Hoy --/--/----

Síguenos en nuestras redes sociales

Tres veces cantó el gallo | Por Edwin Ríos

05/02/2018 10:53 AM

Edwin Rios

Puertorriqueño dedicado a la causa de la libertad. Participó por nueve años en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Egresado de la Universidad del Estado de Nueva York y de la Universidad de Phoenix.

La palabra “wilderness” no tiene una traducción directa al idioma español. Se puede traducir como naturaleza, bosque, jungla, o desierto. Si juzgamos por partes, la palabra contiene, en primer lugar, la palabra “wild”, que significa: aquello que vive y crece en un ambiente natural, deslindado de la domesticación y cultivación.

Después la palabra está expandida por las fracciones -er y -ness. El primer morfema implica algo de tamaño mayor. Por ejemplo, si a la palabra “great” se expande a “greater”, estamos hablando de algo bueno que se ha convertido en algo mejor. La segunda fracción que tiene la palabra, el de “-ness”, es uno que le da permanencia de estado al concepto.

Por ejemplo, cuando preguntan las condiciones en que uno vive, uno puede decir “great”, por aquello de indicar que las condiciones son generalmente buenas. Y uno entonces puede usar la palabra “greater” o “better”, para indicar que las condiciones pueden ser aun mejores si esto o aquello ocurre. Pero, cuando tú dices que vives en una condición de “greatness”, estas dando a entender que todo lo que te rodea existe en un estado, más o menos permanente, de buenas condiciones. Es equivalente a decir en español, que uno vive en la grandeza; no por lo grande, sino por lo bueno de la vida.

La palabra “wilderness” se opone a toda la grandeza de las condiciones de vida que podemos soñar. Es un estado grande y permanente donde operan las leyes naturales. La palabra también puede ser definida como una “tierra salvaje”, a pesar de que la naturaleza opera con sus propias reglas. Pero el hombre tiene algo dentro del meollo de sus huesos que se llama moral, y esa moral lo ha llevado a vivir en un ambiente donde las reglas de la naturaleza han sido complementadas por un acuerdo de eficiencia. La meta dentro de la naturaleza, o dentro de la leyes del hombre, es la misma: sobrevivir. Pero con las leyes hemos encontrado una forma más eficiente de hacerlo. Sobrevivimos en grupos, donde delegamos al estado la responsabilidad de cuidar por nuestra seguridad, mientras que nosotros asumimos la responsabilidad de producir.

Si en Venezuela el estado no cuida por la seguridad de sus ciudadanos, y si los ciudadanos han perdido el potencial para producir, contribuyendo a la inseguridad alimenticia del estado, gracias a sus gobernantes; hay que preguntar entonces si en Venezuela estamos, en efecto, viviendo dentro de un “wilderness”.

Yo creo que sí. Y bajo esas condiciones hay que preguntar si uno está dispuesto a aceptar las reglas de la naturaleza, rechazando entonces a las leyes del estado. Bueno, si llegamos al convenio de leyes por un arreglo profundamente eficiente y moral, es evidente que estamos dando un paso hacia atrás por el rechazo de esa misma moral, hacia una condición extremadamente ineficiente. De manera que el intercambio no es solamente el de aceptar a la naturaleza en pleno, sino que el intercambio de fondo es el de aceptar el mal sobre el bien. En ese intercambio no puede haber ambigüedades: o estás con las fuerzas del bien, o estás con las fuerzas del mal.

El evangelio según San Mateo nos narra la historia de las tentaciones de Jesús. En inglés esta historia se conoce por el título: “Jesus is Tested in the Wilderness.” Mientras que en español el relato es conocido por: “Jesús es Tentado en el Desierto.” Me parece que la traducción en inglés es ideal. Aunque es obvio que en los lugares áridos sobreabunda la naturaleza desértica, y a pesar de que en inglés existe una traducción directa para la palabra “desierto”, creo que se aplica la palabra “wilderness” por su contenido simbólico. Un simbolismo que resulta difícil de aplicar en el castellano.

