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¿Partidos políticos o políticos partidos? | Por Eliécer Hernández

Se doblan para no partirse. Y sin embargo se parten. (Foto Vladimir Marcano) 08/08/2017 8:00 AM

Eliécer Hernández F.

Venezolano. Especialista en Seguridad Informática. En twitter es @EliecerHF

Dados los hechos y las pruebas que circulan por las redes y la boca de los venezolanos, se hace imperativo preguntarnos sobre la validez del título de este escrito. No por nada nos encontramos en una disforia tremenda, acompañada de resignación e incertidumbre por lo que pueda pasar con Venezuela a corto y mediano plazo.

Estamos presenciando la destrucción total del país en manos de quienes juraron rescatarlo de las manos de los invasores cubanos. Hoy han quedado en evidencia, ante el mundo, que no son capaces de luchar en ningún campo contra el régimen que nos oprime, simplemente porque se niegan a tomar las riendas de la lucha por la cual fueron designados por la mayoría de los ciudadanos, a cambio de beneficios personales, modus operandi de las mafias internacionales: una mano lava a la otra, sobre los cadáveres de 114 (millares más si contamos los desaparecidos) venezolanos libertarios que salieron por última vez de sus hogares con el estómago vacío y el corazón lleno de esperanza de un mejor porvenir.

Su naturaleza clientelar no los deja anteponer el futuro de los venezolanos sobre sus intereses personales. Han preferido darle la espalda a 14 millones de venezolanos (hoy muchos más) quienes nos encontramos en una encrucijada tremenda: somos víctimas de los factores de poder, de ambos lados, quienes con peripecias y argucias, evitan contra todo pronóstico darle la anhelada libertad a la ciudadanía: libertad que resulta ser contraproducente para sus intereses de saqueo al país y a sus recursos naturales, incluyendo recursos humanos, porque todos somos esclavos de sus designios al ni siquiera poder llenar la nevera de comida trabajando arduamente.

Muchos hemos identificado plenamente a quienes nos mantienen secuestrados, de lado y lado, pero no es suficiente. La voz del pueblo debe ser al unísono, sin medias tintas o fanatismos infundados, para que el mundo comprenda la gravedad del asunto que nos aqueja y que se va desparramando por el resto de los países, contagiándolos de nuestras miserias y vicios. Venezuela es plataforma del narcotráfico hacia Europa y Norteamérica. Toda la droga que se produce el Colombia, con calidad de exportación, vuela por nuestros aires con la más asquerosa impunidad de los factores militares y políticos que reciben su cuota multimillonaria por prestar nuestro espacio para impulsar los químicos que contaminan al planeta y detienen el avance. Estados Unidos fuese un país mucho más adelantado en todos sus aspectos si la droga colombiana y boliviana no llegase a sus puertos y ciudades. Europa sería un continente ejemplar para el resto del mundo si la contaminación terrorista no hubiese llegado a sus puertas. El mundo sería distinto si pudiesen controlar ese flagelo. Muy distinto.

El hecho de dar la mano y tomarse fotos con aquellos quienes contaminan al mundo, permitieron el asesinato de venezolanos o coadyuvaron en su momento hacerlo, los convierte en cómplices directos de tal contaminación, porque, con tantas pruebas y sanciones internacionales, no pueden alegar que “no sabían” o que “hay que sumar” o que debemos “doblarnos para no partirnos”. Gran patraña que intentan vendernos con saña los “políticos partidos”, esos que no conocen de necesidades ni carencias.

¿Por qué los medios “independientes” no hablan sobre las riquezas que amasan personeros como Ramos Allup? Cuya familia es una de las más ricas de Venezuela, y que ha incrementado sus haberes en conchupancia de este régimen. Son dueños del único Data Center geodistribuido de Venezuela: una mina de oro cuando no existe competencia, ¿será por eso que les conviene el control de cambio y la involución del resto de la sociedad?

Tampoco se mencionan los millones de dolares que recibió Henrique Capriles de la empresa inmobiliaria brasileña Odebrecht por concepto de “financiación política”, algo tan ilegal y deleznable como el mismo narcotráfico, y que ha contribuido al crecimiento y expansión de su “partido político” por todos los rincones de Venezuela. Nadie se preguntaba de donde salían tantas camisas “amarillo pollito”, tantos flyers y pancartas, ni de donde sacaban el dinero para alimentar a los militantes en campaña. La respuesta siempre fue “Capriles es rico de cuna”, porque seguro que, dentro de su filantropía, gastaría millones de dolares de sus haberes para sostener un partido que no ganaría ni una junta de condominio sin financiamiento ilícito. Si Luis.

Según Wikipedia, un partido político es “una entidad de interés público que tiene como fin promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática y contribuir a la integración de la representación nacional”. Esta definición es la más acertada, puesto que no evidencia ninguna “conchupancia” o “pacto oculto” de élites para sostener el poder de forma maquiavélica sobre las vidas y destinos de millones de personas. Podríamos decir entonces que no existen partidos políticos en Venezuela actualmente, sino varias camarillas de rufianes que secuestraron los verdaderos partidos tradicionales del país para darle color a sus mafias, pasar desapercibidos ante la opinión internacional y así poder negociar con los recursos y medios que no les pertenecen. Vil robo a la nación.