salud junto a la eficiencia, la adquisición de vivienda propia o la posibilidad de pagar una alquilada… que comprar comida no sea una peripecia… que cambiar de guardarropa no sea un lujo, sino una extensión de la autoestima…que se pueda financiar vacaciones o esparcimiento mínimo… que el chance de ahorrar no sea pura imaginación… y que la creación de un horizonte de posibilidades solo -en pareja o en familia- no sea un sueño inalcanzable. 
Crisis, instauración y consolidación
Dentro de las principales fases del cambio político en transición –entendida ésta, como   un cambio político gradual y con bajos niveles de violencia política- encontramos tres: crisis, instauración y consolidación. 
Las vías para alcanzar estas tres fases se organizan a partir de los intereses y programas estructurados por aquellas élites políticas que se encuentran dentro del poder gubernamental -o al margen de él, pero que son beneficiarias directas de la centralización-; y las cuales pueden proyectar reformas graduales o rupturas absolutas con el pasado. Igualmente existen figuras intermedias conocidas como mixtas y combinan el soft power junto al hard power.  
Del dicho al hecho
Resulta imperativo que exista un marco de reglas claras para moverse en esas aguas convulsas del cambio consensuado. Se debe contar tanto con un programa político y económico común, como con una hoja de ruta sobre las fechas y etapas para unas elecciones, los responsables de esa supervisión, los cronogramas técnicos y los presupuestos para llevarlas a cabo. 
El concepto que más se puede repetir en estos escenarios es el de la incertidumbre política; la cual se percibe como un elemento más allá de lo probabilístico. Lo probable significa que “sé lo que puede pasar” y la incertidumbre –entendida en el marco de la teoría de las complejidades, catástrofes o caología- implica que “existirán resultados o efectos imponderables, más allá de lo previsible o esperable”. 
Élites y sociedad aceptan nuevas reglas del juego
¿Nacería un escenario de supervivencia pactada? Si la idea que priva es el interés de una transformación, reacomodo o reordenamiento del sistema político deberían darse señales claras de un giro hacia la inclusión de actores que circulan externamente al poder político, permitiéndole así, la presencia, la voz y el voto a factores alternos de poder, y que conciben que el paso de un sistema autoritario a uno democrático implica una reagrupación de fuerzas electorales y un reenfoque flexible de idearios políticos.  
¿Cuáles son los factores? 
Muchos factores pueden permitirnos prever espacios para la acción, pero en especial serán los componentes internos y externos –ejemplificados, como señales en este apartado, de manera no exhaustiva- los que nos permitirían prever el margen de maniobra de los responsables de la transición política.  
Algunas señales claras serían:
1.- Apreciar cambios en la composición de las élites –enroques, reencuadres, preeminencia de actores civiles sobre actores militares, depuración de actores amparados en los ilegalismos, entre otros- modificando sus recursos comunicativos y de estilo autoritario al pactar. Se trata de reenfocar y sorprender a las audiencias nacionales e internacionales con recursos de  retórica y de negociación integradores.  
2.- Democratizar el acceso a las compras y negocios con el Estado reduciendo el papeleo burocrático y abriendo grandes salones para las licitaciones. 
3.- Utilizar, en función del cambio de percepciones a la propia –o ajena- movilización popular. 
Ésta última, del lado gubernamental se nota debilitada en su capacidad de convocatoria  y pudiera reoxigenarse integrando issues de interés común para toda la sociedad -politizada o no- 
Del lado de la oposición el desgaste entre los objetivos y la represión -y muertes sin efecto real en el cambio del sistema- parecieran irla apagando no en espíritu, pero si en replanteamiento de objetivos, sobre todo al distinguir claramente que la MUD ya no es dirigente única en la calle, y por ende, la idea de los actores de la resistencia va tomando su propio protagonismo y direccionalidad. De concretarse una imaginaria conexión de intereses de marchantes del oficialismo, junto a la sociedad civil en su conjunto, se daría un claro mensaje a la comunidad nacional -y sobre todo internacional- cesando con la idea de polarización política -hoy, a todas luces, caduca políticamente- y promovida, primariamente por los manejadores de la renta y los negocios no declarados al fisco.  
4.-  El cese del control de cambio -y la reestructuración de la economía con transparencia- con el fin de promover procesos competitivos internos son clave para ganar credibilidad, margen de maniobra y evaluar nuevas alianzas en el mediano y largo plazo.  
También se corren riesgos
Existen unos factores, entendidos como específicos, que pudieran resumirse en  la incapacidad del gobierno –entendido como potencial coalición dominante, esto es FANB más civiles alineados a estos- para adaptarse a las nuevas circunstancias, generando ineficacias para el equilibrio sistémico: 
1.- Crisis de legitimidad producto de prácticas autoritarias. 
2.- Un aumento del número de asociados civiles insatisfechos en la alianza dominante. 
