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“Posse” | Por Edwin Ríos

¿Que tan democrático es el voto con condiciones amenazantes ante los votantes de por medio? (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 18/10/2017 5:22 PM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

Por el mero hecho de que exista un ejercicio del voto, no quiere decir que ese ejercicio sea uno encaminado hacia el bien. En el viejísimo este, yo recuerdo a un radical que había creado mucho ruido político. Ese ruido le estaba haciendo mucho daño a la religión judía. Imagínense, un hombre que decía que él era el pan de la vida. Ese hombre le decía a los judíos que dejaran los vicios del pasado, y les recordaba que el rechazo que ellos le hacían, revelaba la relación de ellos mismos con Dios: “nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió.”

Claro, ese radicalismo no podía ser bueno para la dictadura de aquellos tiempos. Lo mejor que puede desear un régimen autocrático es la tranquilidad. De manera que mandaron a buscar a Jesús, y lo presentaron ante su propio pueblo judío. Ese pueblo enardecido dirigido por fariseos que se sentían amenazados en su poder. Un poder encapsulado dentro de los templos, subyugado por los romanos, y como instrumento de ellos mismos, para mantener la tranquilidad dentro del imperio. Eran poderes simbióticos.

Bueno, ya ustedes saben el resto de la historia de ese voto, donde el pueblo pidió que soltaran a Barrabás, mientras pedían que se sacrificara a Jesús. Pero ese voto ocurrió después que “los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud”. Y el que quedó bien en todo ese ejercicio fue Poncio Pilato, quien <<viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: 'Inocente soy de la sangre de este justo'.>>

¿Cómo puede el voto ser un ejercicio sano dentro de una dictadura? Para mi es como todo lo demás. Ese voto es parte de la hegemonía de la dictadura. Es su catadura más genial y sirve como instrumento de ella misma. ¿Y para qué se utiliza ese instrumento? Para la tranquilidad y estabilidad misma de la dictadura. Pero ese voto de sacrificio, que se define con sangre, conviene; pero el de un referéndum revocatorio, que inclusive está en la constitución venezolana… ese no conviene.

Vámonos del viejísimo este al viejo oeste. Ocurre un robo en el banco y ahora el sheriff tiene que perseguir a los seis pandilleros que huyen a caballo. Pero hay un problema. El sheriff no tiene un departamento de la policía. El departamento completo consiste en el sheriff y su torpe diputado. De manera que reúnen a un “posse” (pronunciado “posi”). O sea, reúnen a veinte ciudadanos para asistir al sheriff en la búsqueda.

A los tres días sorprenden a los bandidos, durmiendo en pleno monte, y no se dispara una sola bala en la captura. Pero en el posse hay un hombre que reconoce a uno de los bandidos, porque su hija fue violada por él. Un segundo ciudadano reconoce a otro de los bandidos, porque mató a su hermano. Un tercero tiene dudas si es necesario traer a los bandidos a la justicia, porque es uno de los más ricos del pueblo, y siente como si el dinero se lo hubiesen robado directo a él.

El sheriff quiere cumplir con su deber de devolver a los implicados a la justicia, pero ahora el posse exige un voto. Quieren ver quién está de acuerdo con ajusticiarlos en el monte. Es una multitud enardecida que no va a permitir a esos bandidos regresar al pueblo. Demandan un voto, y quien se abstenga tiene problemas. Quedan marcados como enemigos del bien. Al sheriff lo callan con todo ese poder del odio y la venganza que los arropa y le hacen una oferta de “plata o plomo” y, al final, todos regresan satisfechos, pero sin los bandidos, que quedaron colgados en el monte.

Sí, todo el mundo regresa de Santo Domingo satisfecho con su propia conciencia, aunque actúen de forma extraña, y justifiquen todo lo que ocurre durante y después de haber ido al monte. Todo se hace en favor de la tranquilidad de la dictadura, y demandan que hay que hacerlo porque somos democráticos.

Verdaderamente son votos de sacrificios. Como el bateador que hace un sacrificio, tocando la bola, para que los jugadores que ya están “montados” en bases se adelanten, pero en un juego de béisbol, donde las reglas cambian constantemente. La vieja guardia de sacerdotes y ancianos de la democracia son los que quieren seguir montados en base, a cambio del sacrificio del pueblo.

¿Quién dice que los pueblos no pueden ser domesticados con la democracia?

Vote, y vaya usted a ver...