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Por qué Venezuela siempre ha estado dolarizada | Por Daniel Lahoud

Moneda de 20 dólares oro, mejor conocida en Venezuela como "Morocota" 15/03/2018 10:30 AM

Daniel Lahoud

Economista con especialidad en economía empresarial, Magíster en Historia de Venezuela, en Economía Empresarial y Doctor en Historia. Profesor en la UCAB, UCV y UCAT.

El Dólar era el viejo duro español, de una onza. Tomó su nombre del Talero (Taller o Thaler) alemán, por tanto fue la moneda del imperio, que siempre usamos los venezolanos desde que éramos parte de ese gran imperio en 1500 y que incluso la independencia no pudo quebrar, hasta entrado el siglo XX. Cuando Guzmán Blanco configuró el bolívar, hizo que la unidad monetaria fuera el bolívar de oro (que Monagas llamó morocota, que valía $20) es decir una onza de oro, que equivalía a 20 fuertes de plata (de una onza también) equivalente cada fuerte a un dólar de plata. Por tanto, Venezuela siempre estuvo dolarizada. Incluso antes que el dólar fuese la moneda de cambios internacionales.

No es extraño que los precios busquen su equivalente y por esa razón cuando el cambio era estable (durante casi toda la existencia de la provincia y 1931, y entre 1934 y 1973), nuestros precios estuvieron bastante estables, aunque mostraban ser caros con respecto al mismo producto en el exterior. Siempre las razones existen, y el motivo de eso era que los impuestos de aduana eran demasiado altos, los que, a su vez, eran elevados, porque el gobierno los requería así, para soportar su gestión financiera. Menos mal que no se les ocurrió en aquel entonces hacer crecer el tamaño del gobierno, porque si así fuera, lo hubiésemos pagado con precios más altos aún. Esa es la razón por la que parecía que el bolívar estaba sobrevaluado, lo estaba para soportar al gran depredador, ese que algunos llaman Estado y que, hay que precisar, es el gobierno.

En 1934, Venezuela rompió por primera vez esa relación y eso fue un descalabro fundamental que hasta hoy llaman Convenio Tinoco. Este es un fenómeno sobre el cual ni siquiera los economistas logran precisar qué fue, unos dicen que el bolívar se revaluó otros que se devaluó. Muestra inequívoca de que esta es una tierra de mitos.

La segunda vez que se descalabró la relación, fue en un punto que casi todos ubican en la devaluación de 1983. Pero 1983 no hubiese sido posible sin el gobierno de Caldera I y Pérez I. En esos dos gobiernos se hicieron transformaciones que dieron al traste con 400 años de estabilidad, podríamos llamar a esos gobiernos los verdaderos antiguzmancistas. Caldera fijó el cambio en Bs. 4,30/$ y todos dicen que fue una revaluación, porque el bolívar hacía algunos años estaba en Bs. 4,50/$. No voy a entrar en la disputa de nuevo con ese hecho, pero en la bolsa de Caracas el cambio en octubre de 1973 se cotizó en Bs 2,80/$ y se suspendieron las negociaciones en la bolsa y luego se colocó arbitrariamente el cambio en Bs. 4,30/$, ustedes saquen sus conclusiones.

Luego, Pérez estatizó el Banco Central y comenzó a emitir bolívares y arrojarlos desde las ventanas del nuevo edificio del banco central. Esos dos fenómenos, que hoy en el país con alzheimer todos quieren olvidar y no les cuesta nada hacerlo, ocasionaron la sangría que terminó en 1983. Pero no se detuvieron, y no lo quieren hacer, porque cuando hablan de dolarizar los enemigos de la propuesta, afirman “pero nos van a quitar la política monetaria”, y eso no es del todo cierto, lo que si es que la dolarización impide la emisión sin respaldo, que es la gran desestabilizadora de todos los sistemas y eso es lo que no quieren eliminar los antidolarizadores.

¿Por qué? Porque todos se imaginan que lo que ocurrirá, es que van a devaluar de nuevo y aciertan, porque la inestabilidad es la norma del sistema. Por eso, los empresarios intentan fijar los precios a un tipo de cambio más alto que el que impera en el mercado. Hay quien lo llama costo de sustitución. Pero es pura expectativa, y si el producto tiene mucha demanda, el empresario puede fijarlo aún más arriba, y la demanda satisface los cálculos de ese costo de sustitución. Eso no tiene fin y es la historia de Venezuela desde 1983 hasta hoy.

No existe manera de ajustar los precios, porque no obedecen a los costos, y la expectativa de devaluación no deja de presentarse, porque es lo único seguro en un sistema en el cual la devaluación es lo que el mismo gobierno necesita para financiarse.

Si usted le pregunta en la calle a alguien ¿qué crees que va a ocurrir? De seguro, le contestará que cree que van a devaluar. Eso hace que los precios busquen anticiparse buscando el tipo de cambio que todos creen que va a ocurrir en 3, 6, o 12 meses. Todos anticipan qué ocurrirá en el futuro, eso es lo que llaman especulación.

Por eso, hoy cuando el cambio se ha estabilizado por semanas en el mismo nivel, los precios se han ido disparado, haciendo que se pongan en niveles tan elevados que ni que los que tienen dólares los cambien, alcanzan a comprar nada. No faltará alguien que diga ingenuamente, es que el bolívar está sobrevaluado. ¿Lo está? Bueno uno puede estar mal de la cabeza, pero eso significa cualquier cosa desde una jaqueca hasta la esquizofrenia.

Conclusión, no hace falta dolarizar, lo que hace falta es sensatez, si usted tiene un banco central que le hace la cama al ejecutivo y lo complace en todo, es mejor dolarizar que seguir en esta pachanga. El problema de la pachanga es que los precios se dolarizan rápido, y de acuerdo a las expectativas, y los sueldos siguen por detrás, con mucha lentitud. Algún día entenderemos que luego que suben los precios, se ajustan los costos, y que casi nunca pasa al contrario, basta verlos comportarse en el mercado, y todavía hay personas que creen que los precios suben por una razón de costo. El que tenga ojos que vea.