Hoy --/--/----

Síguenos en nuestras redes sociales

Ramos Allup, político de ración | Por Manuel Gerardo Zapata

Henry, enough 07/08/2017 8:48 AM

Manuel Gerardo Zapata

Manuel Gerardo Zapata es estudiante de medicina en la UCLA de Barquisimeto, estado Lara. En twitter es @ManuelGZG

La fisonomía política de Rómulo Betancourt la hizo Manuel Caballero en su “Rómulo Betancourt, político de nación”. Para el profano histórico, creo que no hay ni habrá una forma más directa de entender a ese personaje que por medio de aquel libro, claro e inteligente, como todos los que escribía mi querido paisano. Ahora habría que escribirle el libro al otro Rómulo, al Rómulo inverso, el negativo, el antimateria.

Ramos Allup, el nefasto, anula al otro Rómulo. AD, en su decadencia, eliminó aquello que hacía del partido un gran partido: su apetito de dominación, sus tremendas e irresistibles ansias de poder. El AD de hoy es un círculo de lectura, o algo menos relevante; más que el poder lo que anhela es la figuración, aparecer como fuerza virtual. Un partido devenido en congregación de viejas sifrinas no es sino una caricatura del primer AD.

El AD de hoy quiere participar en actividades que impliquen sustraer la renta del Estado, quizá como el primer AD, pero ahora tan solo con la finalidad de que su líder supremo mantenga intacta su pírrica y complaciente actividad televisiva y su ración de renta, no para ejercer de forma efectiva el poder del Estado.

Rómulo Betancourt, en palabras del propio Carrera Damas, fue el “Padre de la democracia”-aunque para Caballero llamarlo así es cretinismo político-. El anti-Rómulo, en cambio, quedó relegado a la figura del enterrador, no solo del partido, sino de los jóvenes muertos. Reapareció a hacer política sobre el camposanto cuando ya nadie lo recordaba, en aquel primer diálogo nefando, que propiciaron sin quererlo aquellos primeros muertos de 2014.

Esa aparición en el reality show de la política Venezolana, en horario estelar, diciéndole a Diosdado que “dejara la campanita”, le valió la presidencia de la AN, presidencia que ejerció de la forma más complaciente posible. Ahora, después de 4 meses sin prácticamente aparecer, se eleva sobre la pila de muertos para desvelar las verdaderas intenciones de su lucha: los jóvenes se mataron para que él lanzara a su partido a las regionales. Se mataron por las elecciones, dijo.

Todos sabemos por qué luchaban, no lo hacían buscando elecciones sino su prerrequisito para que estas fueran libres: La República.