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Se Compra a un Gandhi Sobre-Estudiado | Por Edwin Ríos

Mahatma Gandhi 15/12/2017 11:00 AM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

Ayer mi novia y yo vimos un carro varado en la calle. Como ella se cree que yo tengo una respuesta clara para todas las cosas, me preguntó qué hacía ese carro ahí. Yo le respondí que, por lo visto, era un desperfecto mecánico. También le dije que, como no parecía haberse accidentado, lo propio es que el chofer empujara el vehículo hasta la orilla de la calle para que no estorbara. Ella me dijo; “Para los hombre eso es fácil, pero para las mujeres es muy complicado.” Yo entonces le dije a mi amorcita hermosa que ella es tan bella, que con el mero intento de empujar un carro, aparecen diez hombres para ayudarla. Ella estaba de acuerdo. Después de todo, la cosas a veces no son tan complicadas.

Yo pienso que en los Estados Unidos se ha llegado a un punto crítico en la liberación femenina. Y si hemos de hablar de tal cosa como la “liberación femenina”, lo primero que debemos aceptar es que dentro de un ambiente de relativa libertad, pueden existir otros nichos de relativa esclavitud. Y esos nichos pueden estar controlados dentro de los espacios abiertos, hasta que un día explotan. Esa ha sido la historia de este país que tiene una constitución de libertades amplias, pero donde han existido controles económicos que han esclavizado al negro, al inmigrante, y a las mujeres; hasta que un día, elementos de esos sectores oprimidos obtienen un capital económico que les permite organizarse, competir, y liberarse de esa opresión. Eso ocurre porque existe una constitución que consigna derechos, deberes, y libertades, y todos la respetan.

Claro, el problema muchas veces no está en las palabras, sino en la interpretación. De manera, que el primer objetivo está en crear una constitución que tenga una solidez de piedra. O sea, que si existe un país de 20 millones de electores, hay que esperar que por lo menos llegue el equivalente de 12 millones de votantes, o de sus correspondientes representantes, como caballos de fuerza mínima, para mover, martillar, y triturar a esa montaña tan pesada, hasta convertirla en polvo. Eso es lo que podemos llamar una mayoría calificada de 3/5 partes. Y si esa mayoría considera que el problema no es la interpretación, sino las palabras mismas de la constitución, las que ya están en decadencia con los tiempos y con una suerte de moralidad alterna de convivencia; bueno, entonces se cambia la constitución.

Pero el problema que tiende a persistir es el de las interpretaciones; y una mayoría, cuando es calificada, también debería tener el derecho plenipotenciario para interpretar la constitución y tomar decisiones que estén en concordancia con sus ideas. Interpretaciones que han cambiado durante las épocas, en las distintas interpelaciones dentro de los tribunales supremos de justicia. Obviamente, esa minoría de hoy puede luego convertirse en una nueva mayoría calificada del mañana, que cancele todo lo que que se ha logrado en el presente.

En efecto, esa es la democracia en acción, y nos ayuda a entender porque el respeto a las minorías es tan importante. Es importante para lograr una convivencia sana, a pesar del cambio de los tiempos. Y con la práctica y los resultados, ese respeto se convierte el algo necesario, pero no obligado, para la cultura sana de un país. Bueno, para ponerlo más sencillo, el respeto a las minorías es importante por aquel concepto de que “si no te cojo en la subida, definitivamente te cojo en la bajada”. Por lo tanto, lo más crítico de la democracia es que exista una subida y una bajada que va mucho más allá del sentido figurado, y que mantenga a todo el mundo prevenido de lo que puede ocurrir en el futuro.

De alguna forma mi mente loca (que toma cambios de ruta repentinos y no anunciados, porque trata de darle un lustre simple a todas las situaciones complicadas, y que por ello se ha ganado la maldición que le pregunten todo, sin saberlo nada, pero que de ninguna forma se parece a la mente privilegiada de Alberto Franceschi, que dispara sin respirar, mientras se mete en los nudos más recónditos de la historia para buscar una causa y efecto largamente estirado, pero sólido como el concreto, armado con cabillas de la buenas, y que se justifica en las mentes de los que no olvidan; y por eso somos esclavos, porque olvidamos y le damos más causa y efecto a los eventos que ocurren a una distancia de 10 segundos en la historia, por decir mucho, pero aquellos que sí recordamos también somos esclavos al servicio de los que olvidan, porque constantemente nos hacen preguntas, cuando existe una solución fácil para todo que se llama google...); bueno, ¿por donde iba? Hah, sí, mi mente loca preguntó, ¿cuántas películas se han producido estos últimos años en Hollywood? Y para eso mi mente tuvo que rebuscar en google.

