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Santiago Guevara o el delito de ser | Por Daniel Lara F.

Santiago Guevara, preso de conciencia del régimen chavista 18/07/2017 8:53 AM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

La básica teoría del derecho penal indica, a los que ni somos abogados ni fuimos formados para lo penal, que la gente es condenada por lo que hace, no por lo que es. Eso, en un sistema penal republicano, democrático, liberal, justo.

No se va preso en teoría por ser negro, inmigrante, gay, mujer, enano, evangélico, católico. Se va preso por haber asesinado, por haber robado, por haber violado, por haber estafado. En síntesis, la condena es por la acción no por el ser.

Y he ahí la señal: si te persiguen por lo que eres y no por lo que haces, estás en un sistema totalitario.

Nada más que decir.

A Santiago Guevara se le persigue por ser disidente, por ser experto en transiciones políticas, por ser amigo y compadre de Baduel, por ser profesor universitario. Ya no hablamos solo del delito del pensamiento, sino del delito de la propia existencia.

Ya no es solo: no pienses eso, ya no es solo no pienses. Ya han llegado al no seas. Santiago es un ejemplo. Simplemente no quieren que sea lo que es y al no lograrlo lo encarcelan.

Encarcelar a un pensador es una forma de matarlo. No lo obligan a dejar de pensar, pues el pensador en su encierro pensará más. Pero lo obligan, barrote y tortura mediante, a pensar en sí y no en los demás. Lo obligan a pensar que hizo mal en ser, que hizo mal en pensar, que hizo mal en estar y expresar. Es una forma de matarlo, aunque lo dejen vivo. Lo que se busca, al encarcelarlo y torturarlo, es convertirlo en lo que ellos quieren: en nada. Que deje de ser. Que al salir, no sea. Buscan su rendición.

Santiago no es un preso cualquiera. Santiago Guevara es y sigue siendo, más allá de los barrotes y de la tortura y de la vejación de su proceso. En ese proceso, viciado y ajeno a las formas, vil como todo proceso militar, hay además un añadido: la humillación a lo civil, la imposición de la indignidad de la bota militar sobre el cuello de la civilidad.

Los militares desprecian la civilidad republicana y por eso hacen lo que están haciendo. No entienden los indignos, que el civil tenga la libertad de ser. El militar, entendido en el modelo de espanto impuesto en Venezuela, no tiene esa libertad, pues antes de ponerse el uniforme, debe dejar de ser lo que era y pasar a ser lo que se espera que sea: corrupto y corruptor, asesino, victimario, represor, perseguidor, verdugo. Ser militar en Venezuela es el no-ser civil, es el no-ser republicano, es el no-ser demócrata.

Todo lo contrario a lo que sí es Santiago.

Por eso su cárcel.

Por eso y por mucho más, estas palabras. Por eso, por lo que Santiago es, merece que nos detengamos un momento a pensar si su cárcel no es también la cárcel de todo aquel que en este país decidió usar su pensamiento antes que su fuerza. Quizás si llegamos a esa conclusión, lleguemos también al camino de la rebeldía real frente a la imposición de facto del no-ser, para abrir de una vez las celdas de los seres a los que pretenden borrar del mapa, manu militari.