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Para entender al mercado | Por Daniel Lahoud

"El mercado es siempre la mejor y única forma de encuentro que experimentamos los individuos" (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 20/01/2018 10:30 AM

Daniel Lahoud

Economista con especialidad en economía empresarial, Magíster en Historia de Venezuela, en Economía Empresarial y Doctor en Historia. Profesor en la UCAB, UCV y UCAT.

Cuando comencé a estudiar economía lo hice con la única intención de saber como funciona el mercado y de entender por qué los precios suben o bajan, porqué pasa lo que ocurre en las bolsas, e incluso por qué cambian las cotizaciones del petróleo o del dólar. Con emoción asistí a mis clases de microeconomía, y luego a las de macro, incluso a las de dinámica económica, y llegué a creer en lo que me enseñaron como si fueran dogmas de fe. Incluso cuando trabajé en la bolsa de valores de Caracas intenté aplicar cada una de las cosas que aprendí en mis clases y como la bolsa se comportaba de una manera “extraña” acepté la famosa tesis de que los mercados no eran “perfectos”. Luego mi experiencia en la banca me permitió conocer las tesorerías y en ellas peor, no lograba explicarlas por medio de mis herramientas.

Ha pasado mucha agua debajo de los puentes y hoy entiendo esto de una manera distinta. En primer lugar el mercado no es un lugar físico, ni geográfico, ni un mecanismo; no es la coincidencia de la oferta y la demanda de nada, el mercado es un proceso. Eso significa que el mercado es parte de la realidad humana, ningún animal tiene algo igual, en él la humanidad se realiza, desarrolla sus ventajas, reduce sus limitaciones y sobre todo colabora, aprende y subsiste. No importa que el ser humano compre o venda, incluso que se quede sólo observando lo que otros hacen o que ayude a los demás a hacerlo, es parte de ese proceso maravilloso que nos separa de la selva y nos lleva a la civilización. Por eso, quienes más interactúan en ese sitio son más humanos y se alejan de los instintos que mueven a los animales, llevándolos a la racionalidad que distingue al ser humano.

Sin que importe mucho el volumen de la demanda o de la oferta, el mercado es siempre la mejor y única forma de encuentro que experimentamos los individuos. Cuando vaya al mercado siéntalo, hable con el verdulero, con el carnicero o con el señor de la quincalla; verá que es un ser humano igual a usted, y que a pesar de las diferencias tienen muchas coincidencias, e incluso al hablar podrían lograr enseñarse cosas, nuevos usos de los productos, nuevos productos y sus aplicaciones, compartir experiencias y juntos llegar a descubrir que aquellos países que más practican el comercio son los más pacíficos y educados.

Reconocerá que el mercado no es perfecto, nunca, pero dentro de la imperfección humana, ninguna institución creada por el hombre puede suplirlo, y por eso sintetiza lo mejor de todos sus participantes convirtiéndose en la más perfecta de las instituciones humanas. Nadie lo creo, es una creación conjunta de todos los que participan en él, por eso es un proceso evolutivo y de aprendizaje que va cambiando con todas y cada una de las experiencias que acumulamos en él. Por eso también, cuando intenta regularse se deteriora y comienza a perjudicar a algunos individuos a favor de otros, haciendo que el mercado no aporte las bondades que desde siglos ha brindado a los habitantes de las comunidades humanas.

El mercado de la Grecia antigua fue el mejor mercado que pudieron tener los habitantes de esa civilización, de la misma manera que el mercado nuestro es el mejor que podemos tener. Insisto mucho en esto, porque he oído que algunos mercados no funcionan bien, porque su tamaño no es más grande o porque sencillamente no se comporta como queremos. Ese es precisamente el problema, los mercados sufren constantemente el ataque de quienes creen, de una manera arrogante, que no funcionan como ellos quieren, e intentan controlarlo, lo limitan y terminan produciendo escasez y carestía y al final violencia. Por eso nadie puede mejorarlo, sino sus mismos participantes en la más absoluta libertad. Son ellos los que lo hacen más funcional para la sociedad en la que viven.

Hay quien cree también que el mercado en Venezuela no funciona porque tiene componentes especulativos. A esas personas les quiero hacer entender que no existe posibilidad de un mercado que no sea especulativo, fundamentalmente por que la especulación es parte del proceso, los especuladores son todos los que participan del mercado, no unos pocos, ni tampoco unos cuantos, son TODOS. Especular significa crearse imágenes de la realidad y del futuro y eso es parte de la condición humana, todos tratamos de entender las cosas y ahí especulamos. Especular no es guardar las cosas para venderlas más tarde, a un precio mayor, tampoco es remarcar los precios de cosas que nos costaron menos.

Si alguien quiere acabar con eso que llaman especulación destruyen la esencia del mercado y hacen que las cosas se vuelvan más costosas, más escasas, y, por supuesto, hacer que germine la violencia. Es decir se desnaturaliza la esencia del mercado. Hay algo adicional, que tiene que ver con la especulación, todos se preocupan por el costo de reposición, y afirman que es uno de los culpables de que los precios estén alcanzando en Venezuela niveles record; lo cierto es que a los empresarios no les gusta perder, pero cuando hay competencia se ven obligados a olvidarse del costo de reposición y no les queda más que acomodarse a las condiciones del mercado que siempre favorecen al consumidor más que al empresario. Esa es la razón por la cual algunos empresarios no son propensos a aceptar el ambiente de libertades y prefieren algunos controles, por supuesto aquellos que les garantizan beneficios y bajos riesgos.

Ahora, qué debe hacerse en Venezuela para que funcione mejor y nos ayude a todos, lo primero es desregularlo, quitarle los controles y dejar que funcione con más libertad. Eso también significa que debe dejarse que nuevas personas entren y puedan comenzar a trabajar haciendo más sencillos los procesos de conformación de empresas. Los precios no bajan por decreto, bajan porque aparecen empresarios que aplican su creatividad y encuentran formas menos costosas de suplir las necesidades humanas y eso ocurre en un ambiente de libertad.