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Pernilogía Ratológica | Por Edwin Ríos

Ilustración de @EmeJotaArt 02/01/2018 10:00 AM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

En Venezuela, donde todo se estudia, pero nada se resuelve, hemos llegado a un análisis profundo y detallado del pernil.¿Qué se hizo el pernil? No estamos seguro si debió haber entrado por oriente u occidente. Se habla de dos barcos que venían marcados en un ocaso de persecución. Pienso que uno de esos barcos debió ser la plataforma de relevo, a donde el pernil tuvo que ser transbordado desde el otro barco. Un contrabando de alta mar que pudo haber sido descubierto en el acto. Para salvarse, Maduro dice que los perniles no llegaron. Para exculparse, Portugal dice que nunca fueron enviados. Posiblemente los perniles están en el fondo del mar.

El estudio del pernil nos puede llevar a conclusiones fantásticas que leen como novelas de espionaje. Pero la fantasía puede estar escondiendo a una realidad. No olviden que esta semana el presidente Trump acusó, con fotografías de satélite, a China de traficar 600 toneladas de petróleo refinado a Corea del Norte en una transferencia marítima que debió ocurrir entre dos tanqueros. Uno de ellos se llama el Lighthouse Winmore, con registración de Hong Kong, que después fue detenido en una investigación llevada a cabo por Corea del Sur.

Y mientras estudiamos el pernil, no damos con su paradero, y sabemos que nunca lo haremos, pero cumplimos con las ansias de llenar un espacio, de esos espacios que tanto se aboga por no dejar abandonados; el espacio del conocimiento absoluto, que se especifica, o se justifica en algo específicamente justificado, para ser guardado en el vertedero de la mente, donde se deposita todo lo necesario pero inservible. Esa esquina de nuestro cerebro es la que infunde motivación a todo lo que podemos ser, pero no somos; a la imaginación de todos los lugares que pudimos ir, pero no fuimos; y el gusto de todos los manjares que pudimos saborear, pero no saboreamos.

Esa esquina de tu cerebro es muy importante para el desarrollo del comunismo. Claro, primero se culpa a la oligarquía, al imperio, por todas las fallas del sistema. Pero Maduro se desvive tratando. Tú lo viste una vez comiendo una empanada en la televisión, cuando mandó a hacer un cambio de cámaras. Nadie sabe lo mucho que trabaja Maduro. Él está tan ocupado que esa fue la única empanada que se comió ese día, y tuvo que hacer un cambio de cámaras porque ya no aguantaba el hambre. Pobresito. Pero yo te aseguro que culpar al imperio tiene sus límites y ese límite ya está culminando, porque esta vez Portugal tuvo que cargar el reclamo, en vez de los Estados Unidos. Se gasta el desgaste, y muy pronto serás tú, camarada comunista, quien llevarás la culpa. Se te acusará a tí por las fallas del sistema, porque no has sido capaz de cumplir con el sacrificio y martirio necesario para llevar a la revolución a su culminación. Maduro no puede llevar la culpa porque ha trabajado de sol a sol para el proyecto bolivariano de paz que ahora tú rechazas. Por qué no; él merece bailar y gozar su pernil para despedir el año, y tú no.

Para desarrollar esa esquina del cerebro monasterial que se autoinculpa, debemos llevar al pueblo hacia el borde de dos personalidades. La personalidad que es, y la que pudo haber sido. Claro, la personalidad que pudo haber sido debe ser una donde no falta trabajo, comida, y donde cada cual puede salvar al mundo. Todo es posible en ese mundo de la personalidad que pudo haber sido. ¿Y qué alimenta a esa personalidad ficticia? El conocimiento continuo que pueda seguir alimentando a ese vertedero inservible de nuestro cerebro.

Es como aquella persona que se interesa tanto por la medicina, que le fascina todo lo relacionado a ese tema; lo lee, lo busca, inclusive ha visto todas las series y películas que tienen que ver con el tema. Esa persona vive es ese mundo monasterial, tiene un conocimiento muy hábil, pero no puede darle un uso utilitario a ese conocimiento para obtener un beneficio personal. Puede ser una de esas personas que al ver una aguja de desmaya, incapaz de poner en práctica a sus conocimientos, pero que vive feliz de tenerlos por llenar a un vertedero mental relacionado a esa segunda personalidad no lograda, y que de alguna forma debe cumplir un propósito. Con el comunismo lo tiene cumplido, con el hecho de culparse a sí mismo por lo que es, a cambio de lo que pudo ser. Y eso no es culpa del sistema. Y menos cuando hay una persona como Maduro, que como busero llegó a ser presidente.