Se han hecho muchísimas películas y, sobre todo, hay una enorme fuente de series cortas que ahora se están grabando por todos lados. Esto está ocurriendo porque el modelo económico ha cambiando, donde lo que importa es que los outlets de los medios sean dueños de los programas que ellos transmiten. Es parte de la revolución del internet, donde la gente quiere establecer su propia prioridad sobre lo que consume.

De manera que es evidente que hay bastante trabajo por todos lados para los actores, como nunca se había visto antes. Y luego mi mente me recuerda que, cuando hay dinero, se libera el pensamiento. “Se libera el negro, el inmigrante, y las mujeres. En este caso, es lo que ocurre con las actrices que ahora buscan justificaciones por haber sido hostigadas sexualmente. ¿Por qué no explotó esa bomba en el momento en que se necesitaba trabajo?” Mi mente me pregunta, como si yo pudiese responderle. Aun asi le respondo: ¿no será porque en ese momento necesitaban un empleo seguro? Claro, ahora la situación económica ha cambiado y las mujeres le están cobrando a todos los monstruos de su pasado. El sistema bendice a esta reacción, y la avenencia de estabilidad económica les permite cobrar.

Pero con todo esto, todavía existen casos que podemos llamar “complicados”.

Por ejemplo, mi mente recordó que la esposa de Trump no ha sido la misma desde que salió todo ese berrinche de que él agarraba a las mujeres por donde le pareciera y por gusto. Eso ocurrió durante la campaña presidencial. Y después que Trump ganó las elecciones, al principio se dijo que Melania se iba a quedar en Nueva York, atendiendo a su hijo, mientras que Trump estuviera en la Casa Blanca.

Se supone que las leyes de divorcio en Estados Unidos parten desde el punto de vista de 50/50. O sea, que cuando dos personas se divorcian, obtienen el 50% de los bienes ganados mutuamente. Esa regla está hecha para que una persona no esclavice a la otra. Y en algunos estados la mujer puede obtener más de un 50%, si prueba que su marido le ha jugado sucio. Hah, pero el derecho a establecer contratos no puede estar subyugado por leyes que rigen al matrimonio, y existen acuerdo prenupciales, que se establecen antes del casamiento, y donde las partes pueden limitar la repartición de lo bienes en el momento en que ocurra un divorcio. Eso es lo que existe entre el presidente Donald Trump y su esposa Melania, y de alguna forma demuestra como la limitación económica puede ser un percance muy importante para obtener la liberación del ser humano.

Uno se pregunta entonces, a pesar de todas las circunstancias, si Melania puede considerarse como una mujer libre y lograda. Ella ha cambiado mucho desde las elecciones, y la seriedad de ahora no es la misma que lucen las modelos de pasarela. De hecho, se me hace difícil quitarle la vista a ella cuando los dos están juntos, mientras analizo la honestidad de su seriedad.

Otro ejemplo es el de Hillary Clinton, quien está obstinada con la idea de ser presidente de la nación. Pero ella sigue con Bill, a pesar de que en la superficie pareciera que ambos viven en dos mundos distintos. Por lo menos Melania tiene a su niño y a una actitud que se puede confundir como seriedad de pasarela, para tratar de enmascarar las cosas, pero en el caso de Hillary no hay máscara posible. A Hillary no le interesa el 50%, ni el 80%, ni el 100% del poder económico de la familia. Primero le interesaba llegar a la Casa Blanca, para sentirse lograda, antes de estar liberada.

Yo estoy seguro que en estas pasadas elecciones presidenciales de los Estados Unidos, muchas personas tienen que haberse preguntado a quién querían tener en la Casa Blanca: a un hostigador, o a una esclava. Escogieron al hostigador, pero es curioso como en la bajada mucha gente ha extendido la mano para cobrar. Y se cobra de distintas formas, aunque sea ayudando a los enemigos del hostigador. Y eso es algo con lo cual el presidente tiene que vivir todos los días. El sistema bendice a ese comportamiento, y las fuerzas económicas salen al traste corrigiendo libertades merecidas por un pueblo. Y mientras eso ocurre, lo complicado se convierte en algo muy simple.

El problema con Venezuela es que todas estas complicaciones, inexorablemente sencillas y fáciles de entender, no existen. Lo que existen son sencilleces inexorablemente complicadas, que sólo los doctores de la política pueden negociar para llegar a entender.

