Hoy --/--/----

Síguenos en nuestras redes sociales

Se abren claros sobre el cielo oscuro de Venezuela | Por Yasmín Nuñez García

La resistencia al comunismo vive en cada venezolano honesto que obtiene sus cosas con esfuerzo sin caer en el chavismo (Foto: Cristián Hernández @FortuneCris) 15/11/2017 4:34 PM

Yasmín Nuñez García

Yasmín Nuñez es abogada y Doctora en Derecho de La Universidad del Zulia. Se define como opinadora por afición y librepensadora. En Twitter es @yasmincnunez

Son tantas las tribulaciones que nos agobian, que ya no miramos al futuro con esperanza, deambulamos como zombis preocupados por la durísima situación que nos ha tocado vivir.

La estrepitosa disolución de la dirigencia opositora se percibe con mucha confusión y desesperanza. Verlos pelearse por las migajas que les lanzan desde el poder central ha sido tan bochornoso que ni siquiera sus incondicionales intelectuales han tenido el valor de salir a defenderlos o justificarlos.

Tales acontecimientos, lejos de angustiarnos, son promesas de un cambio cercano. Ya no habrá quien salga a evitar acciones en contra del chavismo, y nos conduzca por una falsa salida electoral, sin mostrar sus vínculos con el régimen chavista.

Lo acontecido en la Oposición demuestra que en ese antro de mala muerte llamado MUD había de todo: intereses oscuros, avaricia, mezquindad, demagogia barata, populismo, ignorancia, traición, etc., menos "Unidad".

Quien se asomaba como un posible líder de la reconstrucción: Leopoldo López , perdió la oportunidad de liderar ese cambio, sucumbiendo ante el chantaje de ese infame mediador del régimen, llamado José Luis Rodríguez Zapatero, a la tentación del diálogo simulado, del pacto basado en intereses particulares, del circo electoral, y arrastrado al abismo por su propia gente.

Del resto de la MUD, no quedan sino cadáveres insepultos que se niegan a aceptar su nueva condición de difuntos políticos.

A tiempo de no caer en el abismo, María Corina Machado y Antonio Ledezma, hicieron un enorme esfuerzo por salvar algo de esa maltrecha oposición, pero nada ya podían hacer para evitar ese previsible y deseado colapso opositor. Y es que sobre un tinglado de trampas, mentiras y engaños no se puede construir nada que no se caiga por su propio peso.

El venezolano promedio, acostumbrado a la flojera, a esperar que sean otros quienes hagan la parte dura, para llegar frescos a comerse las maduras, tendrá que cambiarse ese suiche, y afrontar con doblegado esfuerzo el trabajo que nos queda por delante: primero, el de expulsar a los saqueadores, y segundo, reconstruir al País desde cero.

Tendremos que aprender a no elegir líderes por lo que ofrecen, sino por lo que aportan, y en ese sentido, Venezuela crecerá de la mano de gerentes eficientes, en vez de políticos parasitarios acostumbrados a vivir bien a costa del erario público. La reconstrucción de Venezuela, la recuperación del bienestar perdido, vendrá más de la mano de gente eficiente, que de políticos botarates.

Muy pronto, ya no necesitaremos a historiadores trasnochados, periodistas alejados de sus códigos de ética, de sociólogos y dramaturgos negados a aceptar la realidad, en fin, gente que debió ayudar a abrir las mentes de los venezolanos, a expandir sus conciencias, en vez de querer cerrarlas para imponer el mantra del borreguismo: "hagan caso a lo que decimos sin cuestionarnos, que de intelecto bien dotado solo nosotros".

Si hay un momento propicio para la esperanza es precisamente éste, día a día se han ido cayendo las caretas, se van deshaciendo los discursos falsos, las salidas falsas, las historias falsas, los liderazgos falsos. Y cuando eso sucede, queda espacio para una nueva siembra, se abren oportunidades únicas para asumir nuestras responsabilidades antiguamente secuestradas por rancias dirigencias políticas.

Hoy el líder está en cada rincón del País, en cada Edificio, cuando sus copropietarios se organizan, en cada joven que se esfuerza por no caer en la vagancia o en la delincuencia, en cada trabajador honesto, en cada pan que se obtiene con extraordinario esfuerzo, en cada chofer que lucha por no ver desaparecer su fuente de trabajo, en cada ganadero, empresario, agricultor, que lucha para no perder el trabajo heredado y el propio, en cada ama de casa que hace milagros para que sus hijos tengan algo que comer. En fin, ya no podemos seguir esperando que el anhelado cambio lo hagan los demás o llegue solo. Esta vez nos toca a todos y cada uno de los venezolanos impulsar la lucha por la libertad, sin esperar una voz, una palabra que nos diga lo que tenemos que hacer o no hacer.

Llego la hora de hacer en vez de esperar. Llegó la hora de tratarnos como hermanos, como la gran familia que somos. Llegó la hora de dejar a un lado la viveza criolla, el egoísmo, y ese individualismo que nos ha conducido hasta aquí. Llegó la hora de pensar en función del bien colectivo. En fin, llegó la hora de darlo todo por Venezuela.

Insisto, esta es la oportunidad que muchos estábamos esperando, pues los enemigos del cambio ya no pueden ocultarse más. La luz de la justicia está sobre Venezuela, y hará que caigan los villanos y gobiernen los justos, eso sí, siempre que trabajemos unidos y sin cansarnos, para alcanzar ese anhelado amanecer.