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Un pueblo armado nunca sufrirá tiranos | Por Alfredo M. Cepero

Frente a una tiranía asesina que monopoliza las armas ¿Será opción armarse para defenderse? (Foto: Cristian Hernández @FortuneCris) 25/07/2017 2:25 PM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

El primero de octubre  de 2015, un loco penetró en el Umpqua Community College en la ciudad de Roseburg, estado de Oregón, desatando una orgía de sangre en la que mató a tiros a una docena de estudiantes indefensos. El centro educativo había sido declarado con anterioridad por su Junta de Gobierno como "zona libre de armas". Por lo tanto, el asesino se despachó a su gusto a sabiendas de que nadie lo confrontaría con la misma fuerza mortífera con la que él se proponía dar muerte a sus víctimas. Los educadores del Umpqua Community College, al igual que el 90 por ciento de sus colegas en el resto del país, padecen del síndrome incurable de una izquierda fanática empeñada en despersonalizar al ciudadano y convertirlo en siervo del estado. Un ciudadano armado es un obstáculo al dominio absoluto de un estado "todopoderoso". Mientras más fuerte el ciudadano más débil el estado y viceversa. Por eso, el desarme del ciudadano es una de los principales objetivos de los proponentes del estado omnipotente.

De ahí que, ni tardo ni perezoso, el izquierdista en jefe del momento, convocara una festinada conferencia de prensa en que, más que lamentar la masacre, se dio a la tarea de promover su agenda de prohibición de armas. Mis lectores no me tienen que creer ni sus defensores pueden negarlo. El mismo Barack Obama lo confirmó con absoluta claridad cuando dijo: "Y, desde luego, como cuestión de rutina, muchos dirán que Obama ha politizado el asunto. Muy bien, esto es algo que tenemos que politizar. Es algo de importancia para nuestro modo de vida en comunidad y para nuestro organismos políticos". Más claro ni el agua, ni más indignante tampoco.

Las víctimas todavía yacían esparcidas en el lugar de la tragedia y el primer mandatario de su país para el momento, injuriaba su memoria utilizándolas para sus fines políticos. De los fanáticos se puede esperar cualquier bajeza pero este hombre se debió haber conducido en concordancia con la dignidad requerida a un Presidente de los Estados Unidos. Pero eso sería pedir demasiado a un Obama que se abochorna del país que lo distinguió con tan alto honor, que viola su constitución, que abandona a sus amigos y que hace causa común con los enemigos que se proponen destruir a este país.

Para su crédito, los ciudadanos de Roseburg se condujeron a la altura del insulto. Reaccionaron con la dignidad y la firmeza de los hombres celosos de su libertad y defensores de su derecho a portar armas. Recibieron al presidente como muy pocos se han atrevido a hacerlo. Sin temor a ser atacados de racistas, le dijeron "estamos unidos", "¿puedes escucharnos? regresa a tu casa", "no te metas con mis armas". Obama se escondió de sus críticos bajo la protección de las armas del Servicio Secreto. La misma protección que disfrutan sus hijas y a la que tienen derecho los estudiantes más humildes de los planteles educativos de los Estados Unidos. Eso se lograría con guardias armados y debidamente acreditados en los centros educativos de este país. Pero eso sería anatema para una izquierda de la cual Obama es apasionado militante.

Una izquierda que cierra los ojos a la realidad cuando no conviene a su agenda ideológica. Según el Chicago Tribune, en 2015, se produjeron 2,384 víctimas de armas de fuego en la ciudad de Chicago, la misma donde Obama inició su vida política. Las estadísticas superaron las 2,587 víctimas de 2014. Lo más trágico es que los agresores y sus víctimas son ciudadanos pobres y de raza negra, los mismos que los demócratas dicen defender para llevarlos a las urnas como corderos en días de elecciones. Esta carnicería jamás habría sido tolerada en los barrios de los ricos que financiaron las campañas electorales de Barack Obama y de sus apandillados de la izquierda política.

La realidad, por otro lado, es que el gobierno no puede proteger al ciudadano a todas horas y en todas partes. El ciudadano es, por lo tanto, la primera línea de defensa de sus propiedades y de su integridad personal. Sobre todo, en estos tiempos en que los policías actúan con cautela en respuesta a las diatribas de una izquierda que los acusa de brutalidad en su trato con las minorías.

Como en muchos otros temas, los Padres Fundadores de la nación americana fueron unos visionarios. Por eso dieron vida a la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, en su parte conocida como Carta de Derechos, aprobada el 15 de diciembre de 1791. En síntesis, esta enmienda da el derecho a portar armas a todos los ciudadanos sin antecedentes penales y respetuosos de las leyes. En su texto original dijeron: "Siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar Armas, no será infringido". Se me antoja que éste es uno de los factores por los cuales en los Estados Unidos no ha habido un tirano ni se ha producido un solo golpe de estado en casi 240 años.

Como sabemos, ese no fue el caso de la Alemania de Hitler, la Cuba de Castro ni la Venezuela de Chávez. En un extenso libro sobre el Tercer Reich, el abogado y erudito Stephen Halbrook realizó un profundo estudio sobre el uso de las leyes de control de armas por el régimen de Hitler para neutralizar a sus opositores políticos, principalmente a los judíos alemanes. Según el abogado, esas leyes facilitaron el holocausto. En uno de los pasajes, el autor cita a Hitler diciendo: "Nuestro mayor error sería permitir la posesión de armas por individuos de razas inferiores". En su libro, publicado en 2013, Halbrook agrega que, de haber estado mejor armadas, las víctimas pudieron haber resistido con éxito la represión nazi.

Aquellos "senior citizens" que lean este trabajo deben recordar el monopolio de las armas por el régimen de Castro desde sus inicios, comenzando por las disputa entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio 13 de Marzo por el control del Palacio Presidencial. En los primeros días de aquel turbulento y fatídico enero de 1959, el entonces comandante Rolando Cubelas tomo posesión del Palacio a nombre del Directorio. Con su habitual demagogia, el tirano se fue a la televisión y le pidió al Directorio que depusiera las armas y entregara el Palacio. Un pueblo hechizado e ignorante convirtió en lema una frase del tirano: "¿Armas para qué? Las "armas para qué" fueron el preámbulo de "elecciones para qué" y de esta tiranía de más de medio siglo.

Desde luego que el precoz admirador de Hitler se refería a las armas en manos de sus adversarios. Él se armó hasta los dientes y se dedicó a comprar armas en Francia y en Bélgica que utilizó en invasiones contra Panamá, Republica Dominicana, Venezuela, Nicaragua y otros países hispanoamericanos. Después recibiría de regalo millares de toneladas de armas de Moscú en las guerras que llevaría a Cabo en África y el Oriente Medio como condotiero de la Unión Soviética.

Por su parte, como copia al carbón del régimen de Castro, el chavismo aplica la fórmula diseñada y aplicada con éxito por más de medio siglo por la tiranía cubana. Ramiro Valdés y Diosdado Cabello son los matarifes de las dos mafias que monopolizan el derecho absoluto de posesión de armas. Como durante años el pueblo cubano, el pueblo venezolano, desarmado y hambreado, es objeto ahora de cárcel, palizas y plomo.

Ese es el destino frente al que se rebelan americanos como los que en Roseburg, Oregón, le dijeron al amigo y protector de los Castro "no te metas con mis armas". Esa es la fórmula de la libertad triunfante que, como dije hace algún tiempo en uno de mis poemas, "no teme a tiranos ni se deja encarcelar la palabra".