3.- Discapacidad del sistema actual para confinar, restringir y delimitar -desde el punto de vista comunicacional y autoritario- la expansión del pluralismo político. 
4.- El aumento de la masa crítica de movilización social, la cual disminuiría cada vez más, las posibilidades de contención, detención, arresto y procesamiento de los manifestantes. 
5.- Generar un efecto imitación en sectores no beligerantes previamente. 
Actores clave
Los actores llamados a la sesión de ideas, con interés en encontrar un modelo transicional efectivo, serían por parte del gobierno o coalición de fuerzas en el poder: los altos mandos militares, la nomenclatura -o burocracia de las prebendas- la Intelligentsia, los asesores externos nacionales y los asesores externos, propuestos por los estados en alianzas internacionales con Venezuela. 
Hay que observar detenidamente cuáles elementos obtenidos por la intencionalidad hegemónica se desean mantener, en especial los no negociables como derechos de propiedad, la influencia dentro de sectores financieros y de aseguradoras y los medios de comunicación masivos. La coexistencia con las nuevas élites es la meta a corto plazo, ya que dependiendo de la actuación coordinada de esas nuevas voces en triada: “gobierno nacional-gobierno de transición–nuevo gobierno”, se integrará el antiguo status quo sin el creciente señalamiento critico de actores postergados -o descontentos- de las filas de cada uno de los partidos, así como de la sociedad en general. No dejemos de lado las nuevas voces y brazos: los nodos de la resistencia, sin ser visiblemente orgánicos, muestran características en proceso que la revelan como sistémica y coordinada.  
Argumentos a utilizar en las FANB
Desde argumentos persuasivos que destaquen la idea de que la coalición dominante en momentos de crisis –en este caso la FANB lleva la mayor posibilidad de actuar combinada y coordinadamente- o que sigue siendo la depositaria histórica de la protección de la soberanía o de la voluntad popular -en momentos de crisis- hasta razones más técnicas como las de la ensayada capacidad en la organización de puertos y aeropuertos, estructura de impuestos y canales y logística para la distribución alimentaria y sanitaria, superar las denuncias de apropiación, sustracción, contrabando y acaparamiento para ellos y sus familiares.  
Responsables visibles
Entre las preguntas que deben hacerse las élites uniformadas y con el monopolio legítimo de la violencia a cuestas es: ¿quiénes? Y ¿dónde? van a ser los responsables de asumir los costos de la represión  pasada,  previendo, sobre todo, cómo serán juzgados. Prever  la posibilidad de asumir con los menores costos las consecuencias legales y humanas que esto acarrea y que el derecho civil vuelva a estar por encima del derecho militar -o al menos en fueros distintos- es una materia a explorar con premura. 
El tema de asegurar el límite de los fueros, reestructurar las fuerzas y ser juzgados bajo sus similares compañeros de armas es fundamental, ya que, lo que sin duda aparece como una realidad clara, es que todo autoritarismo político sin una posibilidad efectiva de producir y redistribuir ingresos – esto es sin bonanza económica- es complejo y potencialmente aparatoso de mantener. 
Acciones
A la FANB le queda por delante resolver sabiamente la realidad ineludible de remediar la extenuación de las fuerzas sociales desde el punto de vista económico -en materia de mafias de divisas, falta de alimentos y de insumos médicos- tendiendo puentes hacia  la oposición orgánica e inorgánica, con el fin de generar alianzas para el trabajo en conjunto con políticos inclusivos, abogados constitucionalistas y líderes comunitarios. Estos puentes, de no ofrecer resultados claros y verificables a la audiencia política, acabarían haciendo que todos los actores involucrados terminen siendo desplazados por nuevas élites de poder, posiblemente formadas en los calores de estos últimos años, más allá de los paraguas partidistas tradicionales. 
Tipos de desenlace
Plena democracia: En un escenario con baja violencia política tendríamos la consecución de una democracia plena: con derechos y libertades efectivas, elecciones libres, pluralismo político real y tangible, afirmados los ciudadanos en nuevos equilibrios constitucionales e institucionales con un seguimiento a los acuerdos mensualmente publicitados y en transparencia para los ciudadanos.
Violencia política media: Un escenario de violencia política media, en donde la democracia sea limitada o con intereses mixtos de separación de fueros –militar por encima del civil- y en donde  coexistan normas autoritarias , enfocadas en la reducción del crimen y en la neutralización y pacificación de grupos ilegales vinculados a sectores considerados como deseconomías, junto a la promulgación de normas democráticas con énfasis en el fortalecimiento y reorganización de la república, desde el espíritu de la meritocrática, la eficacia y la eficiencia. 
