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Solicitud de ayuda sin destinatario alguno | Por Orlando Fuenmayor

Sin la ayuda exterior, la sangría y el éxodo no se detendrán (Foto: EFE) 21/01/2018 4:00 PM

Orlando Fuenmayor

Ingeniero Mecánico. Refugiado Político en Colombia. Activista político por más de 10 años. Articulista crítico y reflexivo de prensa digital e impresa en el Estado Zulia. En Twitter es @orlandojosefs

Si protestas o haces una marcha te matan, si vas a elecciones te roban el voto. Estas son las dos premisas que tiene en mente el venezolano, que al verse en una encrucijada el huir es su única opción ante la hambruna desatada a nivel nacional por el debacle económico del bolívar que de manera inducida el gobierno ha propiciado para ejercer un control en la sociedad.

Jodidamente duele ver en redes imágenes de saqueos, desnutrición y muertes por falta de medicamentos… quedando relegada la inseguridad (que está más desatada que nunca), pero no ocupa hoy en día la primera preocupación del venezolano. Aunado a esto la situación personal que recurrentemente amigos y familiares te contactan para ver como los puedes ayudar para que se vayan del país.

¿Ante ese callejón sin salida cuales son las opciones que nos quedan? Porque llorar en silencio y en los rincones por todo lo que nos pasa, no resuelve nada. O vivir las navidades como sinónimo de alegría y júbilo era nuestra costumbre y estas últimas fueron como un gran velorio donde todos fuimos invitados, cuando vimos el cadáver… desgarradamente ahí en un frio ataúd, era nuestro país hecho pedazos.

Hablar por hablar seria redundar en más de lo mismo. Que si el gobierno es malo o la oposición es complaciente y que el pueblo es sumiso. Ya de eso todos tenemos una maestría en tratar de analizar que nos pasó, pero pocos nos ponemos de acuerdo en buscar soluciones efectivas para salir de este problemón que heredamos de las malas prácticas en las prácticas del periodo que inicio con la caída de Pérez Jiménez.

Por primera vez debo decir que nunca nos hemos podido poner de acuerdo en algo, ni al mismo Bolívar le paraban bolas. Toca abrir dos huecos más al cinturón porque viene hambre pareja (lamentablemente) y será ese el recurso de presión que la dictadura no puede contener (habiéndola generado) y con una presión internacional necesaria para asfixiar económicamente al tirano. Se trata de apartar el corazón un ratico de todo esto y apelar a la cabeza; aunque esta nos duela a veces de tanto pensar o por no comer adecuadamente.

Seria optimista pensar en que Ricardo Hausmann en su artículo “El día D” recientemente publicado tenga razón, ¿pero quien soy yo para decir que no pueda ser viable? Si este es un gran economista, docente universitario y hasta escritor. Más que pedir una intervención militar (que no caería mal) yo quiero apelar a la solidaridad de los pueblos. Si yo estudie con hijos de inmigrantes Italianos, Portugueses, Españoles, Colombianos, Argentinos, Chinos, Árabes. Hasta jugué béisbol con un hijo de Chilenos que llegaron a Venezuela huyendo de la dictadura de Pinochet.

¡Solos no podemos! hacer lo mismo seria darnos otra vez con la misma piedra que en los últimos 19 años ha rodado sin parar. No solo les pido que nos acojan en sus países, sino que hagan algo por nosotros. Los venezolanos les sabremos agradecer eternamente.