Este trauma completa el andamiaje inicial del comunismo y recae dentro del complejo de BPD. Ese BPD no significa el Beneficio del Pernil Desaparecido, como podría pensarse, sino la condición de “Borderline Personality Disorder”. Es una condición psiquiátrica reconocida que tiene los siguientes síntomas:

  • percepciones distorsionadas
  • relaciones perturbadas
  • respuestas emocionales excesivas
  • acciones impulsivas y peligrosas

Esos síntomas representan el pan de cada día que se debe vivir dentro del comunismo para que caigas preso entre dos personalidades. Pero de esos síntomas, solamente hay dos que pueden ser inducidos directamente por Maduro; el de las percepciones distorsionadas y el de las relaciones perturbadas.

Todos los días Maduro tiene un propósito fríamente calculado de salir a llenar tus oídos con ideas engañosas. Se fue la luz porque la red eléctrica fue saboteada por una rata que mordió la linea, y esa rata fue entrenada por la CIA. Y en base a esa percepción, ahora se estudia cómo la CIA ha llegado a un nivel tan sofisticado que puede entrenar a las ratas para misiones especiales que perjudiquen al bienestar público. Lo consideramos creíble por el hecho de que existen tantas mentes privilegiadas dando con ese tema, y entonces nace una nueva ciencia y le llamamos ratología. Yo creo que de alguna forma simbólica o figurada, la ratología también debería estudiar el vicio de aquello inservible en que los venezolanos gastan sus ratos.

El propósito del carnet de la patria fue el de crear un nivel alto de relaciones perturbadas. Es la idea de enemistar a una persona con sus vecinos. Como el comunismo es un movimiento populista, esto se logra creando una diferencia marcada entre los pobres. Ayer mismo escuché a un vecino que en la tienda decía: “Pagar por todo esto no me hace más pobre, pero me hace pasar más hambre.” Y el hambre entonces se convierte en la herramienta principal para demarcar a un pobre contra el otro. Entonces, hay que crear hambre, ya sea mediante una moneda devaluada, mediante la hiperinflación, o cualquier otro método que pese gravemente en el bolsillo. Mientras que, por el otro lado, el gobierno deberá ofrecer un alivio privilegiado para los que tienen el carnet de la patria, mediante bolsas del CLAP, con ofertas de juguetes y de un pernil. Y todo ese paquete lo pagaste de antemano, pero no llegó. Y en vez de preguntar por el prepago, y por el voto que depositaste en las urnas, para ver si te lo pueden devolver, preguntas por el pernil, porque comprendes que estás en un sistema que no da vuelta atrás.

Y el resultado directo son el tercer y cuarto síntoma. Primero se comienza por respuestas emocionales excesivas. Protestas, pataleas, gritas, te arrancas los pelos. Pero esa energía, todo ese odio, hay que canalizarlo, de manera que terminas exhibiendo acciones impulsivas y peligrosas. Lo importante es que esas acciones no sean dirigidas a Maduro, sino a la oposición, y es por eso que después de culpar al imperio, luego se empieza a culpar a Julio Borges por el improperio del pernil. Y como la falsa dirigencia de la falsa oposición está de cama y de mandaditos con el oficialismo, que son cobrados con cada vueltica que hacen a la República Dominicana, tienen que mantenerse firmes como elementos de “punching bags”, para cumplir con un propósito comunista, que ellos pretenden desconocer.

El problema está, que una vez se cierre la frontera, la culpa no va a ser dirigida tan solo al imperio o a los dirigentes de la oposición. En ese momento tú, como comunista desleal a la causa, serás tan culpable como todo el mundo y buscarás la forma de alejarte del país en una balsa. Te convertirás en esclavo nuevo, sin darte cuenta que siempre lo fuiste. Y seguirás trabajando para el comunismo, porque una vez te vayas del país, estarás mandando divisas para apoyar a los que no lograron la salida. Y cuando analizemos, como se dice por ahí, el “balance de la cuenta”, te darás cuenta que no fue Chávez quien pagó voluntariamente por la invasión cubana de Venezuela, sino que eres tú mismo quien termina saldando esa cuenta.

De manera que estamos en un periodo de purificación. Un periodo de lealtades probadas. Y vamos hacia una encerrona entre dos personalidades: de la Venezuela que somos, y de la Venezuela que pudimos ser. ¿Y de quién es la culpa de que culminemos viviendo entre dos personalidades? De ti mismo. ¿Por qué no? Es que si tú quitas toda la teoría comunista, la culpa aun sigue siendo tuya. La teoria dice que creíste, pero no creiste suficientemente en unos valores de convivencia que de alguna forma se pudieron haber realizado, pero que falló por tu falta de fe. Mientras que la democracia te dice que existen valores donde nunca debes poner tu fe. Y ahora sufres porque este periodo de purificación te ha expectorado del padrón de la felicidad, con la cual Maduro sigue bailando.

Yo quise escribir estas líneas para alertarte de una realidad que has vivido, pero que siempre has negado. Pero si todavía te preocupa el pernil, por lo visto todavía vives desalineado, buscando más basura para alimentar a ese vertedero monasterial y primitivo de tu pensamiento que le pertenece al comunismo.

El pernil nunca existió y el prepago que hiciste ahora se lo gozan los comunistas en el poder.