Lo primero que uno se pregunta en cuanto a la política de Venezuela es, cómo rayos funciona el proceso de liberar a los pobres. Yo supongo que eso fue lo que intentó Chávez con su constitución del 1999. Cabe entonces preguntar si es necesario para un grupo tener poder económico antes de lograr su libertad. Si eso es necesario y tú enriqueces a los pobres, entonces ¿quién queda pobre después? ¿Son los pobres del gobierno distintos a los demás pobres de la nación? ¿Por qué deben serlo?

En este caso parece que el carruaje ha quedado frente de los caballos en una dicotomía incomprensible donde se ha pretendido eliminar a toda la pobreza con los huevos de oro de la gallina del petróleo. Entonces, como falló el plan maestro, a los chavistas lo que les queda es quejarse de una guerra económica. O sea, los pobres, para liberarse de su condición esclavizada, necesitaban dinero para competir contra los ricos y para llegar a liberarse de ellos mismos; pero los ricos le han robado a los pobres la fuente que Chávez les dejó para lograr ese cumplido.

Bueno, yo creo en la buena voluntad del mercado basado en la oferta y la demanda, pero vamos a suponer por un segundo que esa guerra económica sí existe.

Dime una cosa, ¿los blancos un día se despertaron a las buenas y se impusieron la agenda personal de hacer a los negros ricos, para que ellos se pudieran liberar ante los blancos? En este país de Estados Unidos, que precisamente ha sido formado por inmigrantes; ¿tú crees que al llegar a la frontera, el gobierno le da un millón de dólares a cada inmigrante para que pueda competir en plena libertad con los ciudadanos ya establecidos en el sistema? ¿Tú crees, además, que en ese país las mujeres en verdad no van a estar liberadas hasta que una mujer llegue a la Casa Blanca y tenga a su haber el control de las cuentas bancarias más grandes del país y del mundo? Por lo visto, el mar rojo no se partió con Obama, ni se abrió con Chávez, y mucho menos va a ocurrir con Maduro.

Podemos decir, por lo menos, que en los Estados Unidos los cambios sí ocurren, pero mediante una evolución muy lenta. Y todo esto ha ocurrido con una constitución que ha existido por 230 años. ¿Qué ocurre cuando se apresura la evolución del sistema? Las mayorías pisan a las minorías políticas, y esa misma falta de respeto da comienzo a un ping-pong político que retarda más al progreso de las libertades.

En cambio, la constitución venezolana de 1811, y todas sus variantes de 1830, 1864, 1936, 1947, 1961 y 1999, no pueden ser consideradas como una cordillera de libertades plenas que han culminado con la evolución beneplácita del comunismo. Más bien, la carta magna se ha convertido en una paja en el aire para una minoría del 20%, que con las armas apuntadas al 80%, es la que se autocalifica de plenipotenciaria.

La mecánica de cobrar subiendo y bajando ya no existe. Solamente existe la mecánica de cobrar bajando, y cuando se cobra bajando, no es ni siquiera para igualar la condición de todos los pobres. Y como esta extraordinaria dirigencia de la oposición no pudo cobrar subiendo, despues de diciembre del 2015, cuando obtuvo una mayoría calificada en la Asamblea Nacional, quieren venir cobrando en la bajada; y deben estar cobrando muy sabroso, porque una proporción de 20/80 es muy peligrosa para el oficialismo.

De manera que ahora esperan que el pueblo se acostumbre a vivir de plazo a plazo. Y con ello hay que cumplir con tareas asignadas, como las de suavizar a la esclaviaudencia con la idea de que el no votar es un pecado. De que los espacios nunca deben abandonarse. De que si no podemos con los votos, ¿entonces tú qué propones? Y cuando no aparece una respuesta, en medio de un silencio que habla por sí mismo, porque lo único que queda por proponer es lo innombrable en los medios públicos, entonces se crea la figura intelectual de que las cosas son muy complicadas, y que son ellos, los genios de la oposición, quienes están únicamente calificados para desenvainar el rollo. La solución práctica que ocurre entonces es la de ir a la República Dominicana para cobrar por una desenvoltura intelectual que protege al régimen; y después del enrosque, que sobreviva quien pueda.

De eso se trata los acuerdos entre políticos que se fijan para los viernes, antes del cierre del ciclo de noticias que curre en el rabo de la semana, después de plazos seguidos y atrasados, para cumplir demandas de tareas impuestas a la dirigencia de la falsa oposición, mientras que el pueblo sufre hambre; logrando acuerdos en países extranjeros, con transacciones bancarias que podrían ser intocables, aun después de la caída del régimen; acuerdos que ocurren en cercanía a una navidad mal lograda para el resto de la ciudadanía, y donde se espera que esa ciudadanía se mantenga calmada.

¿Cómo puede esto ser tan complicado?

Bueno, si lo quieres de otra forma, te lo pongo más sencillo…

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