Democracia tutelada: un escenario de protectorado o democracia protegida: la coalición autoritaria sobrevive e impone condiciones a tres -o cinco años- en donde las nuevas bases sociales y económicas del país se planteen solamente la propia supervivencia económica -desde el dirigismo de Estado-  y que dejen a las élites políticas contrarias desenvolverse en algunos ámbitos limitados. Algunas concesiones a ciertos sectores clave serían: 
1.    La apertura y transparencia del CNE, 
2.    La conformación mixta del TSJ, 
3.    La apertura de ciertos sectores económicos al libre mercado, 
4.    El cese de políticas económicas que favorezcan el diferencial cambiario, 
5.    La apertura del espectro audiovisual y radio eléctrico, 
6.    El respeto por la autonomía universitaria con su consecuente autogestión económica y educativa, entre otras. 
Transición político-institucional o transición económico-social
La transición, asimismo se puede mover entre dos ejes de interés: el mero político institucional y el económico social. En el primero nos veríamos frente al ingreso de sociedad civil y nuevos funcionarios públicos ajenos al bloque partidista gubernamental, con el interés de darle nueva legitimidad a poderes y burocracia pública. En la segunda, la economía queda en manos de élites provenientes de la coalición que abandona el poder político y la reorganización del Estado deja intactas las estructuras de ingreso a sus organizaciones corporativas asociadas. 
Si la economía no asfixiara a los ciudadanos el modelaje de una sociedad enfocada hacia la despolitización -o al menos, la despartidización o participación obediente-  pudiera ser un horizonte a explorar, de la mano de un partido único que copie el modelo chino en sus prácticas financieras y macroeconómicas.  
Algunas conclusiones 
El equilibrio entre actores y estructuras depende de la extensión de un relato de acción inclusiva y de convivencia verosímil. La oposición debe evaluar si debe seguir exigiendo movilización y participación ciega, frente a un escenario que, a todas luces, resulta un martirologio sin metas claras, para quienes ponen los muertos.  Por otro lado, la supervivencia  de los partidos políticos que han bebido del situado nacional -y de los negocios al margen que permite el gobierno al ser una oposición confiable, esto es, colaboracionista- dependerá  de la fidelidad estratégica para con sus viejos socios.  
Así las cosa, veamos algunas líneas temáticas gruesas para la agenda de quien deseara iniciar la transición desde el poder:
Sucesión
Una coalición para la transición debe encontrar la forma discursiva de apoyar a los sucesores naturales del régimen –legal, ideológico y postideológico-, pero no a los ilegales o paralegales.
Imperio de la ley, libertad y castigos
Un gobierno -ganado para la transición- debe ofrecer algo más que su palabra empeñada –la libertad de manifestantes y el castigo a sus torturadores y violadores debe ser real- ya que de su credibilidad dependerá, que el sistema naciente ofrezca las condiciones para la permanencia en el tiempo y el refrescamiento de sus valores programáticos. 
Inclusión de actores
Debe ofrecer claridad en la recomposición de las estructuras electorales, institucionales y legislativas, haciéndolas inclusivas de voces políticas organizadas distintas a la suya, de voces representativas de la sociedad civil y del cada vez más evidente grupo de la resistencia. 
Alimentación, salud, empleo. 
Un plan de transición requiere de una población alimentada y con medicinas para todos los males postergados por desidia y latentes- consecuencia de una estrategia diseñada de asedio por medio del hambre y la enfermedad- Es imperativo generar un plan de apoyo a los carbohidratos, un plan de vacunación contra enfermedades tropicales y un plan del primer empleo para apoyar a los jóvenes entre 14 y 19 años.
Realidad meritocrática y mejoramiento burocrático
Se debe sintetizar un plan de participación política que muestre la hoja de ruta de la transición política que incluya planes de mejoramiento y profesionalización, para miembros del entramado burocrático nacional y un llamado -bajo bases curriculares- para el resto de los ciudadanos con aspiraciones a un empleo como funcionario público. 
En conclusión, se debe ofrecer un plan de mejoramiento profesional de funcionarios públicos para la máxima eficiencia.
Economía y finanzas
Se debe ofrecer un plan de eficiencia económica –privatización, sinergia de capitales mixtos, salidas a la bolsa, compra y venta de acciones públicas para los ciudadanos venezolanos - 
Tolerancia y convivencia política democrática
Un pacto de respeto por las diferencias políticas enfocados en modelos pluripartidistas. 
Historia y ética
Énfasis en el rescate de la cultura cívica y en el redescubrimiento ético de la historia contemporánea venezolana alejado del adoctrinamiento y la propaganda. 
Transparencia en reinversión de impuestos
Un programa de transparencia frente a la recaudación fiscal y su reinversión en bienes y servicios públicos. 
Gobernabilidad
Un plan de estabilidad gubernamental, que combine elecciones, gobernabilidad y apoyo mutuo entre alcaldías y gobernaciones, aún siendo dirigidas por partidos distintos.
Una transición política implica madurez en las propuestas, para que los actores principales del cambio, asuman responsabilidades, costos y beneficios, frente a las consecuencias de ejercer el poder o trabajar para alcanzarlo.