Yo pienso en este relato de Jesús cada vez que escucho del supuesto diálogo en la República Dominicana. Jesús fue desde un ambiente civilizado al desierto para ser tentado. En La Española ha ocurrido todo lo contrario. Existe una aparente privacidad entre los sujetos y sus tentadores, pero el ambiente del diálogo, por lo visto, se ajusta al orden de las leyes del hombre, aunque la decisión que se discute es la misma. ¿Aceptas a la naturaleza sobre las leyes? ¿Estás con las fuerzas del bien o estás con las fuerzas del mal? No hay ambigüedades.

El relato bíblico nos muestra lo que parece ser tres tentaciones. Primero Jesús fue retado a convertir a la piedra en pan. Luego fue retado a tirarse hacia un vacío, con la confianza de que los ángeles lo salvarían en la caída. Luego fue tentado a recibir todos los reinos del mundo, a cambio de postrarse ante el demonio. De manera que las tres tentaciones, en mi opinión, parecen más bien ser dos retos y una tentación.

Me pregunto en qué momento fue que se produjo el beso de Borges y Delcy, en el punto de los retos, o en el punto de la tentación. Es interesante como el rechazo de grandes retos puede terminar produciendo una tentación gigante. Una tentación como la de recibir los reinos del mundo; que es un estado, más o menos permanente, de “grandeza” como nadie se lo puede imaginar. Ni siquiera nuestros sueños llegan a ese nivel, y por lo visto Judas Iscariote no negoció bien sus cartas cuando por unas monedas de plata traicionó con un beso a Jesús.

Lo cierto es que tenemos que reconocer cuando estamos en una encrucijada entre el bien y el mal, y este es uno de esos momentos. Recuerden que no fue hasta después que Jesús negó la tentación de los reinos del mundo cuando el diablo se alejó, y entonces los “ángeles vinieron y le servían”. No existen términos medios.

Siguiendo el tema de la moral merecida, debo decir que soy fanático de la serie de las películas del Planeta de los Simios. En una de las secuelas se discute el tema de que un simio no mata a otro simio. De manera que los simios se consideraban moralmente más elocuentes que los humanos. Pero en esa película, uno de los simios se aprovechó de esa regla. Ese simio era uno de los líderes y retaba al orden establecido, haciendo el mal, e inclusive hizo un intento de matar al simio mayor. Claro, cuando llegó el momento de justicia, el simio maléfico reclamó la ley de la naturaleza “simio no mata a simio,” pensando que una vez más se iba a escapar con sus maldades (como lo hizo Chávez); pero en ese momento el simio mayor, el que estaba en el lado correcto de la ley, le dijo: “Tú no ser simio.”

Considero que Maduro es hoy ese mismo simio maléfico y estoy seguro que, en el momento de la verdad, va a querer aferrarse a la ley, aunque haya fallado en rendirle ese mismo beneficio a los ciudadanos de la nación. Puede existir las leyes del hombre, o las leyes de la naturaleza, pero el hecho es que deben ser aplicadas con el mismo derecho y el mismo deber entre todos. Yo diria que las leyes de la naturaleza son las que definen nuestros derechos humanos, y el respeto por la vida está en primer orden. Un respeto que debe ser protegido por las leyes del hombre.

Yo estoy claro también de que un día, tal vez no muy lejano, Maduro va a tener las manos en alto. En ese momento él va a tener tres opciones; retar, tentar, o reclamar que simio no mata a simio. Si se va por el orden de la ley natural, entonces yo le recomendaría que no espere hasta ese momento para mostrar su acta de nacimiento. Esto es debido a que, por el efecto de la negación, sus enemigos pueden considerarlo como un colombiano. Claro, no hay nada malo o incorrecto con ser colombiano pero, en ese caso, él no puede tener los mismos derechos que los venezolanos, sino que debería ser tratado como un enemigo combatiente extranjero, que ha actuado fuera de la ley, y fuera de uniforme. Eso es algo que lo pone más a riesgo bajo la Convención de Ginebra, y los demócratas sí creemos en las leyes.

Juzgue usted, señor Maduro.